domingo, 17 de julio de 2016

Marta recibe al Señor.

Mons. José M. Arancedo 
  El evangelio de este domingo nos presenta la escena de Jesús recibido por Marta en su casa. El Señor fue a visitarla y ella lo recibe. En este simple y austero relato podemos ver la verdad de la relación entre Dios y el hombre.
El Señor viene y espera ser recibido: “Mientras iba caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa” (Lc. 10, 38). Dios y la libertad del hombre nos hablan de un amor único y personal, pero también de la dignidad y el poder del hombre. Este aparente límite de Dios no desconoce su grandeza, sino que expresa el camino de su pedagogía. Dios no ha creado “robots”, ha creado hombres libres y responsables. Marta lo recibe, es lo que el Señor espera. Este aspecto del relato evangélico es esencial, es la primera actitud de fe que descubre la presencia del Señor y lo recibe.
Es cierto que a su presencia solo la podemos conocer con los ojos de la fe. Ella no es para nosotros un salto al vacío ni algo mágico, sino un apoyarnos en el testimonio de su Palabra que nos llama e invita a un encuentro vivo con él. Una fe que se desconecta de esta fuente única va creando sus propios proyectos, elaborando sus creencias y aparentes seguridades que nos alejan del Dios verdadero, del Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Hay como un mercado religioso creado por el hombre que no resiste la mirada purificadora del Evangelio. La fe cristiana parte de la iniciativa de Dios que viene al encuentro del hombre. A esto que nos parece tan simple siempre debemos volver, para superar toda tentación de manejar a Dios y hacer de la vida religiosa una suerte de relación a nuestra medida, que la acomodamos a diversas circunstancias. Dios pasa a ser como un adjetivo más en nuestras vidas y no la fuente que nos enriquece y que, ciertamente, nos puede sorprender.
Sabemos que su Palabra y la Eucaristía son lugares primeros donde él ha querido quedarse para este encuentro. Aquí aparece la Iglesia como casa y comunidad que él ha instituido para dejarnos, a modo de testamento vivo, su presencia. Por ello es nuestra madre. Pero también sabemos, porque él nos lo ha dicho, que está y viene a nosotros en nuestros hermanos más necesitados, en quienes ha querido ocultar su presencia, en los más pobres. ¿Cuándo te vimos, Señor?, es la pregunta que orienta su respuesta en el evangelio: “Les aseguro, nos dice, que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt. 25, 40). Como vemos, la vida cristiana es respuesta a la iniciativa de Dios. Para encontrarlo, debemos buscarlo donde él ha querido quedarse y nos espera.

Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

No hay comentarios: