lunes, 16 de enero de 2017

Carlos de Foucauld: "Oración del abandono".

Por María Teresa Rearte (*)
El 1º de diciembre del año 2016 se cumplieron cien años de la muerte del Hno. Carlos de Foucauld  (1858-1916), a quien en estas mismas páginas he evocado.
En esta oportunidad deseo presentar la “Oración del abandono”, que le pertenece. Y puede nutrir nuestra espiritualidad con el amor que inspira y  da contenido a la suya.
      Como sabemos, al final todo se sintetiza en “la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de todas es el amor”, dice san Pablo (1 Cor 13, 13) Las tres constituyen lo que llamamos las virtudes teologales, que nos orientan hacia Dios como el objeto y término de nuestro obrar y existir. 
       En la noche del espíritu el hombre llega a advertir y comprender el abismo que separa el amor al que estamos llamados y el amor mezquino y retaceado con el que amamos a Dios. San Juan de la Cruz llamó a esta experiencia “dolencia de amor”. Entendía por tal la herida que causa en la persona humana la falta de amor. Lo que es, no obstante, una señal de la autenticidad de nuestro poco amor, que lleva a comprender y desear ser capaces de un amor mayor y mejor. A ser más delicados en nuestros gestos de amor, por ejemplo en la oración, aunque no sólo en ella.
        Ese ardor que despierta en nosotros, se encuentra con la laxitud del comportamiento habitual de nuestro tiempo y la negativa, hasta la oposición, para adherir a un amor más fuerte, profundo y entregado. La persona se rehúsa a comprometerse. No está dispuesta a entregarse y se aferra a algo que quiere guardarse para sí. Por eso san Pablo decía que “cada vez que quiero hacer el bien es el mal el que se me presenta. Me complazco en la ley de Dios según el hombre interior; pero advierto otra ley en mis miembros, que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros.” (Rom 7, 21-23) El hombre no sabe morir a su yo. Con frecuencia se reserva algo. En cambio, el Hno. Carlos de Foucauld ha descubierto que “la imitación es inseparable del amor… Ese es, dice, el secreto de mi vida. He entregado mi corazón a este Jesús de Nazaret crucificado hace 1900 años y paso mi vida tratando de imitarlo tanto como me lo permite mi debilidad.”
      Por lo que se impone un reto decisivo para el hombre, que es dejar que el amor de Dios obre en nosotros con libertad. Y que nos disponga para amarle sin trabas ni condiciones. En la “Oración del abandono” Carlos de Foucauld logra expresar, en admirable y humilde síntesis, los sentimientos que animan  su corazón. 
       Dice así:


              “Padre mío, me abandono a Ti; 

                      Haz de mí lo que quieras.
               Sea lo que sea te doy las gracias.
              Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, 
            Con tal de que Tu voluntad se haga en mí, 
                     Y en todas Tus criaturas.
                   No deseo nada más Dios mío,
                      Pongo mi vida en Tus manos, 
                               Te la doy, Dios mío,
                   Con todo el amor de mi corazón,
                                   Porque te amo,
                  Y porque para mí amarte es darme,
                 Entregarme en tus manos sin medida, 
                          Con infinita confianza,



                          Porque Tú eres mi Padre.” (**)

    
   
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 (*) La autora ha sido Profesora de Ética, de Teología Moral y Ética Profesional, y de Teología Dogmática (Antropología Teológica, Iglesia y Sacramentos) en la Universidad Católica de Santa Fe. Y de Ética I y II en el Instituto Superior “San Juan de Ávila” (Seminario Metropolitano)

(**) “Autobiografía” de Carlos de Foucauld.








      


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