jueves, 1 de septiembre de 2016

Septiembre, mes de la Biblia.


Mons. José M. Arancedo.

En memoria de san Jerónimo, primer traductor de la Biblia cuya Fiesta celebramos el 30 de septiembre, la Iglesia nos invita a vivir el Mes de la Biblia.
La Sagrada Escritura ocupa un lugar central en nuestra vida porque nos revela el designio salvífico de Dios. Dios se nos ha ido revelando en la historia haciendo de ella una Historia de la Salvación. La Biblia recoge esta historia de Dios que tiene su culmen en Jesucristo. La mejor explicación de la unidad de todo el proyecto de Dios nos lo presenta la carta a los Hebreos, cuando dice: “Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas manera, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medios de su Hijo” (Heb. 1, 1-2).Esto nos muestra la unidad y la íntima relación en la Biblia. Para san Agustín: “El Nuevo testamento está escondido en el Antiguo y el Antiguo es manifiesto en el Nuevo”.
La actitud con la que debemos recibir la Palabra de Dios es la de humilde escucha: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Sam. 3, 10), es el testimonio siempre actual de quién la recibe con un corazón abierto. Jesús es el mejor intérprete de esta unidad de las Sagradas Escrituras, así lo vemos en el diálogo con los discípulos de Emaús, ellos lo escuchaban atentos y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? (Lc. 24, 32). La Palabra de Dios es fuente de vida, escuela de discipulado y de envío misionero. Cuando la fe y la vida cristiana pierden contacto con la Palabra de Dios, suele quedarse en esa “gris monotonía” de prácticas buenas, pero va perdiendo el entusiasmo y el compromiso del discípulo-misionero. Esto nos habla de la necesidad de conocer la Palabra de Dios para alcanzar una sólida espiritualidad bíblica.
El centro de este camino de Dios es Jesucristo. Los obispos, retomando expresiones del Concilio Vaticano II, nos decían en el reciente documento sobre el Bicentenario, que solo a la luz de Jesucristo: “se esclarece el misterio del ser humano, descubrimos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. La propuesta cristiana, concluían, tiene un núcleo que no consiste en ideas o valores, sino que es una Persona: Jesucristo” (76). En este contexto les recuerdo el consejo que nos diera el papa Francisco al decirnos que: “llevemos siempre un pequeño Evangelio para tenerlo en la mochila, en el bolsillo, y leer durante el día un pasaje. Un consejo práctico, agregaba, no tanto “para aprender” algo, sino “para encontrar a Jesús, porque él está precisamente en su Palabra, en su Evangelio”.

Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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