domingo, 28 de agosto de 2016

Mama Antula.


por Mons José M. Arancedo.
  Hoy, en Santiago del Estero, la Iglesia beatifica a María Antonia de la Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula. Estamos ante una vida ejemplar en la que la Iglesia ha visto un camino de santidad. ¿Quién es Mama Antula? Es una laica, una mujer que recibió el evangelio, se encontró con Jesucristo y consagró su vida a la evangelización.
Nació en Santiago del Estero en 1730 y murió en Buenos Aires en 1799. Conoció los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y, al ser expulsados los Jesuitas, ella se sintió llamada a darles continuidad. Comenzó esta tarea en Santiago del Estero: “Recorrió gran parte del territorio nacional, organizando incontables tandas de ejercitantes, hasta llegar a Buenos Aires” (Bicentenario, 81). El solo pensar las distancias, los números de ejercitantes y la carencia de medios, manifiestan la presencia de una mujer superior. Es difícil comprender su obra sino la vemos desde una mirada de fe en la providencia de Dios. Mama Antula es un instrumento de este caminar de Dios junto a sus hijos.
En este año del Bicentenario, la beatificación de Mama Antula como en octubre la canonización del Cura Brochero, nos hablan de aquellas personas que abonaron la fe en el suelo argentino con el Evangelio. Ella es parte de nuestra historia, de nuestras raíces. En la Beatificación la Iglesia da gracias a Dios por su vida humilde, generosa y misionera y, al mismo tiempo, nos la propone como ejemplo de compromiso con el Evangelio recibido. La semilla de la Palabra de Dios, podríamos decir, cayó en Mama Antula “en tierra bien preparada y dio fruto abundante” (Mt. Cap. 4). La vida de la gracia no es una idea o algo etéreo, es presencia de Dios en el hombre al que lo transforma y lo convierte en testigo del Reino de Dios.
Cuando Francisco nos dice que: “quiero una Iglesia en salida”, ya Mama Antula nos había dado un claro ejemplo de este estilo de Iglesia. Ella sabía que la fe que no se vive y comunica, no es la fe que recibimos del Evangelio. La misión del Espíritu Santo es la que nos mueve a seguir a Jesucristo, que es el principio de toda renovación en la Iglesia. Esto lo sabía Mama Antula, fue una mujer invadida por este Espíritu de Dios. Ella, además, se encargaba tanto de buscar sacerdotes para predicar, confesar y dar la Misa, como de conseguir el lugar y los recursos para proveer lo necesario para su realización; hacía colectas, pedía comida y oraciones, confiando siempre en la providencia de Dios. Les recomiendo conocer su última obra, la Santa Casa de Ejercicios de la calle Independencia en Buenos Aires, que fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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