sábado, 27 de agosto de 2016

La Santa Misa, entre el incienso de los Serafines y el humo de Satanás.


Hace unos días oí en un congreso donde había más de 500 jóvenes en Argentina, esta hermosa conferencia-meditación, acerca de la Santa Misa.
Con permiso de su autor, a quien conocí allí, el P. Fray Guido Casillo, OP, la comparto con uds. P. Javier Olivera Ravasi.
La Santa Misa, entre el incienso de los Serafines y el humo de Satanás. Por Fray Guido Casillo OP (Sacerdote dominico de Santa Fé, Argentina).
“Donde quiera que esté el cuerpo allí se reunirán las águilas” Mt 24, 28[1]
Introducción
Si sabemos que nada hay más grato en la tierra a Dios y a sus santos que la Santa Misa[1], deberíamos saber qué es para los demonios y sus secuaces lo más odioso y qué es lo que más buscan furiosamente profanar. Esto parece advertirnos nuestro Señor con estas enigmáticas palabras de sus enseñanzas sobre el tiempo escatológico: “Donde quiera que esté el cuerpo allí se reunirán las águilas”. Siguiendo a los Santos Padres de la Iglesia que comentan esta frase tan misteriosa de Nuestro Señor Jesucristo, la Santa Misa se nos revela como el centro de la batalla escatológica y el alcázar donde combatimos el buen combate de la fe esperando al Señor que vuelve[2]. San Ambrosio dice: “este es el Cuerpo del cual está dicho «Mi carne es verdadera comida» (Jn 6,56)”[3]. De las águilas se afirma que son tanto los santos y los ángeles que hacen del Santísimo Sacramento del Altar su vida[4], así como también que son los demonios y herejes ávidos de atacar lo más sagrado[5], además de que ya que el texto griego lo sugiere usando un vocablo que indica indistintamente águila o buitre.
Así experimentó el Padre Pío de Pietrelcina la Santa Misa, lugar donde Dios recibe el mayor honor y el mayor sacrilegio. Cristo sigue recibiendo como en la Cruz en la Santa Misa la adoración de la santísima Virgen y todos los santos, pero también los escarnios de los judíos y gentiles como así, y aun en forma más dolorosa para Él, los sacrilegios de todos los católicos que hacen de la Santa Misa una orgía, una comida lujuriosa. Nada puede introducir mejor el tema que queremos tratar como una carta del Padre Pío en que cuenta a su director espiritual una visión que tuvo. Permítanme transcribirla porque tal vez el divulgarla sea el único motivo por el cual la Providencia ha querido que dé esta conferencia.
“En la mañana del viernes me encontraba todavía en el lecho cuando se me apareció Jesús. Se hallaba de mala traza y desfigurado, y me mostró una gran multitud de sacerdotes, religiosos y seculares, entre los cuales se hallaban varios dignatarios de la Iglesia. De todos ellos, unos estaban celebrando la Santa Misa, otros iban a celebrarla y otros más ya lo habían hecho.
La contemplación de Jesús así angustiado me causó mucha pena, por lo que quise preguntarle el motivo de tanto sufrimiento. No obtuve ninguna respuesta. Pero Él miraba a aquellos sacerdotes hasta que, como cansado de hacerlo, retiró la vista y, con gran espanto mío, pude apreciar que dos lágrimas le surcaban las mejillas. Se alejó de aquellos sacerdotes con expresión de gran disgusto y desprecio, llamándolos ¡carniceros!
Y vuelto hacia mí, dijo: Hijo mío, no creas que mi agonía haya durado tres horas; no, yo estaré en agonía por motivo de las almas más favorecidas por mí hasta el fin del mundo. Durante el tiempo de mi agonía, hijo mío, no hay que dormir. Mi alma busca una gotita de compasión humana, pero ¡ay!, qué mal corresponden a mi amor. Lo que más me hace sufrir es que éstos, a su indiferencia añaden el desprecio y la incredulidad. ¡Cuántas veces estuve a punto de acabar con ellos, si no hubiesen detenido mi brazo los ángeles y las almas enamoradas!… Escribe a tu padre espiritual y refiérele esto que has visto y oído de mí esta misma mañana”[6].
