miércoles, 1 de junio de 2016

El camino que muchos protestantes siguieron a la Iglesia católica… leyendo la Biblia.


Importantes personalidades de todas las denominaciones se han convertido tras una investigación bíblica rigurosa y coherente.
por Javier Ordovás
En las últimas décadas un buen número de pastores protestantes de diferentes denominaciones se ha convertido al catolicismo. Son testimonios impactantes: Scott Hann, Paul Thigpen, Marcus Grodi, Steve Wood, Bop Sungenis, Julie Swenson, Dave Amstrong, David B. Currie, Tom Howard, Peter Kreeft, Douglas Bogart, Jeff Cavins, Joetta y Larry Lewis, Valenzuela, Turquete, Ukf Ekman y Birgitta.
Cada uno de ellos ha tenido su propio proceso de conversión pero, todos ellos se sienten agradecidos a Dios por “su regreso al hogar” y, de distintas maneras, continúan sus caminos como verdaderos apologetas del cristianismo.
Por ejemplo, Grodi, participaba en un programa para el canal Eternal Word Television, llamado The Journey Home. Cada semana, Grodi entrevista a personas convertidas al catolicismo, y a lo largo de los años, el programa Journey Home se ha vuelto uno de los programas más populares de EWTN.
Él y su equipo en The Coming Home Network están en continuo contacto con un creciente número de clérigos protestantes, para ayudarles en el difícil y, muchas veces, doloroso proceso de conversión.
La ejemplar y admirable investigación bíblica, profunda y coherente que ellos describen, es la que tratamos de resumir aquí.
¿Cuál es la Iglesia verdadera?, ¿La Biblia antes que la Iglesia?
Para los protestantes la Biblia es el “único” fundamento de fe, doctrina y conducta. Niegan, por tanto, la autoridad de la Iglesia.
Pablo responde claramente a este problema e 1 Tim 3, 15: “…para que así sepas como hay que comportarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad”.
Por tanto el fundamento de la verdad no es la Biblia, sino Jesucristo continuado por su Iglesia. “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6)
Sin embargo, para ellos, como solo la Biblia tiene autoridad, solo en la Biblia pueden encontrar la Iglesia verdadera: todos inician su conversión con una rigurosa búsqueda en las Sagradas Escrituras.
En este análisis se enfrentan con la primera cuestión: ¿en cuál de las pretendidas iglesias se encuentra la plenitud de la gracia y del conocimiento divino?: (cf. Mt 28, 19-20; Jn 20, 30; Ga 1, 9; Ef 1, 22; 2, 21; 1 Ts 2, 7; 2 Ts 2, 15; 1 Ti 3, 15; y 1 Jn 2, 19; 4, 6).
Además, la división entre los cristianos no sólo es contrario a lo dispuesto por Jesús, sino que también es causa de incredulidad para muchos (Jn 17, 21.23).
Cuando analizan el fondo eclesial de la Biblia y del cristianismo primitivo, comienzan a ver la Iglesia Católica como la verdadera Iglesia de Jesucristo.
Ésta es la Iglesia que descubren en la Biblia:
Una Iglesia apostólica: Jn 15, 16; 20, 21; Lc 22, 29-30; Mt 16, 18; Jn 10, 16; Lc 22, 32 ;Jn 21, 17; Ef 4, 11; 1 Ti 3, 1.8; 5, 17,
Con autoridad: Mt 28, 18-20; Jn 20, 23; Lc 10, 16; Mt 28, 20
Perpetua: Is 9, 6-7; Dan 2, 44; 7, 14; Lc 1, 32-33; Mt 7, 24; 13, 24-30; 16, 18; Jn 14, 16; Mt 28, 19-20
Infalible: Jn 16, 13; 14, 26; 1 Ti 3, 15; 1 Jn 2, 27; Hch 15, 28; Mt 16, 19.
Con unidad completa (espiritual y visible) de esa Iglesia: Jn 10, 16; 17, 17-23; Ef 4, 3-6 [cf 3, 21; 4, 14]; Rm 16, 17; 1 Co 1, 10; Flp 2, 2; Rm 12, 5; Col 3, 15.
Confirmada por el testimonio de los Padres de la Iglesia: en los primeros siglos de la era cristiana: San Clemente Romano (97 d.C.), San Justino Mártir (155), San Ignacio de Antioquía (165), Tertuliano (197), San Cipriano (250) y San Agustín (397), entre otros.
