domingo, 30 de octubre de 2016

Jesucristo vino a salvarnos y darnos vida.

Mons. José M. Arancedo. 
  Presentar a Jesucristo ante el mundo es una de las tareas siempre actuales de la Iglesia. Ella existe para evangelizar, pero cómo lo debemos anunciar hoy a Jesucristo.
El evangelio de este domingo nos presenta una clave que nos es propuesta por el mismo Señor, cuando es recibido en su casa por Zaqueo, el publicano: “Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lc. 19, 9). La palabra salvación es la que mejor define a Jesucristo, él viene a dar vida nueva al hombre. La salvación dice relación a la persona de Jesucristo, así fue al principio de la predicación cristiana, se lo presentaba como Salvador antes que hablar sobre su naturaleza. La salvación cristiana es encuentro con una Persona que salva, antes que con una doctrina. Esto nos puede ayudar hoy en nuestra tarea evangelizadora.
Si bien la palabra salvación nos puede hacer pensar en circunstancias límites en la vida, ella se refiere a nuestra condición de criaturas y a la necesidad de encontrar una respuesta que responda a su condición de ser espiritual. Aquella oración tan conocida de san Agustín: “mi corazón estuvo inquieto, Señor, hasta que descansó en Ti”, responde a esa sed del hombre para la cual ha venido Jesucristo. Esto significa que el hombre, en cuanto ser creado por Dios a su “imagen y semejanza”, vive a la espera de este encuentro. Cuando predicamos a Jesucristo no le predicamos al hombre algo secundario sino lo que le es propio, su verdad más profunda. Él ha sido creado para este encuentro y en él encuentra el sentido de su vida y la fuerza para vivirla.
Cuando el Concilio Vaticano II habla de la Iglesia en el mundo actual, afirma: “el misterio del hombre solo se esclarece a la luz del misterio del Verbo encarnado”, para concluir, Jesucristo: “es el hombre perfecto, que ha devuelto a la descendencia de Adán la semejanza divina, deformada por el pecado” (G.S. 22). De esta herida del pecado nos salva Jesucristo. Esta es la experiencia de quien se encuentra con Jesucristo, algo nuevo ha sucedido en su vida que sana sus heridas, hay un principio que todo lo ilumina y nos da una nueva esperanza. Benedicto XVI, lo dice claramente, en Jesucristo: “Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente” (S.S. 1).

Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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