domingo, 10 de abril de 2016

Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de la Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz.




Este tercer domingo de Pascua celebramos en Santa Fe la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, nuestra Patrona. Es una larga historia de fe en Dios, de seguimiento a Jesucristo y de devoción a Nuestra Madre la que anima nuestro caminar a su Santuario.

No podemos separar a María del designio del amor de Dios en la que Ella fue elegida para ser la madre de su Hijo. Es esta referencia a Dios y a Jesucristo su verdad que la Iglesia ha recibido y la conserva con amor y devoción. Su misión de ser la madre de Jesucristo se prolonga en nosotros, como le dijo el Señor al discípulo al pie de la cruz: “mujer aquí tienes a tu hijo” (Jn. 19, 26). En María Santísima reconocemos la cercanía de Dios. Esta conciencia ha definido su lugar y devoción en la Iglesia desde el tiempo de los apóstoles, con quienes ella fue testigo de su nacimiento. La presencia de María siempre nos abre el camino al encuentro con Jesucristo y a la Iglesia. Cristo, María y la Iglesia tienen en el plan de Dios su fuente que la vivimos con la confianza de hijos.
En el Año Santo de la Misericordia el lema que nos convoca es: "Madre, ayúdanos a ser misericordiosos como el Padre". Francisco nos dice de ella: “Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con el Hijo de Dios” (MV. 24). Su Magnificat, su canto de alabanza, nos habla de la misericordia de Dios que se extiende de “generación en generación” (Lc. 1, 50), y concluye diciéndonos: “También nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María”. La misericordia debería ser la identidad y el ideal de todo cristiano, porque en ella se manifiesta: “Jesucristo (que) es el rostro de la misericordia del Padre” (MV. 1). Esto venimos a pedirle a María, que nos ayude a ser misericordiosos como el Padre, para vivir nuestra fe y ser testigos ante nuestros hermanos. ¿Cuál es el camino? Ella nos señalaría a su Hijo y nos diría con la mirada tierna de una madre: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn. 2, 5). El encuentro con María siempre es camino hacia Jesucristo. Así lo hemos visto a lo largo de la historia, especialmente en Guadalupe.

Quiero recordar las palabras que Francisco le dirigiera en su reciente visita a México: “Al venir a este Santuario, decía, nos puede pasar lo mismo que le pasó a Juan Diego. . . Por eso creo que hoy nos va a servir un poco de silencio. Mirarla a ella. . . Y en silencio, y en este estar mirándola, escuchar una vez más que nos vuelve a decir: ¿Qué hay hijo mío el más pequeño?, ¿Qué entristece tu corazón?, ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? Ella nos dice que tiene el honor de ser nuestra madre. Eso nos da la certeza de que las lágrimas de los que sufren no son estériles. Son una oración silenciosa que sube hasta el cielo. . . En ella y con ella, Dios se hace hermano y compañero de camino, carga con nosotros las cruces para no quedar aplastados por nuestros dolores” (Homilía en Guadalupe, México). Acerquémonos a María con la confianza de un hijo que ella espera, para darnos en su Hijo el evangelio de la verdad y la vida, del amor y la alegría, de la misericordia y la paz.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz



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