miércoles, 31 de agosto de 2016

Consideraciones sobre el Carmelo de Nogoyá y la penitencia

La Plata (Buenos Aires) (AICA): Con motivo de los hechos ocurridos en la localidad entrerriana de Nogoyá, donde la policía irrumpió en un monasterio de carmelitas descalzas a raíz de una denuncia de presuntas torturas infligidas a las monjas, la oficina de prensa del arzobispado de La Plata hizo público un escrito en el que se refiere a la dignidad del cuerpo humano “templo de Dios” digno de respeto, y al sentido de la penitencia entre los cristianos. 

Con motivo de los hechos ocurridos en la localidad entrerriana de Nogoyá, donde la policía irrumpió en un monasterio de carmelitas descalzas a raíz de una denuncia de presuntas torturas infligidas a las monjas, la oficina de prensa del arzobispado de La Plata hizo público un escrito en el que se refiere a la dignidad del cuerpo humano “templo de Dios” digno de respeto, y al sentido de la penitencia entre los cristianos. 

El cuerpo humano de Cristo, dice el escrito, “sufrió indecibles tormentos y dolores, una crudelísima y sangrienta flagelación, coronación de espinas, caídas, bofetones, torturas y finalmente los dolorosos clavos que perforaron sus manos y sus pies en la cruz… Durante siglos hubo cristianos enamorados de la pasión de Cristo, que deseaban imitarlo y reproducir de algún modo lo que Él había sufrido. De este modo, se entregaron a grandes penitencias, por ejemplo San Francisco, San Benito, Santa Catalina…, e incluso en nuestros días la Madre Teresa de Calcuta… 

Hoy, dice la nota, nuestros conceptos son distintos en esta materia, sin embargo “sorprendentemente no pocos hombres y mujeres se someten en nombre de una pretendida belleza o de simple gusto personal, a toda clase de heridas corporales con el objeto de tatuarse, desde unas flores hasta las figuras más inverosímiles, sin contar los populares ‘piercing’ tan difundidos entre los jóvenes (no importa a partir de qué edad), que agujerean cualquier parte del cuerpo aún las más sensibles del rostro y la lengua… Y si continuamos con las agresiones que padece hoy en día el cuerpo humano “con todo derecho”, podríamos agregar las aberrantes torturas que algunos sadomasoquistas se infligen mutuamente con pretensiones de placer erótico…” 

Y agrega: “Sin contar con las innumerables muestras de desprecio infligidas al cuerpo humano de la mano de la eugenesia, el aborto, la eutanasia y toda clase de discriminaciones, incluso irrazonables como la obesidad, el color de la piel, el tamaño de la nariz o de las orejas, y un largo etcétera que muchos tratan de evitar recurriendo a todo tipo de cirugías… 

“Y nadie se extrañe que los cristianos hablemos de sacrificio para acercarnos a Dios cuando cualquier atleta o modelo tiene que someterse a tantos sacrificios en dietas, entrenamientos, privaciones, aun de cosas buenas y lícitas para lograr un estado apropiado para la competición o un cuerpo que se luzca sin un kilogramo de más en la pasarela… 

Más adelante dice que “la recta penitencia cristiana no consiste en lastimar el cuerpo, ni en hacerle heridas, sino simplemente en provocarle una incomodidad, ya sea a través de algún pequeño instrumento o pequeñas cosas que pueden hacer que nuestro cuerpo sea simplemente colocado en su lugar, que es el de servidor de Aquel que es el único Señor, y a través del cual nos expresamos como lo que somos: criaturas salidas de sus manos, y que por lo tanto reconocemos su soberanía y su paternidad sobre nosotros… 

“La Iglesia Católica -explica- nunca aprobará que en nombre de la fe se inflija una tortura física ni se flagele brutalmente a nadie, precisamente a causa de la dignidad de cada persona humana, de cada cuerpo humano, templo del Creador. Esto debe quedar claro y si algún miembro o comunidad de la misma Iglesia cayere en esto será corregido y sancionado como corresponde”. 

“Habrá que ver en este caso concreto de las monjas de Nogoyá si se pasaron las reglas de prudencia o no se trata más que del sensacionalismo al cual los medios de comunicación nunca terminan de acostumbrarnos. Habrá que ver si existen los excesos de los que nos da cuenta la prensa, en cuyo caso la Iglesia se encargará de moderar y de llevar a su recto cauce. Se hace difícil creer en torturas físicas infligidas a alguien hoy por manos de algunas monjitas encerradas. Esperamos que una sana justicia, no viciada por prejuicios y preconceptos, nos ayude a ver la realidad. De todos modos, el daño y la confusión ya han sido sembrados.” 

En cuanto a la vida de las Carmelitas Descalzas, quien la conoce un poco de cerca puede saber que es mucho más que unas penitencias aisladas. Lo que se diga ahora habrá que tamizarlo con los inevitables prejuicios de un mundo que no entiende de renuncias, de generosidad en su máxima expresión, de virginidad vivida alegremente por el Reino de los Cielos, de oración y amor a Dios, de fraternidad compartida sin la competitividad de nuestra sociedad, sin las ambiciones mezquinas de tantos que solo buscan su propio bien por encima o a costa de los demás. 

“Hace poco inundaba las redes la fotografía de una Carmelita muerta en el Hospital Austral de un doloroso cáncer que la llevó a la tumba –o mejor, a la eternidad-, a los 42 años. La sonrisa, la paz inefable, la alegría y la entrega de ese rostro, no necesitan comentarios… No parece que haya vivido torturada ni manipulada ni destrozada psicológicamente para llegar a morir así… Ojalá que los que hoy gastan palabras y razones para juzgar y condenar un estilo de vida que no conocen puedan llegar a la hora de la muerte con la misma serenidad y entereza. Si nos sentimos involucrados con el caso de las Carmelitas de Nogoyá será mejor que esperemos para ver dónde está la verdad… Pero mientras tanto no generalicemos sobre la vida de aquellas que hoy ruegan por los que las descalifican”. 

“Es cierto que a veces la penitencia nos cuesta mucho por la vida de comodidad que llevamos, que nos duele privarnos de alguna cosa; hoy es fácil prescindir de alguna comida o de algún postre porque se hace por razones estéticas o de salud corporal, entonces se entiende un poco más que hagamos esto por la religión. Pero el hecho de hacer algo que nos incomode, que nos duela, que ponga un límite a nuestro cuerpo por deseo de reparar los propios pecados o los ajenos, constituye un escándalo y parece que dentro de poco hasta un delito… 

La nota de la oficina de prensa de la arquidiócesis de La Plata concluye así: “Hoy asistimos al fenómeno de que hechos que en el pasado eran considerados delictivos, ya no son tales. Entonces, ¿qué estamos haciendo? ¿Creando nuevos tipos de delitos para suplir los que faltan? Pobre sociedad la nuestra. Cualquiera puede hacer cualquier cosa en nombre de su derecho a la autodeterminación. Pero a nadie se le ocurra aspirar a santo, porque indefectiblemente será descalificado y lo que es peor, condenado como un criminal”.+

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