domingo, 13 de marzo de 2016

Desde el Evangelio

EL PERDÓN COMIENZO DE UNA VIDA NUEVA


Leemos en este quinto domingo de cuaresma el evangelio del encuentro de Jesús con la mujer adúltera. Conocemos la escena y quienes la acusaron, como el desafío que les hace Jesús: “El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra” (Jn. 8, 7). Luego que todos se retiraron Jesús se dirige a la mujer denunciada, y le dice: “Yo tampoco te condeno, vete, no peques más en adelante” (Jn. 8 11). Aquí recocemos, nuevamente, la misión de Jesús que no ha venido a este mundo para condenarlo sino para salvarlo (cfr. Jn. 3. 16-17). Jesús no niega el pecado, lo perdona y nos abre el camino a una vida nueva. ¡Cuánta importancia adquiere esta palabra y actitud del Señor, como expresión del amor del Padre y de su misión en el mundo, en este Año Santo de la Misericordia!

Contemplamos en Jesucristo la obra de Dios que nos llena de gozo y confianza. Nos sabemos hijos amados por Dios y sentimos la necesidad de acercarnos a él para recibir su gesto de perdón. Este movimiento de un corazón arrepentido que busca el camino de una vida nueva, vive a la espera de un signo que le permita reconocer la gracia de este encuentro con el que se nos manifiesta el perdón de Dios. Esta realidad forma parte de esa historia de gracia y salvación que Jesucristo continúa realizando entre nosotros. Él no es un maestro del pasado sino alguien que hoy sigue actuando. Aquí encontramos el desafío de una fe plena en él y en su obra. Aquí debemos hablar de la Iglesia, que es el gran sacramento de su presencia. Él funda la Iglesia sobre los apóstoles presididos por Pedro, hoy Francisco, para dejarnos en ella su Palabra y los Sacramentos. No es posible creer en Jesucristo y no creer en su obra que es la Iglesia, animada por su Espíritu. San Cipriano decía: “Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por madre”. La fe en Cristo debe incluir la fe en la misión de la Iglesia.

Los sacramentos no son algo mágico, son un encuentro de fe con Jesucristo. La confesión, el sacramento de la reconciliación, supone un acto de arrepentimiento y un acercarse al sacramento con una actitud de dolor y con una disposición de cambio en la vida. La gracia del sacramento que nos comunica el perdón, que es el comienzo de una vida nueva, actúa sobre un corazón abierto y disponible. Por ello es importante la predicación de la Palabra de Dios que nos pone en contacto con esta historia de la salvación. Aquel encuentro de la mujer adúltera con Jesucristo, como la de todo pecador, hoy es posible a través de la gracia del sacramento de la reconciliación. Qué importante es escuchar la reflexión que Francisco nos hace a los sacerdotes: “Cada uno de nosotros, dice, ha recibido el don del Espíritu Santo para el perdón de los pecados, de esto somos responsables. Ninguno de nosotros es dueño del Sacramento, sino fiel servidor del perdón de Dios” (MV. 17). Cuaresma es un tiempo para este encuentro.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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