sábado, 12 de noviembre de 2016

Proceso de Protestantización del catolicismo (3-4)


por Horacio Bojorge S.I.
3.7. El Cardenal Adrianus Simonis: buen conocedor del paño calvinista
Otra voz que señala la protestantización es la del cardenal primado de Holanda, Adrianus Simonis, quien, como holandés, es un buen conocedor del paño calvinista. En una entrevista a la revista 30 Días publicada en octubre de 1995, afirmó: “La situación de la Iglesia es hoy dificilísima. Puede uno preguntarse si no está en acto, en el mundo del oeste, una sedicente segunda Reforma. Hablo de una situación semejante a la del siglo XVI, que laceró a la Iglesia. [...] Esta segunda Reforma me parece aun más peligrosa que la primera”.
Quien recuerde lo sucedido con el catecismo holandés, con el sínodo pastoral holandés y con el llamado a Roma de los obispos holandeses, comprenderá a qué se está refiriendo el cardenal Simonis. Sólo que él, en esta entrevista, no se refería solamente a la Iglesia en Holanda, pionera del proceso secularizador protestantizante, ni solamente a lo que señala Wiltgen sobre el Concilio, sino a un acontecer que ya se daba antes del Concilio y que eclosionó vigorosamente durante el Concilio, a raíz de él y después de él.
 3.8. La intención de Pablo VI para el Novus Ordo Missae: “aproximarse a la liturgia protestante”
En una entrevista realizada en el programa radiofónico francés “Ici lumiére 101”[34], el presentador, un luterano francés llamado Francois Georges Dreyfus, invitó a Yves Chiron, autor de un libro sobre Pablo VI, y a Jean Guitton, el renombrado académico francés autor e íntimo amigo de Pablo VI (nadie conoció más de cerca a Pablo VI como Jean Guitton).
- Francois Georges Dreyfus: Sería superfluo presentarle a nuestros oyentes a esta personalidad clave del catolicismo moderno, no solamente del catolicismo francés, al gran filósofo católico de nuestros tiempos. Es miembro de la Academia Francesa, de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, y profesor honorario de La Sorbona. Este hombre ha escrito una serie de libros que no mencionaré (…)         Usted está aquí, (…) porque conoció bien a Pablo VI (…) Usted acostumbraba ver a Pablo VI todos los años, durante muchos años.
- Jean Guitton: Traté a Pablo VI durante casi medio siglo. Fui un íntimo amigo suyo, y puedo decir que estaba muy cerca de mí, de manera que cuando fue elegido Papa fui a verlo y le dije: “Leí en Aristóteles que no se puede ser amigo de Júpiter; vine por lo tanto a despedirme, Santo Padre, porque no puedo ser más su amigo”. Me contestó enseguida: “Oh, Guitton, ¿no tengo yo un corazón? ¿No soy capaz de tener una amistad? Usted tiene que seguir siendo mi amigo para siempre”. Lo veía todos los 8 de septiembre… me hizo hacerle la promesa, o mejor dicho dos promesas, que no fueron muy difíciles de cumplir. La primera, era ir a verlo cada 8 de septiembre, hasta el final de mi vida; y fui a verlo todos los 8 de septiembre, hasta el fin de su vida. Lamentablemente, o quizás felizmente, murió en el mes de agosto, así que no pude verlo por vigésima octava vez. Pero la segunda promesa fue más difícil de mantener. Me dijo: “Le pido que me promete escribir en confianza lo que precise sobre la Iglesia y sobre mí, ya sea que me guste o no”. Claramente este segundo pedido, esta segunda promesa solemne, fue la más difícil de mantener, porque en ocasiones defendí en su presencia a hombres de quienes él tenía una opinión muy pobre. No quiero darle mucha importancia, pero mi inclinación es ayudar a gente que no es… que es perseguida, que es malentendida, y muchas veces tuve que hacerlo frente a Pablo VI.
