sábado, 18 de junio de 2016

Los jóvenes, presentes en el Congreso Eucarístico argentino. Pidiendo por la patria, mucho más que país o nación.

por Esteban Pittaro.  
Jóvenes tucumanos colaborando en la organización, jóvenes con bolsas de dormir que acaban de llegar a la provincia cargando en ligeras camperas todo su equipaje, jóvenes seminaristas, jóvenes religiosos en nuevos hábitos, jóvenes periodistas que se animan a cubrir una noticia que podrá no competir con otras políticas, pero que ha movilizado a miles de familias argentinas, jóvenes novios.

La afluencia de jóvenes es una de las improntas más fuertes de este Congrego Eucarístico Nacional en San Miguel de Tucumán, que cuenta con la asistencia de más de 20.000 católicos de toda la Argentina.
El hipódromo de la ciudad ya albergó la primera eucaristía masiva con la presencia del delegado papal, que se vivió en un clima festivo y de oración.
Muchas banderas argentinas, camisetas señalando pertenencia tanto eclesial como geográfica, niños, jóvenes, adultos y abuelos, colmaron el predio que será epicentro de los grandes encuentros de aquí hasta el domingo.
Caminaba entre la gente abrigado con su habitual poncho quien tendría a su cargo el cierre de la jornada allí, el monje Mamerto Menapace, cuentista popular.
Hubo mucho poncho gaucho en el predio, incluso abrigando a padres escuchando confesiones en distintos puntos de la plaza, indicador del carácter local de un encuentro que supone para el país, y no tan solo para la Iglesia, uno de los eventos centrales de celebración en torno al bicentenario de la Independencia Nacional.
El espíritu gauchesco también se sintió en las banderas e insignias brocherianas, referentes a José Gabriel Brochero, el cura gaucho que será canonizado en octubre próximo.
El clima que sobrevuela el Congreso, en el que se celebra la cristiandad y la identidad nacional, de la mano, fue sintetizado por el delegado papal, el cardenal Giovanni Battista Re, durante la recepción que se le realizó por la mañana.
“Movido por los valores humanos y cristianos, el pueblo argentino podrá mirar su futuro con esperanza y confianza”, dijo.
“La sociedad moderna podrá  sostenerse   -como   querían   los   padres   de   la   independencia argentina- sobre principios espirituales que sepan iluminar y sostener el camino de los ciudadanos.  Estos valores cristianos son importantes también para la construcción de una sociedad fuerte y unida”.
En esa línea propuesta por el congreso desde su lema, “Jesucristo Señor de la Historia te necesitamos”, se expresó el arzobispo de Tucumán, Alfredo Zecca, en su homilía de apertura.
Le acompañaban cuatro cardenales -además del legado pontificio, y los dos residentes en la Argentina, se sumó el arzobispo Emérito de Santiago de Chile Francisco Javier Errázuriz-, y más de 50 obispos.
“Hemos venido a pedir por nuestra Patria Argentina. La Patria es mucho más que el país o la nación y es necesario que los argentinos volvamos a hablar de Patria, que volvamos a valorar sus signos distintivos: el himno, la bandera, la escarapela. Patria es lo recibido de los Padres y lo que hemos de entregar a nuestros hijos”, sostuvo Zecca.
La división entre los argentinos no estuvo ausente en sus palabras, como así tampoco la difícil situación de muchos argentinos.
Sin embargo, en tono con la alegría y esperanza de los congresistas, algunos que han recorrido decenas de horas para llegar hasta esta ciudad, el obispo cerró llamando a la confianza en Dios: “Enfrentamos un momento político, económico y social difícil, con ajustes económicos indispensables pero cuya carga cae de modo desigual en los distintos estratos sociales”.

Aleteia  17 JUNIO, 2016

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