Respetando la Tradición: Pablo en Ts 2,15: “Así que, hermanos, estad firmes, y retened la tradición que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra”.
“Os alabo, Hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las tradiciones tal como os las entregué”. (1 Cor. 11:2).
Hay Tradición oral y escrita: (2 Tes 2:15; 2 Tim 1:13-14; 2:2). Pablo no hace distinción entre las dos formas.
Primacía del apóstol Pedro. Pedro fue, el primero entre los Apóstoles: Mt 16:18-19; Lc 22:31-2; Jn 21:15-17. El nombre de Pedro aparece el primero en todas las listas de los apóstoles; un ángel indica que él es la cabeza de los Apóstoles (Mc 16:7), y es aceptado por los otros (Hchs 2:37-8,41). Pedro realiza el primer milagro del tiempo de la Iglesia (Hchs 3:6-8), pronuncia la primer anatema (Hchs 5:2-11), resucita muertos (Hchs 9:40), es el primero en recibir a los gentiles (Hchs 10:9-48), y su nombre es mencionado más que a ninguno de los otros discípulos puestos por junto (191 veces).
Con todas esas características, la evidencia bíblica y la historia señalan a la Iglesia Católica como la Iglesia de Jesucristo, y que difícilmente, las diversas iglesias, con miles de denominaciones, sean esa única Iglesia del Señor, con todas las notas que corresponden al pueblo de Dios en el Nuevo Testamento.
¿Cuál es la Biblia correcta?
Su siguiente paso es decidir en cuál de las Biblias deben realizar su investigación.
Los protestantes heredaron la Biblia de la Iglesia Católica que la conservó y protegió durante los 16 siglos anteriores, no solamente en lengua griega y latina sino, traducida a muchas otras lenguas vernáculas
Pero, hay siete libros de la Biblia católica que los protestantes no admiten, aparte de importantes diferencias de traducción en algunos de los textos; estos libro son: Tobías, Judit, 1 y 2 de Macabeos, Eclesiástico, Sabiduría y Baruc, más las adiciones en griego de Ester y Daniel. Los protestantes llaman apócrifos a estos libros y los católicos los llaman Deuterocanónicos.
La Iglesia primitiva utilizó una versión griega de la Biblia llamada “Septuaginta”, la “Biblia de los 70”, traducida del arameo y hebreo al griego 148 años antes de Jesucristo, en la que se encontraban estos siete libros.
Jesucristo y los Apóstoles emplean esta Biblia completa para sus referencias y predicación. Jesús cita frases de la Septuaginta en el 80% de sus referencias al Antiguo Testamento. De hecho, en el nuevo Testamento se citan 351 veces textos de estos siete libros.
Cuando Pablo en 2 Tim 3, 16 dice que “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argumentar,…” se está refiriendo a esta escritura empleada por Cristo, los Apóstoles y por el propio Pablo: la Biblia de los 70.
Esta es la Biblia empleada por los judíos de la época y los cristianos del principio, y la que el Papa S. Dámaso, en el Concilio de Roma, vio necesario definir con el canon bíblico, en el año 382 d.c.
Martín Lutero, excluyó de su traducción bíblica esos libros, como intentó excluir, también, las cartas de Santiago y el Apocalipsis.
Estos libros que excluye Lutero son los mismos que excluyeron, en el Concilio de Jamnia, los judíos fariseos (anticristianos), año 90 d.c. por considerarlos de cultura griega e influencia cristiana. Eso mismo hacen los protestantes. Eso es lo que hizo Lutero.
Por otro lado, los hallazgos más recientes en Mar Muerto o Rollos de Qumrán, prueban que esos siete libros también se encontraban en su original arameo o hebreo antes de ser traducidos al griego en la Biblia de los 70.
Hay que tener en cuenta que Jesucristo y los primerísimos cristianos, cuando hablan de la Sagrada Escritura no se refieren al Nuevo Testamento que se redactó posteriormente y cuyo contenido fue transmitido por la Tradición oral y escrita. “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, Él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os he dicho” (Juan 14,26).
¿Y quién interpreta la Biblia?
