domingo, 7 de agosto de 2016

San Cayetano.

Mons. José M. Arancedo.
Cada 7 de agosto, Fiesta de San Cayetano, nuestra mirada y nuestra oración se dirigen a Dios pensando en el trabajo y el trabajador. La fe no camina al margen de la vida y las necesidades del hombre, no sería la fe que hemos conocido en Jesucristo.
La dignidad del trabajo proviene del hombre que es el sujeto que lo realiza. Esto nos habla de una dimensión antropológica y social del trabajo, que es fuente genuina de la realización plena del hombre. El trabajo no es un castigo, es una necesidad y un derecho del hombre. Es común decir, que la mayor pobreza del hombre es no tener trabajo, o no poder trabajar. Este tema, que es central en la Doctrina Social, es motivo de oración, de docencia y de denuncia en la vida de la Iglesia.
Es motivo de oración, ella nos abre a una dimensión donde Dios, el hombre y el trabajo no son islas, sino que hay una profunda relación de sentido. Dios crea al hombre y le encomienda una tarea en el mundo, en la que el trabajo adquiere toda su grandeza. La oración no es algo mágico sino que nos abre a la conciencia de nuestra condición de hijos, que Jesucristo nos enseña a vivirla en la oración, sea de alabanza, de acción de gracias como de petición. Nada es ajeno a Dios, tampoco el trabajo de sus hijos. Por ello, la oración del que pide trabajo o agradece el tenerlo, es una actitud de fe y de confianza de un hijo en Dios que es Padre.
Es también docencia. El trabajo y la cultura del trabajo hacen a la dignidad de la persona y al desarrollo de la comunidad. No se trata de un eslabón más en la cadena de producción, el trabajo justo es el que marca el nivel moral de crecimiento y equidad social. Descuidar esta dimensión es debilitar las bases de una sociedad y comprometer la libertad del hombre. Los planes de subsidios son necesarios para una coyuntura, pero no son expresión de una sociedad madura y justa. Por momentos la voz de la Iglesia asume el tono de denuncia ante hechos de injusticia, donde el valor del trabajo y la dignidad del trabajador no son tenidos suficientemente en cuenta. En estos casos la Doctrina Social de la Iglesia, que es como la resonancia temporal del Evangelio, siente la necesidad de decir una palabra. Docencia y denuncia no se excluyen, ambas son expresión de una misma voz que tiene su fuente en Jesucristo. Esta palabra es un servicio a la comunidad.

Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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