domingo, 27 de noviembre de 2016

Adviento.

por José M. Arancedo
  Iniciamos el tiempo de Adviento como camino hacia Navidad.
Es un hecho que debemos leerlo y vivirlo desde la fe para comprender su significado personal como social, y no ser espectadores de una fecha más del calendario. La fe no es un sentimiento o una fiesta sin contenido, sino que tiene su fuente en un Dios que nos habló y que se ha comprometido con nosotros al enviarnos a su Hijo. Siempre es bueno recordar este camino de Dios en nuestra historia con las palabras de la misma Biblia: “Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas manera, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo” (Heb. 1, 1). En Navidad celebramos con gozo el cumplimiento de esta promesa que Dios nos hizo.
Adviento es tiempo de preparación para vivir un acontecimiento que nos tiene como destinatarios y testigos. Ante todo somos destinatarios: “Sí, Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único” (Jn. 3, 16), para mí, es un envío personal. Es el mismo Señor el que nos dice: “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Ap. 3, 20). La fe es encuentro del amor de Dios con nuestra libertad. No es un salto al vacío, es una respuesta libre que se apoya en Jesucristo. Con la fe aparentemente nada cambia, sin embargo todo cambia, hay una nueva referencia que da sentido a la vida y relaciones del hombre. La fe que nos abre a escuchar a Jesucristo necesita de nuestra preparación. Es cierto que es un don, pero es dado a un hombre que es libre e inteligente. Algo que impide el camino de la fe son los prejuicios que nos encierran. El don de la fe necesita de “buscadores”, de los que están abiertos.
Navidad nos hace testigos de un acontecimiento; no hay don sin tarea. El encuentro con Jesucristo no puede quedar encerrado en nosotros, él nos hace sus testigos ante el mundo. La dinámica de la fe dice relación a Dios, pero también hacia nuestros hermanos. El contenido de esta relación con Dios y con nuestros hermanos tiene en Jesucristo su camino. Su Palabra se convierte en fuente de verdad y de vida. El testimonio cristiano, que nace del encuentro con Jesucristo, es el “banco de prueba” de la fe. No podemos acercarnos a celebrar Navidad si no nos preparamos para ser sus destinatarios y testigos.

Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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