domingo, 16 de octubre de 2016

El Cura Brochero.

por José M. Arancedo.
  Este domingo el Papa Francisco va a canonizar en Roma a nuestro querido Cura Brochero.
Un hecho esperado que nos llena de alegría. ¿Qué es un santo en la Iglesia? Alguien que con su vida y en su propia vocación, nos ha dejado el testimonio de haber vivido el evangelio de Jesucristo de un modo ejemplar. Alguien que no se ha contentado con una vivencia, diríamos “light” de su vida cristiana, sino que la ha asumido en la radicalidad del seguimiento de Jesucristo. Esto no es obra de un voluntarismo ni es posible como una realización solo humana, sino que es un signo de la presencia del Espíritu de Dios que es la fuente de la santidad. Tampoco es un “robot”, sino una persona que desde su libertad se ha dejado invadir y transformar por Dios, y que la Iglesia nos la presenta como un testigo de vida de fe, esperanza y caridad, que es la fuente de la vida de la gracia.


Por ello, el Concilio Vaticano II nos habla de la “Universal Vocación a la Santidad en la Iglesia”. Toda persona, desde lo concreto de su estado de vida está llamada a la santidad. Brochero fue un sacerdote, un pastor, que tomó en serio en su vida el evangelio y lo vivió. Son muchos los aspectos que podemos señalar en la vida de Brochero como signos de la presencia del Espíritu de Dios. Para no extenderme marcaría dos rasgos en su vida sacerdotal. El primero, la primacía de Dios. No se lo puede entender sin esta referencia fundante de su vida. Todo en él nacía y se orientaba hacia Dios. Lo vemos en sus grandes obras de las escuelas, catequesis, retiros espirituales y la vida sacramental. Su preocupación era poner en contacto a sus fieles con un Jesucristo vivo, sobre todo a los más alejados. Fue un Pastor con mayúscula en el servicio a su rebaño. Podemos decir que la imagen del Buen Pastor, Jesucristo, tuvo en él un testigo ejemplar.


El segundo aspecto es haber asumido la realidad social como las necesidades de su gente y comprometerse con ellas como pastor. No fue un líder político o social, pero asumió con entrega y lucidez el momento de histórico y postergado de esa extensa zona de las sierras de Córdoba a su cuidado pastoral. Así lo vemos ocupado en temas como caminos, el ferrocarril, el agua y todo aquello que hacía a las necesidades de su gente. La pobreza en todas sus expresiones encontró en él una respuesta. Nada estaba ausente a su mirada de pastor. Dios no lo alejó del mundo, por el contrario lo puso en el centro de su pueblo. Esto, también, es signo de la presencia del Espíritu de Dios que no abandona a su pueblo. El Cura Brochero fue presencia de esta providencia de Dios. Así lo reconocía su gente.

Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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