domingo, 14 de agosto de 2016

Desde el Evangelio

ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

El 15 de agosto celebramos una de las Fiestas mayores de la Virgen María, su Asunción o Tránsito de este mundo al cielo. La Iglesia ha conservado en su memoria este acontecimiento como una gracia personal. Todo lo que se refiere a Ella en la Biblia y en la Tradición solo se comprende desde su misión de ser la Madre de Jesús. María es parte del plan salvífico de Dios que tiene en Jesucristo su centro. Siempre es bueno recordar, cuando hablamos del plan de Dios, el resumen que nos da la carta a los Hebreos: “Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo” (Heb. 1, 2). En este tiempo último María es elegida para ser la Madre de Jesucristo. Es la mujer elegida en este plan del amor de Dios, del que somos destinatarios. María era consciente de esta mirada de Dios sobre ella como lo dice en su Magnificat: “Mi alma canta la grandeza del Señor,...porque miró con bondad la pequeñez de su servidora” (Lc. 1, 47).

En el evangelio de Lucas leemos el mayor reconocimiento a su actitud de fe y entrega a su misión, que le hace su prima Isabel: “Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (Lc. 1, 45). La fe es respuesta a un Dios que se nos ha revelado, finalmente en su Hijo. Lo importante en la fe no es el camino del hombre hacia Dios, que en cuanto búsqueda es importante y nos dispone, sino el camino de Dios al hombre. María estaba dispuesta, participaba de la esperanza del pueblo elegido y supo escuchar el llamado de Dios. Su Fiat, su sí, su respuesta a lo que Dios había pensado para ella, es su mayor acto de fe y el comienzo para nosotros de la llegada del Señor. Por ello la felicita su prima santa Isabel. María vive este momento con esa alegría que es fruto de la fe, cuando se descubre y acepta el Plan de Dios. Esto vale también para nosotros. En este sentido María es modelo de fe y de entrega a nuestra propia misión.

La Asunción de María Santísima se inscribe en esa historia de gracia por haber sido elegida para ser la Madre del Salvador. Esta historia comenzó en su Inmaculada Concepción, que celebramos el 8 de diciembre, luego en la Anunciación y Concepción del Señor el 25 de marzo y su nacimiento el 25 de diciembre. Es una historia en la que María es sorprendida, preservada y llevada por Dios. Ella acepta y se pone al servicio: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”(Lc. 1, 38). Fiesta de su Asunción es también anticipo de nuestro destino último, de nuestra vocación a participar en la plenitud del Reino de Dios.

Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz



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