Esto que escuchó San Pío de Pietrelcina, la Iglesia lo enseñó siempre porque se desprende del evangelio mismo, de las palabras de la consagración, de la traición de Judas… Es lo que la Iglesia instruida por el Espíritu Santo[7] enseña con insistencia de que la Santa Misa es el mismo Sacrificio de Cristo en la Cruz[8]: Ir a Misa es como entrar en un túnel del tiempo y estar junto a la Cruz con la Santísima Virgen María. Si verdaderamente creemos que la Santa Misa se identifica con el infinito Amor de Cristo entregado en la Cruz, si creemos que estamos ante Su dolor infinito, ante el dolor que asumió de todos los mártires[9], ante el dolor que asumió de toda la humanidad[10], por lo tanto, en la Santa Misa deberíamos tener un recogimiento proporcional a semejante misterio infinito, deberíamos darle la belleza que semejante Amor merece. Esta conferencia busca pertrecharnos para combatir el buen combate de la fe en estos tiempos de tanta confusión donde muchos pastores y fieles se obstinan en ir contra la Tradición y el Magisterio en un tema de capital importancia. Benedicto XVI nos ha recordado que “Los Sumos Pontífices se han preocupado constantemente hasta nuestros días de que la Iglesia de Cristo ofreciese a la Divina Majestad un culto digno de «alabanza y gloria de su nombre»” y «para el bien de toda su Santa Iglesia»”[11]… “este es Misterio de nuestra Fe”, esto tenemos que defender, incluso con nuestra vida.
En esta conferencia en primer lugar hablaremos de la desacralización de la liturgia, en segundo lugar sobre la Forma Ordinaria del Rito Latino y por último de la Forma Extraordinaria del Rito Latino de la Santa Misa.
Desacralización y secularización
Benedicto XVI en la carta que escribió a los obispos de todo el orbe con la promulgación del Motu Proprio “Summorum Pontificum”, en el cual confirmaba[12] la facultad de todo sacerdote de celebrar la llamada Misa Tridentina, ha resumido un principio fundamental de nuestra Fe Católica: “Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande”. Este principio que podríamos denominar antimodernista se equipara a lo que él llamo “hermenéutica de la continuidad”[13] que rebate tanto a la interpretación que hacen del Vaticano II los progresistas que siguiendo “el espíritu del Vaticano II” dicen y hacen cualquier cosa, como así también rebate a aquellos que acusan al Vaticano II de herejía. Para ser más gráficos habría que decir: Al Concilio Vaticano II hay que leerlo con todas las notas a pie de página que nos remiten a documentos previos de la Iglesia y nos hacen leerlo como lo que es, un Concilio de la Tradición de la Iglesia Católica, y si no tuviese suficientes notas a pie de página hay que ponerlas porque la Fe de la Iglesia Católica no puede cambiar nunca porque “Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y por los siglos” (Hb 13, 8).
Deberíamos valorar acabadamente el principio antimodernista de Benedicto XVI porque el mal de nuestra época es la desacralización que lleva a secularizar todo lo que siempre la Iglesia ha tenido por Sagrado. La voracidad de la desacralización de la Liturgia hasta llegar a ridículos inimaginables de alguien que pretende dar culto a Dios, delata quién está detrás de ello inspirándolo y promoviéndolo. San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia, lo dice bien claro: “El demonio se comunica con algunos herejes, mayormente con algunos heresiarcas, informándoles el entendimiento con conceptos y razones muy sutiles, falsas y erróneas”[14]. Para hablar con claridad y para edificación de las almas hay que desenmascarar y descubrir que quien está atrás de la reinante secularización es “el príncipe de este mundo”[15], Satanás, que ha logrado que casi se aboliese la Misa Tridentina, que ha logrado que se introduzcan cambios que ni pidió el Concilio ni están en el Misal de Pablo VI como son el cambio del oriente litúrgico, anatematizar el latín y el canto gregoriano, la práctica de la comunión en la mano… y ahora la comunión en adulterio. Benedicto XVI nos da magistralmente en este principio antimodernista una medicina y un arma para luchar contra lo que se perfila como la plataforma política del anticristo, desacralizar y secularizar todo hasta lograr una “forma política de un mesianismo secularizado”[16] como le llama el Catecismo al reino del anticristo.
Excedería los límites de una conferencia el señalar detalladamente —además de que excede mis límites— cómo el demonio ha movido y mueve los hilos de la desacralización buscando el secularismo de todo lo Sagrado. Para sentar sólidamente un estudio que nos haga ver con claridad las causas de la secularización que llega a exaltar el mundo —ateo y apóstata— como bueno —como sagrado porque esto es lo que se dice— cuando nos fue revelado que “el mundo entero yace en poder del maligno”[17], hay que remontarse a la Encíclica Pascendi de Pío X en la cual nos advierte del modernismo teológico del cual dice que es el “conjunto de todas las herejías”[18]. Por otro lado hay que advertir que la “Nouvelle Theologie”[19] que Pío XII ha condenado ha ganado en los últimos 50 años casi todos los seminarios e institutos teológicos con la nefasta consecuencia que esta “Nueva Teología” abandona y desprecia a Santo Tomas de Aquino en lo Teológico y Filosófico como lo prueba el Padre Garrigou-Lagrange OP en su importante artículo: “La «Nueva Teología» ¿Dónde nos lleva?”[20]. En el orden de las causas es importante no dejar de ver aquello que señala el Cardenal Siri en su libro “Getsemani, reflexiones sobre el movimiento teológico contemporáneo”: “Tres orientaciones características, arriana, pelagiana y modernista, se encuentran combinadas más o menos conscientemente, con más o menos astucia o estupidez, en una amalgama especulativa sin contorno preciso y sin referencias fundamentales, que sirve de base para una precipitación hacia la humanización integral de toda la religión”, es decir hacia la religión del anticristo.
