domingo, 8 de mayo de 2016

Solemnidad de la Ascensión del Señor.


Mons. José María Arancedo.

     Este domingo de la Ascensión del Señor celebramos la vuelta de Jesús al Padre, luego de haber cumplido en la Pascua la misión para la cual había sido enviado.
En esta Fiesta descubrimos el sentido pleno de la vida del hombre como ser espiritual, no somos algo más en la naturaleza sino alguien que tiene un destino personal y trascendente. Cuando Jesús se va despidiendo de los discípulos les dice: “Yo voy a prepararles un lugar”, y cuando le manifiestan que ellos no saben adónde él va y cómo van a conocer el camino, Jesús les responde: “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida. Nadie va la Padre, sino por mí" (Jn. 14, 2-5). La fe cristiana no es una trascendencia que nos libera de este mundo, sino un camino que se inicia en este mundo y que tiene en Jesucristo su principio y su modelo. Jesucristo es hoy y lo será siempre el camino de la verdad plena del hombre.
     En este sentido podemos hablar de la Ascensión como la fiesta de la esperanza cristiana. Desde la Ascensión del Señor no caminamos sin conocer el futuro de nuestras vidas, el hacia dónde vamos, lo seguimos a Jesucristo, en él hemos encontrado el camino que ilumina y da sentido a nuestro caminar. No somos peregrinos de una utopía sino de una esperanza real que se apoya en su palabra y su vida. Esto no nos exime de las dificultades e incertidumbres propias de nuestra condición de peregrinos, pero sabemos hacia dónde vamos y con quien caminamos. La fe es un don y es un desafío que nos compromete en lo concreto de este mundo. La obra de Jesucristo adquiere para el cristiano la responsabilidad de una misión que debe vivir y cumplir. Seguirlo a él tiene sus consecuencias de gozo, pero también de cruz. Es cierto, contamos con la certeza de su presencia, como les dijo a sus discípulos el día de la Ascensión cuando los envía a misionar: “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20).
     En este día la Iglesia celebra el día de las Comunicaciones Sociales. Francisco nos habla en su mensaje de: Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo. Me permito transcribir parte del texto: “La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos. Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital. Por tanto, que las palabras y las acciones sean apropiadas para ayudarnos a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y llevan a expresarse con mensajes de odios, y concluye: En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad”. Esta es la invitación que les hace Francisco a los comunicadores, descubrir el poder de la misericordia para sanar relaciones dañadas y llevar paz y armonía, en sus palabras.


     Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.


Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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