jueves, 7 de julio de 2016

Con Obama, la guerra de las Fuerzas Armadas es contra Dios: un sargento, vapuleado por nombrarLe.



Óscar Rodríguez había sido invitado para hablar en el retiro de un compañero.
El momento de la expulsión: no le permitieron ni empezar, a pesar de que había sido invitado por el homenajeado justo para esa intervención.
Óscar Rodríguez es un sargento veterano de la Fuerza Aérea estadounidense, que en algunas ceremonias de retiro de miembros de su arma pronuncia unas palabras ante la bandera. En esas palabras menciona a Dios, por lo cual recientemente fue expulsado de una de ellas.
Fue el pasado 3 de abril. El sargento Charles Roberson le había invitado a intervenir en su acto de adiós a la vida militar, porque le había escuchado en actos anteriores: "¡Tiene tanta pasión por la bandera y por la patria! Es lo que yo quería para mi ceremonia", explica Roberson.
Pero la nueva política de Barack Obama es perseguir activamente cualquier referencia religiosa, incluso en actos de asistencia voluntaria, como era éste, que tuvo lugar en la base aérea de Travis (California). Así que estaban prevenidos para que Rodríguez no interviniese, y en cuanto se dispuso a hacerlo le echaron por la fuerza, mientras él, pese a todo, pronunciaba sus palabras de homenaje a la bandera.
Que también eran un homenaje al hombre que dejaba el servicio, muy dolido ante lo acaecido: "¡Que las Fuerzas Aéreas me hayan hecho esto en mi retiro...! Me sentí ofendido y humillado ante mi familia y amigos", lamentó Roberson.
La desagradable escena de la expulsión del sargento veterano Óscar Rodríguez del acto al que había sido invitado para hablar por el sargento Charles Roberson, homenajeado en él.
Benedetta Frigerio parte de este caso para analizar, en un reportaje en La Nuova Bussola Quotidiana, la sostenida campaña de la Administración Obama contra toda presencia religiosa en el ámbito militar:
«Sólo imaginar el hecho de ser expulsado mientras la bandera americana está desenrollada y abierta, la bandera que representa la libertad de expresión, la libertad religiosa, la libertad de prensa… es terrible». Son las palabras del sargento veterano  de la Fuerza Aérea americana Oscar Rodríguez, en servicio en las Fuerzas Armadas de los EEUU durante treinta y tres años. El Pentágono ha abierto contra él una investigación tras un discurso que pronunció en abril en la California Travis Air Force. 
¿Qué ha dicho Rodriguez que sea tan peligroso? Simplemente lo que durante más de treinta años ha repetido, como muchos otros compañeros suyos: ha citado a Dios. Ha bastado esto para que lo asaltaran y lo expulsaran de la sala donde se estaba llevando a cabo la ceremonia.
Una imposición de la Administración Obama
Pero éste es sólo el último de una serie de casos que demuestran la presión que han sufrido las Fuerzas Armadas -a las que Estados Unidos ha dedicado siempre la mayor parte de sus energías, pues le importa mucho la cohesión y la unidad entre sus hombres- desde 2008, año en el que Barack Obama se convirtió en presidente de los Estados Unidos.
Sin embargo, el ataque fue evidente en junio de 2011, cuando el departamento de los veteranos prohibió pronunciar los nombres de "Dios" y "Jesús" durante una ceremonia fúnebre en el cementerio nacional de Houston. 
El siguiente paso fue la cancelación definitiva, por parte de la aviación, de un curso sobre misiles nucleares que se impartía desde hacía veinte años en una base de California porque las lecciones incluían teorías cristianas como la de la legítima defensa o la de la "guerra justa" de San Agustín.
Mientras tanto, el jefe de la aviación prohibía a todos los comandantes informar a los pilotos y a sus familias de la posibilidad de ejercer la propia libertad religiosa a través de la observancia de un programa de formación cristiana.
Y más: «No se puede distribuir ni utilizar ningún material religioso durante las visitas», fue la prohibición impuesta por el Walter Reed National Military Medical Center, uno de los hospitales militares más importantes del país, revocada sólo tras la denuncia por parte de algunos miembros del Congreso.
En noviembre del mismo año, mientras anunciaba el fin de su colaboración con una organización cristiana, disculpándose por haberla elegido como trámite para enviar los regalos de Navidad con tarjetas religiosas, la Aviación decidía gastar ochenta mil dólares para la construcción en la base de Colorado Springs de un templo de piedras para el culto pagano. 



En 2012, uno de los generales más ilustres de las Fuerzas Armadas, William G. Boykin, notoriamente cristiano, tuvo que declinar la invitación a hablar en la academia militar americana tras las presiones que la Comisión de Igualdad ejerció sobre la institución.




El general William G. Boykin, subsecretario de Defensa de Inteligencia con George Bush, es uno de los militares más prestigiosos de Estados Unidos, y ferviente cristiano. Estuvo 13 años en la Delta Force, mandándola durante dos, y participó en operaciones en Irán, Colombia y Somalia.

El mismo mes, junto a la decisión de eliminar del instituto de investigación militar Rapid Capabilities la frase Opus Dei (“Trabajo de Dios”), el secretario de Defensa prohibía al capellán la difusión de una carta acerca de la objeción de conciencia que el arzobispo había escrito para que fuera leída durante la misa.



Pero las dudas sobre la antipatía de la recién elegida administración hacia los cristianos ya habían surgido a principios de 2009, cuando a pesar de una ley aprobada en el Congreso y del dictamen del Tribunal Supremo, el gobierno se negó a conceder a la asociación de los veteranos un terreno en el desierto de Mojave, reclamado hacía tiempo, para la reconstrucción de una cruz erigida en ese lugar en 1934 en memoria de los caídos en guerra. 







En novembre, la Casa Blanca se negó a poner en el monumento de Washington, en memoria de la Segunda Guerra Mundial, el siguiente texto: «Con Tu bendición prevaleceremos sobre las fuerzas impías de nuestro enemigo». Se trata de una simple oración que el presidente Franklin Delano Roosevelt escribió para pedir a Dios que infundiera valor a las tropas aliadas durante su lucha contra los nazis.

La misma longitud de onda tiene la nota del 2011 acerca del reconocimiento internacional de los derechos humanos, en la que la secretaría de Estado habló de las personas «con convicciones religiosas muy profundas» como de «obstáculos que se interponen a la tutela de los derechos humanos» en referencia a las «personas LGBT».
El veterano Rodriguez ha explicado que «ser atacado por la Fuerza Aérea y ser expulsado de una ceremonia sólo porque en mi discurso citaba a Dios es algo que no me hubiera esperado nunca». Y, sin embargo, en solo ocho años el progresismo de Obama ha conseguido subvertir el orden que ha allanado el camino a la difusión de la intolerancia religiosa en todo Occidente, porque «nosotros consideramos que las siguientes verdades sean por sí mismas evidentes; que todos los hombres han sido creados iguales, que cada uno de nosotros está dotado (en lugar de que el hombre esté dotado por su Creador) con algunos derechos inalienables». Fue así que en 2010, por primera vez en la historia, citando la Declaración de Independencia un presidente americano omite una parte. 
La Casa Blanca comunicó que se trataba de una omisión involuntaria, que sin embargo se ha repetido en otros siete discursos públicos. En línea con la omisión, la citación como lema nacional, contrariamente a lo que dicta la ley federal, de E pluribus unum, que significa “De muchos, sólo uno”. Eliminando de golpe el tradicional In God We trust.  


Traducción de Helena Faccia Serrano (diócesis de Alcalá de Henares).



ReL6 julio 2016

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