Si alguien objetara —como se ha hecho— el fundamento Escriturístico sobre el sentido de lo sagrado en nuestra fe queda expuesto irrebatiblemente en el libro “Espiritualidad sacerdotal según San Pablo” por Fr. Ceslas Spicq OP donde expone que “la esencia misma de nuestra religión” es guardar el “misterio de piedad” (1Tim 3, 16). Los santos no se cansan de hablarnos sobre la sacralidad de la Santa Misa y la piedad con que hemos de vivirla. El Siervo de Dios fray Juan Gonzalez Arintero OP nos da el argumento más elevado de por qué la Santa Misa debe estar rodeada del mayor cuidado y sacralidad:
“Todo lo que pasó en el Calvario se repite constantemente sobre el altar. El altar es todos los días el monte del dolor, de la sangre, del sacrificio y de la redención. Por aquí se ve con qué amor y reverencia debemos asistir al Santo Sacrificio, donde se perpetúa la obra de nuestra reparación, y con qué afectos debemos allí asociarnos al Salvador para que su Sangre resulte provechosa para nosotros y para todos”[21].
Siguiendo el precepto del Señor y su divina enseñanza toda la Tradición nos inculca que la reverencia y sacralidad no debe ser solo exterior sino fruto del amor a Cristo, fruto de la virtud Teologal de la Caridad. La acusación de fariseísmo que hace el modernismo a todo cuidado de la sacralidad de la Santa Misa es especialmente perversa porque está apoyada en un peligro real de caer en la hipocresía como lo señala Garrigou-Lagrange OP:
“El sacerdote, cuando celebra el Santo Sacrificio de la Misa, es figura de aquél en cuyo nombre habla, de Jesucristo, que se ofrece por nosotros. Debe ser ministro consciente de la grandeza de sus funciones, y unirse más y más, con alma y corazón, al Sacerdote principal que es también la víctima sagrada, «sacerdos et hostia». Sería hipocresía, o cuando menos culpable negligencia, subir las gradas del altar sin una firme voluntad de ir creciendo en Caridad. Debe el ministro de Cristo decir cada día con más espíritu y santidad: «Hoc est corpus meum. Hic est calix sanguinis mei». Su comunión habrá de ser cada día sustancialmente más fervorosa, por una mayor disposición de la voluntad al servicio de Dios, ya que el sacramento de la Eucaristía debe, no sólo conservar, sino aumentar la Caridad de nuestras almas”[22].
Forma Ordinaria y Forma Extraordinaria del Rito Latino
La mejor apología de la “Misa nueva”, como se llama despectivamente, la hace Pío XII en su Encíclica Mediator Dei. Esta Encíclica, que es una de las tantas joyas del magisterio de Pío XII, es de indispensable lectura para todo Católico y constituye, por decirlo de alguna forma, el mejor manual de Liturgia que existe. Allí el Papa Pío XII además de exponer la naturaleza de la Liturgia aborda el tema del “progreso y desarrollo de la Liturgia” que se ha dado a lo largo de la historia de la Iglesia y que se puede seguir dando. De esta forma Pío XII da el fundamento doctrinal para las reformas Litúrgicas que él realizo y nos da a nosotros razones sólidas e inapelable para defender el Misal de Pablo VI.
