domingo, 29 de mayo de 2016

Solemnidad del Corpus Christi

En la última Cena Jesús quiso dejarnos como testamento vivo de su presencia el sacramento de la eucaristía.
Así lo recibió la Iglesia y así lo sigue celebrando, como nos lo ha trasmitido san Pablo: “Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he trasmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía” (1 Cor. 11, 23-25). Hoy nos convoca este don de la Eucaristía que es “fuente y culmen de la vida cristiana”; ella es el pan del peregrino que fortalece nuestra fe, sostiene la esperanza y anima la caridad. En la celebración del Corpus Christi queremos agradecer y testimoniar públicamente esta presencia de Cristo con nosotros.


En el Año Santo de la Misericordia esta celebración adquiere un relieve particular. “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre” (MV. 1), esta verdad no es algo solo para proclamar, sino el llamado y el comienzo de una vida nueva. Cuando san Lucas nos propone un estilo superior de vida cristiano nos dice: “Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordiosos” (Lc. 6, 36). ¿Cómo vivir esta realidad que nos parece superior a nuestras posibilidades? Uno está tentado a pensar que la propuesta del evangelio nos supera. Sin embargo, Jesucristo nos predica un camino nuevo, que es real y posible, no es una utopía. ¿Cuál es el secreto de este camino? La respuesta es la presencia viva de Cristo en nosotros. Esto nos lo dice el mismo Señor cuando nos habla de nuestra relación con él: “El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer” (Jn. 15, 5). La Eucaristía, la comunión, es el mayor grado de su presencia y la fuente de su misericordia.


Este año, además, celebramos como Iglesia en Argentina el XI Congreso Eucarístico Nacional en Tucumán, y en el marco del Bicentenario de nuestra Patria. Este acontecimiento está llamado a renovar el camino de nuestra fe. Ella nos compromete con nuestra Patria y le debemos dar lo mejor que tenemos, a Jesucristo. Para ello, los invito a rezar la oración de preparación en este camino hacia Tucumán, ella nos puede ayudar a vivir este tiempo y a reafirmar nuestra fe: “Jesucristo, Señor de la historia te necesitamos. Tú eres el Pan de Vida para nuestro pueblo peregrino. Conscientes de tu presencia real en el Santísimo Sacramento te alabamos y adoramos, te celebramos y proclamamos, te recibimos y compartimos. En el bicentenario de la independencia de nuestra Patria agradecemos tu presencia constante en nuestra historia, pedimos tu gracia para forjar el presente guiados por tu Evangelio. Ponemos en tus manos nuestro futuro con esperanza y compromiso”. ¡Que sepamos hacer realidad en nuestras vidas, Señor, lo que pedimos en esta bella oración!

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

No hay comentarios: