martes, 5 de julio de 2016

Vicios y sobresaltos de la liturgia de la Palabra

Normalmente me llevo pocos, porque ya tengo suficientemente avisados y aleccionados a los lectores más habituales, pero nunca es descartable que alguien te salga con su toque de originalidad.

Vicios mas frecuentes:
Eso de tener que decir “Primera lectura” o “Salmo responsorial". Cada vez que lo escucho me da un vuelco el corazón, se me remueven las entrañas y se aceleran todas las pulsaciones. No hay forma de acabar con ello.


Acabar la lectura con un sonoro “ES Palabra de Dios”. Que digo yo que por qué alguien ha decidido que todo queda más clarito añadiendo el verbo. No digo nada cuando la cosa se remata solemnemente con un “Esto es Palabra de Dios”. El miedo es que cunda el mal ejemplo de las ocurrencias ocurrentes y cada cual busque su puntito personal. Mal negocio. Una vez llegué a escuchar en una parroquia: “Hermanos y hermanas, esto es Palabra de Dios". 
Cargante eso de tener que soltar en la respuesta del salmo: “Repetimos todos”o simplemente “todos, por favor". Comprendo que el lector repita con el pueblo la antífona por la cosa de ayudar a que la gente no se despiste, pero nada más. 
Mas raro es, aunque a veces pasa, encontrarse un lector que lea absolutamente todo: domIngo tal, indicaciones, letra en rojo… TODO. En esos casos, paciencia, resignación cristiana y ofrecerlo por las misiones.

Pues bien, todo estos vicios se pueden arreglar con facilidad. Ahora bien, hay uno que me pone especialmente nervioso y que no consigo que se acabe de quitar. Es el deconvertir las afirmaciones en interrogantes. Me explico.

Cuando uno acaba de proclamar una lectura, finaliza con un solemne “Palabra de Dios", al que el pueblo responde “Te alabamos, Señor". Pues me encuentro muchas, pero muchas veces, con lectores que acaban su cometido como si preguntaran a los niños de la escuela:
¿Dos por dos? ¡Cuatro!
¿La capital de Italia?¡Roma!
¿Palabra de Dios? ¡Te alabamos, Señor!

Amos a ver, que el lector no pregunta la tabla de multiplicar ni la lista de los reyes godos. Es igual. ¿Palabra de Dios? 

Lo mismo sucede en la oración de los fieles. Se supone que el lector va enunciando las intenciones seguidas del más normal “Roguemos al Señor", al que respondemos “Te rogamos, óyenos". Pues no hay forma. Por los pobres, por los niños, por los….¿Roguemos al Señor? Como si uno dijera: ¿qué, os parece que roguemos a Señor? 

Me cuesta quitar ese vicio. Vicio que por otra parte observo bastante generalizado. Pero simplemente que me sorprende.

Fuente: Infocatólica.-

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