“Sépanlo bien: nadie puede interpretar por sí mismo una profecía de la Escritura, ya que ninguna profecía proviene de una decisión humana, sino que los hombres de Dios, movidos por el Espíritu Santo, dijeron sus mensajes”. (2 Pedro 1:20-21).
El propio Lutero, al final de su vida sufre las consecuencias de la libre interpretación de la biblia reclamada por él mismo y en 1525, tuvo que lamentar la triste situación que se había creado desde el principio a causa de la interpretación privada de la Escritura. Afirmó: «Hay tantas sectas y creencias como cabezas. Aquel miembro no quiere tener nada que ver con el bautismo; otro niega el Sacramento; un tercero cree que hay otro mundo entre este y el Último Día. Algunos enseñan que Cristo no es Dios; unos dicen esto, otros aquello. Si un rústico, por rudo que sea, sueña o se imagina alguna cosa, ya se cree que ha oído el susurro del Espíritu Santo, y se cree que él mismo es un profeta» (Grisar, Lutero IV, 386ss).
Los investigadores protestantes descubren que los católicos “de a pie” confían inteligentemente esa tarea al Magisterio de la Iglesia por varias razones:
El fiel común no dispone de tiempo suficiente para dedicarse cada uno a “investigar e interpretar” correctamente un libro tan profundo como la Biblia, aunque lo conocen bien y lo utilizan para encontrar a Dios y orar, para ilustrar su piedad y cultura.
Comprenden que esa labor de investigación e interpretación ha llevado siglos de reflexión a personas especializadas y con conocimientos suficientes en disciplinas muy concretas: historia del pueblo hebreo y de la Iglesia Católica, lenguas como el arameo, hebreo, griego y latín; exégesis bíblica, teología, arqueología, géneros literarios,… Bibliotecas y más bibliotecas han acumulado durante esos siglos una ciencia teológica que tiene la veteranía y catadura del vino bien acunado y que, el paso del tiempo no ha hecho más que perfeccionar.
Mt 16,19: “Todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos y…” Observan como la Iglesia ha empleado durante más de veinte siglos esa autoridad de forma muy prudente y concienzuda, tomando muchos años, a veces siglos, de investigación para definir las verdades de la fe tan espléndidamente expuestas en el Catecismo que es un verdadero tratado de teología sistemática con fundamento bíblico.
En su doctrina no dependen de lo primero que se le ocurra a un párroco o a un teólogo, o incluso a un Obispo, por inteligentes que sean. Ni siquiera dependen de que un papa sea santo y haya habido papas viciosos. La Iglesia está gobernada por el Espíritu Santo. “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, Él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os he dicho” (Juan 14,26).
Por otro lado, descubren que La Biblia no contiene toda la enseñanza de Jesús, o del Cristianismo: (Mc 4:33; 6:34; Lc 24:15-16,25-27; Jn 16:12; 20:30; 21:25; Hchs 1:2-3).
¿Basta la fe para salvarse o, hacen falta también las buenas obras?
“Vosotros, veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”. (Santiago 2: 24, 26).
La doctrina “Sola Fide” no aparece en la Biblia. Martín Lutero, llegó a añadir la palabra “sola” al siguiente texto de Pablo: “Mas el justo por la fe vivirá”.
Por ejemplo, algunos protestantes, para reforzar su opinión, suelen citar Efesios 2:8-9 “Así pues por gracia habéis sido salvados mediante la fe; y esto no procede de vosotros, puesto que es un don de Dios: es decir, no procede de las obras, para que nadie se gloríe”.
Pero no suelen citar el párrafo siguiente: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer las obras buenas, que Dios preparó para que las practicáramos”. (Efesios 2:10).
San Ignacio de Antioquía, Padre Apostólico que vivió en el año 110 D.C., y que conoció personalmente a los discípulos del Señor, dice lo siguiente: “Así aquellos que hacen profesión de ser de Cristo se reconocerán por sus obras. Porque ahora la obra demandada no es la mera profesión de fe, sino el mantenernos hasta el fin en la fuerza de la fe”.
Y cuando continúan su investigación bíblica realizan más descubrimientos:
La fe y las obras deben ir juntas: Mt 25:31-46; Lc 18:18-25; Jn 6:27-9; Gal 5:6; Ef 2:8-10; Fil 2:12-13; 3:10-14; 1 Tes 1:3; 2 Tes 1:11; Heb 5:9; Stgo 1:21-7; 2:14-16. Estos textos también indican que la salvación es un proceso y no un evento instantáneo
No se puede separar la justificación de la santificación: Mt 5:20; 7:20-24; Rom 2:7-13; 1 Cor 6:11; 1 Pedro 1:2.
Las buenas obras realizadas por la fe, tienen mérito y recompensa: Mt 16:27; Rom 2:6; 1 Cor 3:8-9; 1 Pedro 1:17; Ap 22:12; Lc 6,31-36
La justificación no es extrínseca sino que es infusa, actual, interior y transformadora lo que incluye santificación: Salmo 51:2-10; 103:12; Jn 1:29; Rom 5:19; 2 Cor 5:17; Heb 1:3; 1 Jn 1:7-9.
El purgatorio existe: Is 4:4; 6:5-7; Miq 7:8-9; Mal 3:1-4; 2 Macabeos 12:39-45; Mt 5:25-6; 12:32; Lc 16:19-31 (Cf. Ef 4:8-10; 1 Pedro 3:19-20); 1 Cor 3:11-15; 2 Cor 5:10; Ap 21:27.
La indulgencias son bíblicas: son, la remisión que la Iglesia ofrece (Mt 16:19; 18:18, Jn 20:23) por las penas temporales del pecado (penitencia). Esto no es diferente de lo que San Pablo hizo referente a un hermano que había errado en la Iglesia de Corintio. San Pablo primero impuso una penitencia sobre él (1 Cor 5:3-5), después remitió parte de esa penitencia (una indulgencia) en 2 Cor 2:6-11.
Los santos son intercesores. También descubren la base bíblica de la intercesión que hacen por nosotros los santos que están en el cielo y la correspondiente invocación de los santos por sus efectivas oraciones. (Stgo 5:16). Los santos en el cielo conocen los asuntos de la tierra (Mt 22:30), Lc 15:10 y 1 Cor 15:29; Heb 12:1), se aparecen en la tierra e interactúan con el hombre (1 Sam 28:12-15; Mt 17:1-3, 27:50-53; Ap 11:3), y, por tanto, pueden interceder por nosotros y nosotros podemos pedirles sus oraciones de la misma manera que hacemos con los cristianos aquí en la tierra (2 Macabeos 15:14; Ap 5:8; 6:9-10), Tob 12,12, Jer 15,1.
Pablo en 14 ocasiones les pide a sus hermanos su intercesión y les ofrece la suya.
Las imágenes no son idolatría: “Harán también dos querubines de oro; labrados a martillos los harás en los dos extremos del propiciatorio”. (Éxodo 25: 18).
Estos querubines eran imágenes, no ídolos. Estaban colocados en el arca de la alianza; y Dios le dijo a Moisés que ahí se iba a encontrar con él.
Los católicos veneran las imágenes por lo que representan, no las adoran.
¿Reforma permanente o reforma protestante?
Los protestantes llegan a descubrir, igual que los católicos, que la Iglesia necesita una reforma permanente desde dentro, con autoridad pero, no una reforma protestante. La Iglesia, sin una asistencia permanente del Espíritu Santo, apenas habría sobrevivido unos años.
Es revelador el siguiente texto escrito de Lutero a Zwinglio: “Le asusta a uno ver cómo donde en un tiempo todo era tranquilidad e imperaba la paz, ahora hay dondequiera sectas y facciones: una abominación que inspira lástima […] Me veo obligado a confesarlo: mi doctrina ha producido muchos escándalos. Sí; no lo puedo negar; estas cosas frecuentemente me aterran”.
Un día Lutero le confiaba a su amigo Melanchton: “¿Cuántos maestros distintos surgirán en el siglo próximo? La confusión llegará al colmo”.
Termino estas líneas con un mensaje de unidad:
“Maestro, vimos a cierto hombre expulsando demonios en tu nombre y se lo prohibimos porque no viene con nosotros.
Jesús le dijo: no se lo prohibáis. Porque el que no está contra vosotros, con vosotros está” (Lc 9,49)
Pidiendo a Dios que: “…formarán un solo rebaño con un solo pastor…” (Jn 10,16)
El itinerario de los católicos es: Jesucristo, su Iglesia y la Biblia. Es Jesucristo quien da autoridad a la Iglesia y a la Biblia.


Aleteia (18 ABRIL, 2016)


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