- Dreyfus: Me parece que no estoy de acuerdo con usted, maestro, en cuanto a las cuestiones litúrgicas. En materia litúrgica, la misa nueva de Pablo VI tal como aparece en su texto francés, contradice sin lugar a dudas el texto de la Constitución sobre Liturgia Sagrada del propio Concilio. Encuentro que esto es inquietante (…)
- Guitton: Estoy bastante impresionado de oírlo a usted hablar así, porque la intención de Pablo VI en materia litúrgica, en esa materia que comúnmente se llama “la Misa”, era reformar la liturgia católica, de manera que se aproximara lo más posible a la liturgia protestante (…) con la Cena del Señor de los protestantes. El Papa, en la liturgia católica de mi infancia, el Papa o el sacerdote nos daban la espalda. Uno sólo podía verle la espalda: ahora uno sólo puede verle la cara, de forma que…
- Dreyfus: Si usted viniera a mi parroquia luterana, sólo vería la espalda del pastor. En todas las parroquias luteranas de París solamente se puede ver la espalda del pastor.
- Guitton: Eso es extraño, porque Pablo VI lo hizo para aproximarse lo más posible a la Cena del Señor de los protestantes.
- Dreyfus: Usted querrá decir la Cena del Señor de los calvinistas. Eso es calvinización. La gente habla de protestantización, pero cuando a Pablo VI le reprochan haber protestantizado la Misa, yo pienso que quieren decir “calvinizado”.
- Guitton: Esto es un problema difícil, las diferencias entre los calvinistas y los luteranos. A menos que me equivoque, usted es más bien luterano que calvinista.
- Dreyfus: Yo de ninguna manera soy calvinista.
- Guitton: ¡De ninguna manera! Pablo VI, sin embargo, era todo lo contrario. Hay una gran diferencia entre vuestros corazones y el mío, pero yo sólo puedo repetir que Pablo VI hizo todo lo posible para alejar la Misa católica del Concilio de Trento y acercarla a la Cena del Señor de los protestantes.
Fue asistido particularmente por el Arzobispo Bugnini, aunque Bugnini no siempre tuvo la total confianza de Pablo VI. Pero estoy sorprendido con su objeción. Antes que nada, la Misa de Pablo VI es un banquete, ¿no es cierto? pone su mayor énfasis en el aspecto de participar de un banquete y mucho menos en la idea de sacrificio, un sacrificio ritual en la presencia de Dios con el sacerdote de espaldas. De manera que no creo estar equivocado cuando digo que la intención de Pablo VI y de la nueva liturgia que lleva su nombre, era la de pedirle a los fieles que participen más en la misa, la de darle más espacio a la Escritura y menos a lo que algunos llaman “La Magia”, y que otros llaman la consagración, consubstanciación, transubstanciación y la Fe católica. En otras palabras, vemos en Pablo VI una intención ecuménica de limpiar o al menos corregir o suavizar todo lo que fuera demasiado católico en la Misa y llevarla, como lo digo otra vez, lo más cerca posible de la liturgia calvinista. Así de claro: es una revolución en la Iglesia.
- Dreyfus: Yo sólo agregaría que el Padre Congar habla de una revolución de octubre en la Iglesia[35].
- Guitton: Así es. Hoy en día estamos experimentando tal revolución, que divide a los católicos y divide a las familias, y que los seguirá dividiendo por mucho tiempo. En muchas familias católicas, la gente se pregunta: “¿A qué Misa vas?”
3.9. El Cardenal Basil Hume: Mengua de la devoción eucarística
El Cardenal Basil Hume, según un informe de The Catholic Herald publicado el 3 de septiembre de 1999, lamentaba, muy poco tiempo antes de su muerte, el hecho de que los católicos de su país hubiesen perdido la devoción por la Eucaristía, base de la Fe católica, asimilándose así al cristianismo protestante.
Esto sucedía no obstante el alerta de Pablo VI en su encíclica Mysterium Fidei, en la que el Papa había salido, ya en 1965, al cruce de “opiniones acerca del las Misas privadas, del dogma de la transubstanciación [y por consiguiente de la presencia real], y del culto eucarístico que turban las almas”[36]. Se trata de las mismas opiniones de Lutero. En 1967, a poco de terminado el Concilio, Pablo VI comprobaba la expansión de este tipo de “desviaciones doctrinales análogas a las que efectuó en su época la Reforma Protestante” (27-6-67).
