domingo, 31 de julio de 2016

Desde el Evangelio

DÍA DEL PÁRROCO

El próximo 4 de agosto celebramos la Fiesta del Santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes, especialmente de los párrocos. Estamos próximos a celebrar, en el mes de octubre, la Beatificación de nuestro Cura Brochero. Dos figuras que son un testimonio vivo de aquel llamado de Jesús a sus apóstoles para hacerlos pastores de su pueblo. Este llamado sigue siendo actual. No podemos pensar al sacerdote si no es desde Jesucristo, que es quien llama y envía para continuar su misión de Pastor. No se trata, como vemos, de una carrera que elegimos, sino de un llamado al que respondemos. El contenido de esta misión es obra de Jesucristo. Esto no significa que el sacerdote sea una suerte de “robot” programado. Todo lo contrario, es un hombre que asume desde su libertad, historia y cultura un llamado para actualizar en su vida la misión de Jesucristo.

Sacar al sacerdote de este contexto es desconocer su fuente y el sentido de su vida. Esta reflexión vale primero para el sacerdote, al que le podríamos decir, como lo hacía San Juan Pablo II con la familia: “sacerdote, sé lo que eres”, es decir, tu vida y tu misión tienen que ser un Cristo vivo para alabanza de Dios y al servicio de los hombres; esto es una gracia y una exigencia de su vocación. Pero su vida es también un llamado a los fieles, para ver en sus sacerdotes la presencia sacramental de Jesucristo en quienes ejerce sigue ejerciendo su ministerio sacerdotal. Tanto el sacerdote como los fieles, deben vivir esta realidad desde el Evangelio y en la comunión de la Iglesia. Fuera de ella, especialmente en la celebración de la Eucaristía y en la comunión de la Iglesia, el sacerdote pierde su identidad y su misión. Jesucristo, la Iglesia y el Pueblo de Dios, son la referencia permanente del sacerdote.

El 16 de octubre de este año, como les decía, va a ser Beatificado en Roma el Cura Brochero. Este hecho ha sido muy esperado, y es hoy motivo de acción de gracias y de alegría en toda la Iglesia. El testimonio de quienes lo conocieron, como la dimensión religiosa y social de su obra, no deja dudas de estar ante la presencia de un hombre invadido por el Espíritu de Dios. Aquel: “sé lo que eres”, tuvo en el Cura Brochero un cumplimiento pleno. Nos ha dejado como sacerdote el testimonio de un camino plenamente humano, profundamente religioso y misionero, en el marco de una historia, un estilo y una cultura propia. Recordar y valorar su figura nos hace bien a los sacerdotes, pero también a los fieles y comunidades cristianas, donde el Señor sigue llamando “obreros para su mies”. Que su figura despierte en nuestros jóvenes la alegría de ser sacerdote.

Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

No hay comentarios: