martes, 1 de noviembre de 2016

Seis ideas dominantes en nuestros días cuyo origen se remonta a la predicación de Lutero

El inicio de las celebraciones protestantes por la Reforma ha puesto de máxima actualidad la figura de Martín Lutero (1483-1546), el principal de los grandes heresiarcas del Renacimiento.
Con ese motivo, Jorge Soley ha resaltado en un artículo en Actuall algunas ideas corrientes hoy día que provienen directa o indirectamente del ex monje agustino:
500 años después de las 95 tesis de Lutero seguimos pagando su factura
El 31 de octubre de 2017 se cumplen quinientos años de un hecho trascendental: el monje agustino Martín Lutero, según la versión de su amigo Felipe Melanchton, clavaba sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg. Era el gesto que simbolizaba la abierta rebelión de Lutero frente a Roma, el nacimiento del protestantismo y la quiebra de la Cristiandad.
Historias del pasado, dirán algunos, muy alejadas de los problemas actuales y que tienen un interés limitado que se circunscribe a los aficionados a la historia y a los aún más raros aficionados a la teología. Un asunto, pues, curioso pero relevante solo para unos pocos aficionados excéntricos.
¿De verdad es así? Se acaba de publicar en España un libro de la historiadora italiana Angela Pellicciari, titulado La verdad sobre Lutero, que muestra la falsedad del argumento que acabamos de exponer. El libro, en sus poco más de 150 páginas, combina amenidad con rigor y plantea importantes cuestiones que nos obligan a reflexionar sobre el origen de muchos de los problemas que, con exceso de superficialidad, consideramos “actuales” y que, sin embargo, hunden sus raíces en un pasado cuyos efectos ahora podemos ver en toda su crudeza. Una crudeza que aterrorizaría al mismo Lutero, aprendiz de brujo que desencadenó algunas fuerzas que ya no pudo controlar, ni siquiera en vida.
De la lectura del libro de Pellicciari, y sin pretender agotarlo, se desprenden algunas consecuencias que muestran que el legado de Lutero está muy presente en nuestro mundo:
-Nadie es responsable de nada: ¿cuántas veces hemos oído eso tan moderno de que no somos responsables de nuestros actos, siempre condicionados por la sociedad, el entorno, los traumas de la infancia, etc? Una idea que aparece ya en Lutero cuando escribe: “Es falso decir que la voluntad es libre de decidir entre el bien y el mal. La voluntad no es libre, es esclava“.
-No pueden existir los compromisos para siempre: en nuestro mundo cada vez más se contempla el compromiso para siempre como una aberración, un atentado a una libertad que no puede admitir restricción alguna (la única restricción que admitirán los modernos es ésta: el uso de la libertad para tomar una decisión definitiva). Algo que ya estaba en Lutero, para quien al hombre, cuya naturaleza está corrompida de raíz, no se le puede exigir un compromiso “para siempre”, que desaparece en favor del “todo el tiempo que quiera, siempre y cuando lo disfrute, siempre que me sea posible“. Así actuó respecto a su voto religioso y a su celibato.
-El poder político tiene potestad absoluta sobre los hombres: esta idea, que alcanza su más terrible desarrollo en el siglo XX y que continúa tan campante en el actual, toma un fuerte impulso en el caos provocado por la rebelión luterana. Ante una situación que se le escapa de las manos como es la revuelta de los campesinos alemanes (en la que alrededor de cien mil campesinos fueron asesinados, empalados, quemados y cegados), Lutero entrega todo el poder a los príncipes, pues “Cristo pone cuerpo y bienes bajo el emperador y la ley secular”. La aplicación práctica de este concepto, aunque algo cruda, no deja lugar a dudas: “El momento es tan excepcional que un príncipe puede, derramando sangre, ganarse el cielo. Por esto, querido señores, exterminad, matad, estrangulad y los que tienen el poder que lo usen”.
-La Iglesia sometida al Estado: una de las recurrentes amenazas de hoy día que surge como corolario a lo antes expuesto y que, en tiempos de Lutero, germina en la aparición de las “iglesias nacionales”. Como escribe Pellicciari, “la jurisdicción eclesiástica se ha convertido en un apéndice de la civil“.
-El matrimonio es un contrato que el Estado puede redefinir a su antojo: una de las grandes cuestiones de nuestros días aparece ya cuando Lutero debe enfrentarse a la bigamia del luterano de primera hora Felipe de Hesse. Y lo resuelve así: “El matrimonio es una cosa terrenal, no le corresponde a los sacerdotes o ministros de la iglesia dar ninguna disposición o dirigirnos en este asunto“. Y más adelante defenderá que se puede dar una dispensa para el “matrimonio extra”, pues éste puede ser determinado por una “necesidad de conciencia“‘ y “el hombre puede, con el consejo de su pastor, tomar otra mujer“. Nos parece estar escuchando alguno de los argumentos, también procedentes de Alemania, que han ensombrecido la vida de la Iglesia recientemente.
-¿Mentir por una buena causa? Pues claro que sí. Una costumbre que de tan extendida ya nos parece lo normal y que no se remonta sólo a Maquiavelo. Escribe Lutero: “Decir una mentira, necesaria, útil y que te ayuda, no va en contra de Dios, al contrario, Él la acoge voluntariamente sobre sí“.
Podríamos seguir, pero será mejor que vayan al libro de Angela Pellicciari y descubran que cinco siglos no son nada y que de aquellos pollos vienen estos lodos.


ReL  (1 noviembre 2016)

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