Es muy conocida la descalificación que se hace del Misal de Pablo VI apelando a una carta que los cardenales Ottaviani y Bacci presentaron al Papa Pablo VI en la cual exponen una serie de objeciones al nuevo Misal. Este informe es conocido como “Breve examen crítico del Novus Ordo Missae” y ante todo hay que decir que ha sido una bendición de Dios que estos dos Cardenales hayan tenido esta intervención y habría que recordarlos como un ejemplo ya que mantuvieron firmes bajo la jurisdicción del Papa en esta batalla que fue el postconcilio (no así algunos de los teólogos que ellos consultaron como el Dominico Guérard des Lauriers OP, que en sus años de lucidez fue excelente pero lamentablemente en su vejez desvarió terminando consagrándose obispo sede-vacantista). Pero esgrimir hoy contra el Misal de la Forma Ordinaria del Rito Latino el “Breve examen crítico” es anacrónico porque fueron introducidas correcciones gracias a esta intervención de estos Cardenales. Un autor con seudónimo Fray Athanasius ha escrito un “Examen crítico al “Breve examen crítico” mostrando que las ediciones de 1970 y 2000 del Misal han superado en gran parte las críticas hechas por estos dos Cardenales. Y digo en gran parte porque es importante señalar lo que Fray Athanasius expone allí de que estos Cardenales no vieron es que el Misal de Pablo VI no es propiamente una “reforma” del Misal de Juan XXIII o Pío V, sino que es como si fuese otro rito —que Benedicto XVI ha hecho que le llamemos Forma Ordinaria del Rito Latino—, tan válido como la Forma Extraordinaria que es la así llamada Misa Tridentina como lo es también el Rito Ambrosiano de Milán o el Rito Mosárabe en España.
Por este lado hemos de hacer una defensa tanto de una Forma como de la otra del Rito Latino, donde han de coexistir los dos Misales y no hemos de oponerlos con rigurosa dialéctica hegeliana como se hace. Si comparamos la sublimidad de la “Suma Teológica” de Santo Tomas de Aquino con su breve “Compendio de Teología” que lo ideó en la última etapa de su vida nos encontramos con diferencias similares a las que hay entre la Misa de Pío V y la Misa de Pablo VI. Reconocer la necesidad de “abreviar” —siguiendo aquello de la Sagrada Pagina sobre la Encarnación del Verbo: “Palabra abreviada hará el Señor sobre la tierra”— es una obra de espíritus magnánimos que difícilmente entienden espíritus soberbios que caen en comparaciones de oposiciones dialécticas —recordemos que el non serviam vino por esta soberbia—. Santo Tomás de Aquino que compuso el “Compendio de Teología” para que fray Reginaldo de Piperno pueda tener mayor acceso y participación de los misterios de nuestra Fe que culminan en el Culto de Dios[23] bien nos ayudaría a superar esta dialéctica entre un Misal y otro. Si observamos lo que busca “Sacrosantum Concilium”, documento sobre la liturgia del Vaticano II, lejos de desacralizar la Liturgia como ha hecho el modernismo en el postconcilio apelando a un supuesto “espíritu del concilio”, lo que busca es “abreviar” la Liturgia para hacer lo que ya Pío XII reconocía como una necesidad, el mayor acceso y participación de los fieles en el misterio de la Santa Misa[24]: “Los ritos deben resplandecer con noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las repeticiones inútiles, adaptados a la capacidad de los fieles y, en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones”[25]. Esta intención de abreviar que ha que ha tenido el Concilio en materia de Liturgia queda explícita si se compara el “Liber Usualis” que contiene todas las partituras Gregorianas de la Santa Misa de Pío V, bellísimas pero lamentablemente accesibles a muy pocos, con el “Graduale Simplex” fruto de la reforma Conciliar que también contiene las partituras Gregorianas pero con tonos más sencillos y sin largos melismas —piénsese que todo sacerdote previo al Concilio debería en teoría poder cantar toda la Misa con el Liber Usualis—.
Es común que en nuestras vidas, la experiencia de lo extraordinario nos ayude a vivir con más plenitud lo ordinario. Así ocurre con la llamada forma extraordinaria del Rito Latino o Misa Tridentina, por la riqueza ancestral de oraciones y signos que contiene su Liturgia. En toda liturgia oraciones y signos se entrelazan formando una unidad, sin embargo siendo los signos una realidad más subjetiva, son ellos los que tienen una importancia decisiva para que aprovechemos espiritualmente la liturgia. Quisiera terminar esta conferencia detenerme en tres signos que la desacralización quiere hacer desaparecer y que en realidad son patrimonio de ambas Formas del Rito Latino y que en algún sentido encuadran a toda la Santa Misa.
El silencio es el primer signo de nuestra reverencia delante de la Presencia de Dios y de su Palabra, pero además el silencio en la liturgia es sagrado porque “El silencio —como ha dicho San Juan de la Cruz— es el primer lenguaje de Dios”, ya que Él es “un Dios escondido”[26], Misterioso. La Divina Liturgia de la Iglesia Oriental ha trasmitido este sagrado silencio incluso corporalmente con la presencia del iconostasio que es como el velo de la cámara del Santo de los Santos de la Antigua Alianza. La Iglesia Latina ha guardado celosamente durante siglos este silencio sobre todo en la consagración como expresión del silencio en el cual se sumió el Verbo en su Santo Sacrificio que “no abrió la boca, como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda”[27]. El silencio de la consagración nos ayuda a unir el sacrificio incruento al sacrificio cruento de la Cruz en el cual la Iglesia está junto a la Virgen María contemplándolo. Nos decía Juan Pablo II precisamente con motivo del cuadragésimo aniversario de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II:
“Un aspecto que es preciso cultivar con más esmero en nuestras comunidades es la experiencia del silencio. Resulta necesario para lograr la plena resonancia de la voz del Espíritu Santo en los corazones y para unir más estrechamente la oración personal con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia. En una sociedad que vive de manera cada vez más frenética, a menudo aturdida por ruidos y dispersa en lo efímero, es vital redescubrir el valor del silencio”[28].