3.9.1 El P. Lucas Prados: Comunión en pecado mortal
Pasados quince años de las declaraciones del Cardenal Hume, el padre Lucas Prados observa en un artículo publicado en Internet[37] que:
“Desde hace poco más de cincuenta años, y como consecuencia de la pérdida bastante generalizada  de la fe de muchos católicos en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, se ha ido extendiendo como enfermedad contagiosa la posibilidad de recibir a Jesús Sacramentado estando en pecado mortal. Y lo peor de esto es que se está fomentando este sacrilegio desde el mismo estamento clerical e incluso por parte de la jerarquía”.
E invita a la memoria: “No podemos olvidar las palabras que nos dice San Pablo: “Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, por tanto, cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz; porque el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación”[38].
3.9.2 El P. Lucas Prados ¿El Libro versus las especies eucarísticas?
El mismo padre Lucas Prados hace notar cómo en la liturgia de la misa se han ido corriendo los acentos o los énfasis rituales que han ido acentuando las solemnidades alrededor del evangeliario o de las Sagradas Escrituras y esfuman los signos de adoración que se le brindaban al momento de la consagración, y a las especies consagradas al recibirlas en la comunión. He aquí cómo describe ese corrimiento de la  veneración:
“Es al mismo tiempo curioso que esta disminución de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía vaya acompañada con una exaltación un tanto teatral de la presencia de Dios en las Sagradas Escrituras. Estamos acostumbrados a ver en algunas celebraciones eucarísticas donde está presente el obispo que un lector vaya en procesión con los brazos en altos portando las Sagradas Escrituras; pero desgraciadamente también estamos acostumbrados a ver el indigno e irrespetuoso trato que se da a la Eucaristía en esas mismas ceremonias. Es también curioso que se lleven los Evangelios con los brazos en alto, y al mismo tiempo se cambien las palabras que el mismo Cristo pronunció. ¿Estaremos reduciendo nuestra fe a puro teatro?
“Es más, en algunas ocasiones se intenta poner en el mismo nivel, por no decir que se presta más respeto, a las Sagradas Escrituras que a la Eucaristía. Es frecuente ver en algunas iglesias católicas modernas  colocar las Escrituras en un lugar importante del presbiterio (al estilo protestante), mientras que la Eucaristía es relegada a un rincón oscuro y apartado del mismo templo. En fin, son tiempos de crisis en los que parece que el mundo se ha vuelto del revés”[39].
3.10. El Cardenal Gerhard Ludwig Müller
El padre Joan Antoni Mateo García observaba[40] que ya desde 2011, siendo obispo de Ratisbona, el hoy Cardenal Müller había alertado contra el peligro de la protestantización del catolicismo. En ocasión de la visita de Benedicto XVI a Alemania, el entonces Obispo de Ratisbona Mons. Gerhard Ludwig Müller, acusó a los representantes de la iglesia protestante alemana de querer “dividir” a la Iglesia Católica. En una entrevista a PNP[41], Mons. Müller que era entonces el responsable del movimiento ecuménico en la Conferencia Episcopal Alemana atacó las “declaraciones controvertidas” antes y durante la visita del Papa a Alemania[42] y cuestionó el ecumenismo católico-protestante.
            “Müller fue particularmente crítico con el obispo protestante de Berlín, Markus Dröge, quien escribió que Benedicto XVI “no tiene ni idea del ecumenismo”. Tales declaraciones sólo deben “ser descartadas como totalmente sin fundamento”, dijo el obispo de Ratisbona, afirmando: “Si se continúa en esta línea, sería la muerte del ecumenismo”.
            Müller explicó que antes de la visita de Benedicto XVI se realizó “un juego traicionero con grandes expectativas”: “No sólo de que el Papa debiera dar un dramático paso ecuménico sino de que debiera diluir en agua la doctrina católica”.
