jueves, 24 de noviembre de 2016

Los que fracasan en su matrimonio no están fuera de la comunidad eclesial


Papa Francisco: “La Iglesia del Verbo Encarnado, se encarna en las vicisitudes tristes y dramáticas de la gente". 

“La Iglesia del Verbo Encarnado, se encarna en las vicisitudes tristes y dramáticas de la gente, se inclina hacia los pobres y hacia cuantos están lejos de la comunidad eclesial o se consideran fuera de ella a causa de su fracaso conyugal. Sin embargo, ellos son y siguen incorporados a Cristo en virtud del Bautismo”, expresó el papa Francisco, este viernes 18 de noviembre, a los obispos participantes en el curso sobre el nuevo proceso matrimonial, organizado por el Tribunal Apostólico de la Rota Romana. 
En su discurso a los prelados el Santo Padre destacó que su asistencia al mismo ponía de relieve que, aunque en fuerza de su ordenación eran maestros de la fe, tenían necesidad de aprender continuamente para entender los problemas y las inquietudes de la humanidad de hoy y hallar respuesta en la Palabra de Dios y en las verdades de la fe, conocidas y estudiadas cada vez mejor. 
“El ejercicio del munus docendi –recordó- está íntimamente ligado con los de sanctificandi y regendi. A través de estas tres funciones se expresa el ministerio pastoral del obispo, fundado en la voluntad de Cristo, en la asistencia del Espíritu Santo y cuyo fin es actualizar el mensaje de Jesús. La inculturación del Evangelio se basa en este principio que aúna la lealtad al mensaje del Evangelio y su comprensión y traducción en el tiempo”. 
“El beato Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi –prosiguió- exhortaba a evangelizar no de una manera superficial, sino entrando en lo concreto de las situaciones y de las personas. Efectivamente, la atención a las personas es la razón de fondo, teológica y eclesiológica, en este curso de formación. La salud espiritual, la salus animarum de las personas que nos han confiado es el propósito de toda acción pastoral. 
“En la primera carta de Pedro encontramos un punto de referencia fundamental para el oficio episcopal: “Apacienten la grey de Dios que se les encomendó, vigilando, no forzados, sino voluntariamente, según Dios, no por mezquino afán de ganancia, sino de corazón: no tiranizando a los que les ha tocado cuidar sino siendo modelos de grey”. Esta exhortación ilumina toda la misión del obispo, presentando la potestad espiritual como un servicio para la salvación de los hombres. En esta perspectiva, es necesario eliminar con firmeza los obstáculos de naturaleza mundana que dificultan a un gran número de fieles el acceso a los tribunales eclesiásticos”. 
“Las cuestiones de tipo económico y organizativo no pueden ser un obstáculo para la verificación canónica de la validez del matrimonio. Con el enfoque de una relación sana entre la justicia y la caridad, la ley de la Iglesia no puede prescindir del principio fundamental de la salus animarum. Por lo tanto, los tribunales eclesiásticos están llamados a ser una expresión tangible de un servicio diaconal del derecho con respecto a ese objetivo primario. El mismo está puesto oportunamente como la última palabra del Código de Derecho Canónico, porque lo sobrepasa como la ley suprema, y como valor que supera el derecho mismo, indicando así el horizonte de la misericordia”. 
“En esta perspectiva, la Iglesia camina siempre, como una madre que acepta y ama, a ejemplo de Jesús, el Buen Samaritano. Iglesia del Verbo encarnado, se “encarna” en las historias tristes y dolorosas de la gente, se inclina hacia los pobres y los que están lejos de la comunidad eclesial o que se consideran fuera de ella a causa de su fracaso matrimonial. Sin embargo –subrayó el Papa- están y siguen estando incorporados a Cristo por el bautismo. Por lo tanto, a nosotros nos corresponde la grave responsabilidad de ejercer el munus, recibido de Jesús, divino Pastor médico y juez de las almas, de no considerarles nunca extraños al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Estamos llamados a no excluirlos de nuestra preocupación pastoral, sino a dedicarnos a ellos y a su situación irregular y dolorosa con la mayor solicitud y caridad”. 
Después, Francisco dio las gracias al decano de la Rota Romana, monseñor Pío Vito Pinto por haber organizado el curso y a los relatores por su importante aportación teológica, jurídica y pastoral a una iniciativa que ayudará a los obispos que han participado en él a identificar el enfoque más adecuado para las no siempre fáciles cuestiones que plantea la pastoral matrimonial en sus respectivos países y diócesis. “Ustedes regresarán a sus diócesis –añadió- enriquecidos con nociones y sugerencias útiles para desarrollar con más eficacia el ministerio, especialmente en relación con el nuevo proceso matrimonial que representa una contribución importante para que en la grey que se les ha confiado crezca la medida de la estatura de Cristo, buen Pastor, del que debemos aprender día tras día la búsqueda del unum necessarium: la salus animarum. Se trata del bien supremo y se identifica con Dios mismo, como enseñaba San Gregorio Nacianceno. Confíen en la asistencia infinita del Espíritu Santo, que conduce invisible, pero realmente a la Iglesia” 
“Recémosle –concluyó- para que los ayude y también ayude al sucesor de Pedro a responder, con generosidad y humildad, al grito de ayuda de tantos hermanos y hermanas nuestros que necesitan ver la verdad de su matrimonio y del camino de su vida”.+ 

Sabado 19 Nov 2016 
Ciudad del Vaticano (AICA): 

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