El latín que la Iglesia adoptó como lengua oficial constituye en sí mismo un signo. En medio de la confusión de la multiplicidad de lenguas en la que nos encontramos, luego del intento de los hombres de elevarse a sí mismos en Babel, el latín es signo del Amor universal de Cristo que nos eleva al Cielo estando aun en la tierra para sumarnos a una sola voz con los coros de los ángeles que adoran proclamando: Santo, Santo, Santo. Quien ha experimentado la catolicidad de la Iglesia en lugares como Tierra Santa o Roma, donde uno asiste a misa a lado de un palestino, de un dinamarqués o de un chino, comprende que este Amor universal de Cristo no podría imponer a nadie una lengua particular y que es necesario que sea utilizada una que sea común a todos sin ser particular de nadie como signo de esa catolicidad. Contrariamente a lo que comúnmente se dice, el latín ayuda a comprender el misterio de la Santa Misa, nos ayuda a profundizar en él. Laicos y sacerdotes, incluso expertos en latín, se ven necesitados de preparar con antelación el significado profundo de los textos tan ricos como los del introito, oración colecta y demás textos que los santos no con menor dificultad profundizaron y se extasiaron. El Santo Cura de Ars a quien tanto le costaba el latín puede ser un modelo e intercesor para comprender que el latín en el Santo Sacrificio del Altar no está para gusto de una elite intelectual que lo aprecia estéticamente, sino por necesidad de los humildes, que para entrar en el Misterio de Dios requieren de más medios. En este sentido, el misal bilingüe que se distribuye para asistir a la misa tridentina contribuye también para contemplar el misterio del cual participamos. Siendo reconocido por muchos hombres de hoy, incluso entre aquellos que no tienen fe, como un signo de lo sagrado a través del canto gregoriano, uno comprende mejor la vehemente exhortación de Juan XXIII quien dedica toda una Carta apostólica para que sea revalorizado el latín: “La lengua latina, a la que podemos verdaderamente llamar católica por estar consagrada por el constante uso que de ella ha hecho la Sede Apostólica, madre y maestra de todas las Iglesias, debe considerarse un tesoro … un vínculo eficacísimo que une en admirable e inalterable continuidad a la Iglesia de hoy con la de ayer y de mañana”[29]. Todo un programa de apostolado se podría desarrollar cultivando este signo sagrado en su ámbito propio como es la forma extraordinaria y dar frutos increíbles como ocurrió con el escritor francés Paul Claudel, quien se convirtió escuchando canto gregoriano en vísperas de Navidad.
Hace poco más de un mes —el 5 de julio— hubo una noticia de esas que no son comunes últimamente en la Iglesia: una buena noticia —tal vez nuestra falta fe no nos las hace ver porque santos siempre hubo y ciertamente noticias malas siempre las hubo también como lo muestra tan bien el Padre Sáenz en los tomos de “La Nave y las tempestades”—. Esta buena noticia ha sido que el Cardenal Sarah, Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha dicho:
“Es muy importante que volvamos tan pronto como sea posible a una orientación común, de los sacerdotes y los fieles, mirando juntos en la misma dirección —hacia el este o al menos hacia el ábside— hacia el Señor que viene… […] La liturgia no trata de vosotros o de mí […] No es donde celebramos nuestra propia identidad o logros, ni es para exaltar o promover nuestra propia cultura y costumbres religiosas locales. La liturgia es, ante todo, sobre Dios y lo Él ha hecho por nosotros”[30].