Después de la visita del Papa hubo ya intentos “dispersos” por parte protestante de insertar una “bacteria” (literalmente, un hongo que al fin quiebra el tronco de un árbol) en la Iglesia Católica “con la cual poner al Papa y los obispos contra la supuesta mayoría de la población católica”. Para Müller, “ellos quieren llevar a una parte de los fieles católicos para su lado o, alternativamente, protestantizar a la Iglesia Católica”. En esto – comenta el P. Mateo García - creo, que dio en el clavo. Porque estos intentos de perversión de la fe católica son más actuales de lo que podríamos imaginar y, sin duda, uno de los mejores antídotos contra los mismos son los Obispos que no eluden la confrontación, cuando sea necesaria, para defender la fe”[43].
3.10.1. Confrontación con la Conferencia Episcopal alemana.
Cuatro años  después, ya Cardenal y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Müller enfrentó nuevamente el fenómeno cuando en ocasión del Sínodo de la familia, buena parte de los obispos de la Conferencia episcopal de Alemania reclamaban  la libertad para apartarse de las pautas universales de la  Iglesia católica en lo relativo a la concesión de la comunión a los divorciados vueltos a casar u otros graves asuntos.
En ocasión de la presentación del libro del cardenal Robert Sarah de Guinea: "Dios o nada. Una discusión acerca de la fe"[44] Gerhard Ludwig Müller expresó su disenso con las fuerzas liberales de la Conferencia Episcopal Alemana, especialmente con su presidente el cardenal Reinhard Marx, aunque sin mencionarlo. Müller desaprueba que los obispos alemanes traten de "crear un clima en el que reclaman un cierto liderazgo para toda la Iglesia universal".
Es que, entre ambos sínodos, el Cardenal Reinhardt Marx había afirmado, con gran revuelo de la prensa que en cuanto a la doctrina se debe estar en comunión con la Iglesia, pero en cuestiones individuales de atención pastoral, “el Sínodo no puede prescribir en detalle de lo que tenemos que hacer en Alemania”. Por lo tanto, añadió, los obispos alemanes tienen la intención de publicar su propia carta pastoral sobre el matrimonio y la familia después del Sínodo. El oficio de los obispos, dijo, no es esperar a recibir permiso. “No somos sólo una filial de Roma. Cada Conferencia Episcopal es responsable de la pastoral en su cultura, y tiene como deber anunciar el Evangelio. No podemos esperar hasta que un sínodo establezca algo, como hemos hecho aquí, para abordar la pastoral familiar”[45].
 El Cardenal Müller salió al cruce de estos dichos por su sabor cismático-protestante diciendo:
“Esta es una idea absolutamente anti-católica que no respeta la catolicidad de la Iglesia. Las conferencias episcopales tienen autoridad sobre ciertas cuestiones, pero no un magisterio paralelo al Magisterio, sin el Papa y sin comunión con los demás obispos” […] “Una conferencia episcopal no es un sínodo local, menos aún un concilio ecuménico. El presidente de la conferencia episcopal no es más que un moderador técnico, y no tiene ninguna autoridad magisterial particular debido a este título” […] “Al escuchar que una conferencia episcopal no es una 'rama de Roma' me da la ocasión para recordar que las diócesis no son tampoco las ramas de la secretaría de las conferencias episcopales, ni de la diócesis cuyo obispo preside la Conferencia Episcopal” […] “Este tipo de actitud amenaza de hecho, el despertar de una cierta polarización entre las Iglesias locales y de la Iglesia universal, algo fuera de época tras los concilios Vaticano I y Vaticano II. La Iglesia no es una suma de las iglesias nacionales, cuyos presidentes votarían para elegir a su jefe a nivel mundial”[46]. Resulta clara la alusión a las comunidades eclesiales protestantes.
En otra oportunidad posterior, el Cardenal Müller les niega autoridad a los obispos alemanes para querer imponer sus criterios a la Iglesia universal dada la crisis de fe que ha consumido y sigue consumiendo aceleradamente al catolicismo en Alemania.
Según informaba el vaticanista Sandro Magister en ocasión de la visita de Benedicto XVI a Alemania, en setiembre de 2011, no sólo en el Este, sino en toda Alemania, menos de la mitad de la población, el 47 por ciento, afirma que cree en Dios. Desde 1950 hasta hoy los protestantes han descendido de 43 a 25 millones. Mientras que los católicos eran 25 millones en 1950 y su número sigue siendo el mismo, también ellos han perdido a muchos en el camino. Si en 1950 un católico cada dos iba a Misa todos los domingos, hoy en el Oeste del país sólo el 8 por ciento va a Misa. En la ex Alemania oriental, donde los católicos son una pequeña minoría, este porcentaje es del 17 por ciento. La edad promedio de los practicantes es en todos lados de 60 años. Y sólo el 15 por ciento de los alemanes menores de 30 años, verdaderamente los potenciales progenitores de la futura generación, considera que la educación religiosa es importante para los hijos. En cuanto a los contenidos de la fe, sólo el 58,7 por ciento de los católicos y el 47,7 por ciento de los protestantes creen que Dios ha creado el cielo y la tierra. Y todavía menos son los que creen en la concepción virginal de María o en la resurrección de los muertos. Sólo el 38 por ciento de los alemanes consideran la Navidad una fiesta religiosa[47]. Pero en el año 2014, como nunca antes sucediera, abandonaron la iglesia católica 218.000 alemanes[48].
El mismo Benedicto XVI, en su discurso ante el Comité Central de los católicos alemanes les llamaba la atención sobre el siguiente hecho que también les señaló a los obispos y que debía llamarlos a más humildad, tanto para pretender imponer su óptica a toda la Iglesia como también para reclamar una autonomía para encarar la pastoral separándose de la doctrina:
“En Alemania la Iglesia está organizada de manera óptima. Pero, detrás de las estructuras, ¿hay una fuerza espiritual correspondiente, la fuerza de la fe en el Dios vivo? Debemos decir sinceramente que hay un desfase entre las estructuras y el Espíritu. Y añado: La verdadera crisis de la Iglesia en el mundo occidental es una crisis de fe. Si no llegamos a una verdadera renovación en la fe, toda reforma estructural será ineficaz”[49].
3.10.2 El peligro de separar la pastoral  de la doctrina
Es a esto a lo que vuelve a aludir, años después, el Cardenal Müller en ocasión de la presentación del libro del Cardenal Sarah y lo que constituye asimismo el telón de fondo de sus palabras al episcopado chileno. En la presentación del libro del Cardenal Sarah se expresó así en Regensburg:
“En cuanto a la separación de la doctrina religiosa y la práctica religiosa, justamente nosotros en Alemania debemos estar muy atentos y no olvide la lección de historia de la Iglesia. La venta de indulgencias el fatídico año de 1517 fue lo que dio ocasión de la reforma protestante y una no deseada división de la cristiandad occidental. No fue la doctrina de Johann Tetzel Raíces sobre el perdón de las penas temporales por el pecado la que estaba mal, como lo sabemos hoy en día, sino el no tenerla en cuenta en la práctica con lo que se suscitó una falsa apariencia. A los maestros de la fe no les es lícito inducir en los hombres una falsa sensación de seguridad acerca de la salvación, por el sólo motivo de no provocar el rechazo. Y la protesta original de Lutero protesta original contra la negligencia de los pastores de la Iglesia estaba justificada, porque no está permitido jugar con la salvación de las almas, incluso si el propósito de suscitar la ilusión de obtenerla fuese una buena acción. No debemos dejarnos engañar cuando se trata de la naturaleza sacramental del matrimonio, su indisolubilidad, su apertura a los hijos, y a la complementariedad fundamental de los ambos sexos. No nos es lícito engañar a los hombres en lo que atañe al carácter sacramental del matrimonio, a su indisolubilidad, su necesaria apertura a los hijos, y la fundamental complementariedad de ambos sexos. La solicitud pastoral debe tener presente la salvación eterna y no solamente apuntar principalmente a complacer los deseos de la gente”[50].


(continuará)



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