miércoles, 13 de julio de 2016

Lombardi: “¿El momento más difícil? El escándalo de la pederastia”

Ahora, después de una década, deja la dirección de la Sala de Prensa de la Santa Sede. Con su estilo un poco minimalista, alejado de cualquier protagonismo, fue «voz» de los Papas y se identificó completamente con la institución que representaba.
Siempre fue tranquilo y también irónico. Como aquella vez cuando acompañaba a Benedicto XVI en Líbano, en septiembre de 2012, y un periodista local, equivocándose, lo llamó cardenal: «Pas encore —respondió. J’espère jamais!» (Todavía no. ¡Y espero que nunca!). O como, cuando, durante el último Cónclave, respondió a quien le preguntaba qué había comido el Papa emérito ese día: «Tendremos que preguntárselo a él».
¿Qué hay que hacer para ser el vocero del Papa?
Fundamentalmente hay que estar al servicio, no hay que pensar ponerse en primer plano. Hay que ayudar en el conocimiento, la difusión y la lectura correcta de lo que el Papa dice y hace. Ser un buen intermediario para los comunicadores, poniendo a disposición de todos ellos los materiales necesarios y también ayudándolos a comprender, por ejemplo, las razones de una decisión.
¿Francisco necesita propagandistas?
Creo que no, por lo menos yo nunca he tenido esta actitud. El Papa no necesita ni siquiera intérpretes. Claro, el portavoz debe estar listo y dispuesto para darle consejos, sopesar expresiones o sugerir propuestas. Pero siempre como servicio discreto, con gran respeto por el Papa, su personalidad y sus decisiones.
¿Cuál fue el momento más difícil durante estos diez años?
Fueron los casos de los abusos de menores, muy dolorosos, en los que me sentí muy involucrado y partícipe al constatar la presencia del pecado y del mal en nuestras vidas y en la vida de la Iglesia. Traté de vivirlos para dar pasos de verdad y de transparencia, según la voluntad de Papa Ratzinger.
Usted ha sido vocero de dos Papas diferentes: Benedicto y Francisco. ¿Qué puede decir sobre el primero?
Siempre he admirado la profundidad de su pensamiento y de su visión espiritual de la realidad. Me fascina también su trilogía sobre Jesús. He tratado de acompañarlo según mis posibilidades en los momentos difíciles de las crisis de los abusos y de «vatileaks».
¿Es cierto que la elección de Francisco le sorprendió particularmente?
¡Sí, me costó una hora reponerme un poco después del anuncio! No me imaginaba para nada que pudiera ser elegido un Papa jesuita, un hermano mío. Con él hay sintonía en la espiritualidad, su actitud me parece muy familiar. Hay una gran sintonía con su forma de vivir la Iglesia en camino, tratando de comprender la voluntad de Dios y llevando el Evangelio al mundo en solidaridad principalmente con quienes sufren y con los pobres.
Diga la verdad, ¿a veces suda frío durante las conferencias de prensa en el avión?
No, no sudo frío. Confío en la inteligencia de los periodistas presentes, que saben comprender la mente del Papa.
¿Cómo ha sido su relación con los periodistas?
Una relación con personas concretas, que tienen una gama de actitudes muy variadas, desde las más sensibles a la Iglesia hasta las más distantes o indiferentes. He tratado de establecer relaciones libres, de respeto y de servicio, respetando siempre la libertad de cada uno, sin manipular ni influir.
¿Hay libertad de prensa en el Vaticano?
Me parece que sí. He tratado de crear las condiciones para que los periodistas pudieran hacer bien su trabajo, con libertad, ofreciéndoles datos y textos, además de explicaciones sobre el por qué de ciertas decisiones. Propongo, nunca impongo.
¿Qué hay que hacer con las preguntas más difíciles?
Nunca he tenido dificultades para reconocer que, a veces, no podía responder (ya porque no supiera o porque la respuesta todavía no se podía dar o porque, tal vez, todavía no existía una respuesta). En varias ocasiones dije: «Esto no lo sé». O bien: «No tengo que dar esta información».


Este artículo fue publicado en la edición de hoy del periódico italiano «La Stampa».

VATICAN INSIDER  12 JULIO, 2016

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