Hemos de agradecer y pedir a Dios mucho por el Cadenal Sarah porque sus declaraciones tienen una importancia enorme. Es un signo muy significativo que el sacerdote esté junto con los fieles orientado hacia Cristo, hacia el Santo Sacrificio que está ofreciendo junto con ellos, y que una y otra vez se vuelva exhortándolos con un “Dominus vobiscum” o un “Orate fratres”. Así orientados, sacerdote y fieles, nos dan la imagen tan querida por nuestro Señor del Pastor que en Medio Oriente va delante de las ovejas para guiarlas al redil y que, vigilante, vuelve el rostro hacia ellas una y otra vez para que ninguna se quede rezagada. El Sacerdote, figura del “Buen Pastor que da su vida por las ovejas”[31], y los fieles, “pequeño rebaño que no ha de temer”[32], están orientados hacia quien es “la Puerta”[33] del redil, hacia Dios, versus Deum. Siendo que sacerdote y fieles ofrecen juntos el Santo Sacrificio del Altar orientados hacia Cristo, queda claro que es ridículo decir que el sacerdote está dando la espalda a los fieles como sería ridículo decir que la primera fila de fieles da la espalda a la segunda. El cardenal Joseph Ratzinger, ha defendido con mucha insistencia este signo litúrgico: “Pueblo y Sacerdote no se encierran en un círculo, no se miran unos a otros, sino que, como pueblo de Dios en camino, se ponen en marcha hacia el oriente, hacia el Cristo que avanza y sale a nuestro encuentro”[34]. “No se trata aquí de algo accidental sino de algo esencial. Lo importante no es el diálogo mirando al sacerdote, sino la adoración común, salir al encuentro del Señor que viene. La esencia del acontecimiento no es el círculo cerrado en sí mismo, sino la salida de todos al encuentro del Señor que se expresa en la orientación común”[35].
Por último quisiera hablar de lo más doloroso de la desacralización que es el abandono de la comunión de rodillas y en la boca. Dicen que la Madre Teresa de Calcuta dijo a un periodista que el peor mal que el mundo sufría en la actualidad era la comunión en la mano. No nos ha de extrañar que una santa de su talla considere peor la comunión en la mano que el terrible flagelo del aborto, del terrorismo o de las guerras. Recordemos lo que santo Tomas de Aquino[36] dice de que el menor bien de gracia vale más que el bien natural del universo entero, y aquí estamos ante el autor de la Gracia, no solo estamos ante algo sagrado sino ante lo más santo que existe, ante Dios, y por lo tanto si por esta irreverencia, que es en sí misma algo grave, se perdiese una partícula de hostia —como de hecho ocurre casi siempre aunque no las veamos— estaríamos ante un sacrilegio y pecado mortal. Mons. Juan Rodolfo Laise ha probado en su libro “Comunión en la mano, Documentos e historia” como ha sido introducida esta práctica tan diabólicamente. A lo que decía el Cardenal Sarah hay que agregarle: Hay que volver urgentemente a la comunión de rodillas y en la boca. Dios tiene derecho de que le rindamos todo el honor que esté a nuestro alcance darle, como es comulgar de rodillas y en la boca para ser recibido en adoración y por mediación sólo de las manos consagradas de sus sacerdotes. Alguno podría objetar que el patrono de los monaguillos San Tarsicio fue ministro extraordinario de la Eucaristía, a lo que hay que decir que se dice bien extraordinario como era en la persecución de Diocleciano o podría ser hoy en Siria, no es el caso del cura cómodamente sentado y manda a los ministros porque esta apurado para ir a ver el partido de fútbol. Por otro lado qué más hermoso para nosotros llegarnos a Él de rodillas, como quien se sabe indigno a ejemplo del leproso de Galilea (Mc 1, 40) y recibirlo en la boca “cual niños” (Mt 18, 3) para así acogerlo ostensiblemente como un don que de ninguna forma podríamos darnos a nosotros mismos ya que sin Él no podemos nada (Jn 15, 5).
Conclusión
Hemos de pertrecharnos de “sana doctrina”[37] para “combatir el buen combate de la fe”[38] porque como dice San Pablo “el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”[39]. Hemos de pertrecharnos muy en serio porque nuestro combate es espiritual, hemos de hacer vencer la Virtud Teologal de la Caridad, no luchamos contra la persona de los herejes sino contra sus herejías, San Pablo dirá: “no es nuestra lucha contra la sangre o la carne —es decir contra los hombres— sino contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos”[40]. Pero no nos extrañe que estos que toleran cualquier cosa y se llenan la boca de misericordia nos combatan a nosotros con mucha violencia como decía el Cardenal Ratzinger antes de ser elegido papa: “A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo… Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo”[41]. Pidamos a la Bienaventurada Virgen María nos conceda en “la pasión [que] se prolonga hasta el fin de los siglos” [42] estar firmes al pie de la Cruz junto a ella y no permita que el desborde de iniquidad que predijo su Divino Hijo enfrié nuestra Caridad ni apague nuestra Fe. Pidamos a la Bienaventurada Virgen María nos conceda estar como águilas ávidas del Cuerpo de Cristo viviendo la Santa Misa cada día como nuestro único tesoro esperando el retorno de Cristo.

Fray Guido Casillo OP


[1] “No hay nada más grato ni más honroso para Dios que el Sacrificio Eucarístico” (Leon XIII, Carta encíclica Mirae Caritatis, sobre la Santísima Eucaristía, n 21); “El misterio de la Sagrada Eucaristía, instituida por el Sumo Sacerdote, Jesucristo, y por voluntad de Él constantemente renovada por sus ministros, es como el compendio y centro de la religión cristiana” (Pio XII, Mediator Dei, 84); “El Sacrificio Eucarístico es fuente y culmen de toda la vida cristiana” (Lumen Gentium, n 11).

[2] El cardenal Carlo Caffarra en una entrevista concedida a La Voce di Padre Pio (marzo 2015) cuenta que Sor Lucia, vidente de Fátima, le dijo en una carta: “El enfrentamiento final entre Dios y Satanás es sobre familia y vida”. Esto en nada se opone a lo dicho sino, por el contrario, devela más aún los planes siniestros del enemigo contra el Santo Sacrificio del Altar: El demonio con el aborto y el ataque a la familia busca eliminar posibles bautizados, fieles de Cristo que vayan a la Santa Misa, posibles sacerdotes, posibles santos de la Eucaristía como son todos los santos… y sobre todo busca que se comulgue en pecado mortal, por relaciones pre matrimoniales o por adulterio como ya están enseñando sacerdotes que así es posible comulgar.
[3] San Ambrosio citado por Santo Tomás de Aquino en la Catena Aurea.
[4] “A continuación indica otra señal de su venida, cuando añade: «Donde quiera esté el cuerpo se congregarán las águilas», designando por las águilas a la multitud de ángeles, mártires y de todos los santos” (San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.76, 3). “queriendo demostrar que son como nobles y de estirpe regia, los que creyeron en la pasión del Señor” (Orígenes, in Matthaeum, 30). “Son llamados águilas, aquéllos cuya juventud se renueva, como la del águila ( Sal 102), y los que toman plumas, para llegar a la pasión de Cristo” (San Jerónimo, citado en la Catena Aurea).
[5] “Puede entenderse también, en tercer lugar, de la guerra de los herejes contra la Iglesia, y de esos Anticristos que, apoyándose en la opinión de una ciencia falsa, pelean contra Jesucristo.” (San Jerónimo, citado en la Catena Aurea). “O también designó por las águilas, que se alimentan de cuerpos muertos, a los príncipes de este mundo y a los que en todo tiempo persiguen a los santos de Dios” (San Eusebio, citado en la Catena Aurea).
[6] La carta del Padre Pío a su director espiritual está fechada el 19 de marzo de 1913, festividad de San José. Concluye con la alusión a un secreto que no debe revelar pero la alusión en el último párrafo a la masonería nos hace sospechar que ese secreto se refiere a su acción en la Iglesia. Aquí el resto de la carta: “Jesús continuó todavía, pero aquello que me dijo no podré manifestarlo a criatura alguna de este mundo. Esta aparición me causó tal dolor en el cuerpo, y mayor todavía en el alma, que durante todo el día sentí una gran postración, y hubiera creído morirme si el dulcísimo Jesús no me hubiese sostenido.
Estos desgraciados hermanos nuestros corresponden al Amor de Jesús arrojándose con los brazos abiertos en la infame secta de la masonería. Roguemos por ellos a fin de que el Señor ilumine sus mentes y toque sus corazones”.
[7] “Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena” Jn 16, 12-13.
[8] “Una… y la misma es la víctima; lo mismo que ahora se ofrece por ministerio de los sacerdotes se ofreció entonces en la cruz”. Conc. Tridentino, ses.22 c.2.
[9] “…Saulo, ¿Por qué me persigues?…” Hch 9, 4.
[10] “…porque tuve hambre y me diste de comer…” Mt 25,35.
[11] Este es el primer párrafo del Motu Proprio de Benedicto XVI “Summorum Pontificum”.
[12] “Por lo que se refiere al uso del Misal de 1962, como Forma extraordinaria de la Liturgia de la Misa, quisiera llamar la atención sobre el hecho de que este Misal no ha sido nunca jurídicamente abrogado y, por consiguiente, en principio, ha quedado siempre permitido” (Benedicto XVI, carta a los obispos que acompaña el Motu Proprio “Summorum Pontificum”).
[13] Discurso del Papa Benedicto XVI a la Curia Romana, del 22 de diciembre del 2005, en el que indicaba la correcta hermenéutica conciliar, no de ruptura (ver “L’Osservatore Romano” del 23 de diciembre 2005, pp. 4-6). El papa Francisco con una carta fechada el 7 de octubre del 2013 ha elogiado a Mons. Agostino Marchetto, uno de los grandes defensores de la “hermenéutica de la continuidad” propuesta por Benedicto XVI y un gran admirador de Romano Amerio autor de “Iota Unum”: “Una vez le dije, querido monseñor Marchetto, y hoy deseo repetirlo, que le considero el mejor hermeneuta del Concilio Vaticano II. Sé que es un don de Dios, pero sé también que usted lo ha hecho fructificar. Le agradezco todo el bien que nos hace con su testimonio de amor a la Iglesia, y pido al Señor que le sea recompensado abundantemente”.
[14] En “Subida del Monte Carmelo”, L. 2, C. XXIX, 10.
[15] Jn 12, 31.
[16] C.E.C. 676.
[17] Ef 6, 12.
[18] “abarcando con una sola mirada la totalidad del sistema, ninguno se maravillará si lo definimos afirmando que es un conjunto de todas las herejías”: Encíclica Pascendi, del Sumo Pontífice Pío X, nº 38.
[19] “Encíclica Humani Generis”, Pío XII.
[20] “Encíclica Humani Generis”, Pío XII.
[21] “La evolución Mistica”, Fray Juan Gonzalez Arintero OP.
[22] En “Las tres edades de la Vida Interior”, cap. 14, Parte I.
[23] Santo Tomas en el Prologo dice: “El Verbo del Padre Eterno, comprendiendo en su inmensidad todas las cosas, quiso reducirse a nuestra humilde pequeñez sin despojarse de su majestad, para levantar al hombre caído por el pecado, y remontarle a la excelsitud de su divina gloria. Con el fin de que nadie pudiera excusarse de no comprender la doctrina de la palabra divina, encerró en su compendio sucinto, para utilidad y provecho de aquellos que están consignados, ya en los escritos voluminosos de los hombres de la ciencia, ya en los diferentes libros de la Sagrada Escritura. En efecto, la salud del hombre consiste y se funda en el conocimiento de la verdad, conocimiento que le impide caer en los errores que oscurecen la inteligencia humana, y conduciéndole por caminos tortuosos, le arrebatan con este extravío la felicidad verdadera, por falta de observancia de la justicia, mancillándole con una infinidad de vicios. En pocos y sucintos artículos de fe ha compendiado, pues, la enseñanza de la verdadera verdad para la salvación del hombre. Esto es precisamente lo que el Apóstol dice a los romanos, cap. IX: «Palabra abreviada hará el Señor sobre la tierra», y esta es la palabra de fe que nosotros predicamos. Él ha rectificado la intención del hombre por medio de una oración corta en que nos enseñó a orar al mismo tiempo que el punto y fin al que debemos dirigir nuestra intención, y en que debemos fundar nuestras esperanzas; Él ha refundido en un sólo precepto de caridad toda la justicia humana, que consiste en la observancia de la ley; porque el amor es la plenitud de la ley. Por esta razón, dirigiéndose el Apóstol a los Corintios (1Co XIII), les enseña que toda la perfección de la vida presente consiste en la fe, la esperanza y la caridad, tres artículos en que se compendia toda nuestra salud; tres cosas en que, como dice San Agustín, está basado el Culto de Dios”.
[24] Concilio Vaticano II, Sacrosantum Concilium, 38.
[25] Mediator Dei al hablar en la IV parte sobre el progreso y desarrollo en la liturgia reconoce que un motivo es “para llegar con mayor facilidad a la mente y al corazón del pueblo cristiano”.
[26] Is 45, 15.
[27] Is. 53, 7.
[28] Carta Apostólica del 4 de diciembre de 2003, con motivo del cuadragésimo aniversario de la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II, 13.
[29] S.S. Juan XXIII, Veterum Sapientia.
[30] Discurso de pertura de la Conferencia Sacra Liturgiam 2016. Realizada en Londres
[31] Jn 10, 11.
[32] Cf. Lc 12, 32.
[33] Jn 10, 9.
[34] Joseph Ratzinger, El espíritu de la Liturgia, pág. 120, Ediciones Cristiandad.
[35] Joseph Ratzinger, El espíritu de la Liturgia, pág. 121, Ediciones Cristiandad.
[36] “El menor bien de Gracia de un solo hombre es mayor que el bien natural del universo entero”, Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I II, Q 113, a. 9, ad 2.
[37] Tito 2, 1.
[38] 1 Tm 6,12.
[39] 1Tim. 4, 1.
[40] Tito 2, 1.
[41] Misa “Pro eligendo Pontifice”, homilía del Cardenal Joseph Ratzinger Decano del Colegio Cardenalicio, lunes 18 de abril de 2005.
[42] S. León Magno, Sermo 70, 5: PL 54, 383

AGO 27/2016

Publicado por quenotelacuenten

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