sábado, 21 de enero de 2017

La vida cristiana es una lucha contra las tentaciones de Satanás.

Francisco en Santa Marta: una existencia sin ser tentados no está dedicada a Dios, es ideológica; hay que seguir a Jesús, que vino para derrotar el mal diabólico. por Domenico Agasso JR.
Luchar contra el mal, contra el Diablo y contra las tentaciones que crea para destruir el bien. Pero para lograr derrotar todo esto hay que dejarse atraer por Jesús, que vino para eliminar la mala influencia de Satanás en los corazones de los hombres. Esta es la vida cristiana, subrayó Papa Francisco en la homilía de la misa de hoy, 19 de enero de 2017, por la mañana en la Capilla de la Casa Santa Marta. 
Según indicó la Radio Vaticana, el Pontífice reflexionó en su homilía sobre el pasaje del Evangelio del día que narra la escena de la multitud que sigue a Cristo con entusiasmo. Y ante la pregunta de por qué lo hacía, Francisco explicó que el mismo Evangelio relata que eran enfermos, que querían curarse; pero también había personas a quienes les gustaba escuchar al Señor porque hablaba, no como los Doctores, sino «con autoridad», con lo que llegaba a los corazones. 
Esta gente, prosiguió diciendo el Pontífice, «iba porque sentía algo», hasta el punto de que el Señor tuvo que pedir una barca para alejarse un poco de la orilla. «Esta muchedumbre ¿iba a ver a Jesús? ¡Sí! ¿Tenía necesidades? ¡Sí! Algunos eran curiosos –explicó– , pero estos eran los escépticos, la minoría… Pero a esta muchedumbre la atraía el Padre: era el Padre el que atraía a la gente hacia Jesús. Hasta el punto de que Jesús no permanecía indiferente, como un maestro estático que pronunciaba sus palabras y después se lavaba las manos. ¡No! Esta muchedumbre tocaba el corazón de Jesús. El mismo Evangelio nos dice: ‘Jesús se sentía conmovido, porque veía a esta gente como ovejas sin pastor’. Y el Padre, a través del Espíritu Santo, atraía a la gente hacia Jesús». 
De este modo, Francisco puso de manifiesto que la gente no se mueve a causa de razonamientos o «argumentos apologéticos». No, dijo, «es necesario que sea el Padre quien te atraiga a Jesús». Por otra parte, el Santo Padre observó que es «curioso» que en este pasaje del Evangelio de San Marcos, en el que se «se habla de Jesús, se habla de la muchedumbre, del entusiasmo y del amor del Señor», se termine con los espíritus impuros que cuando lo veían le gritaban: «¡Tú eres el Hijo de Dios!». «Esta es la verdad –dijo Bergoglio–; ésta es la realidad que cada uno de nosotros siente cuando se acerca a Jesús. Los espíritus impuros tratan de impedirlo, nos hacen la guerra. ‘Pero, Padre, yo soy muy católico; voy siempre a Misa… Pero jamás, jamás, tengo estas tentaciones. ¡Gracias a Dios, no!’. ’¡Reza, porque estás por un camino equivocado!’. Una vida cristiana sin tentaciones no es cristiana: es ideológica, es gnóstica, pero no es cristiana. Cuando el Padre atrae a la gente hacia Jesús, hay otro que te atrae de modo contrario ¡y te hace la guerra dentro! Y por esta razón Pablo habla de la vida cristiana como de una lucha: una lucha de todos los días. ¡Una lucha!». 
Una lucha, insistió el Papa, «para vencer, para destruir el imperio de satanás, el imperio del mal». Y para esto, recordó, «ha venido Jesús, ¡para destruir a satanás! Para destruir su influencia sobre nuestros corazones». E insistió en que el Padre «atrae a la gente a Jesús», mientras el espíritu del mal «trata de destruir, ¡siempre!». 
La vida cristiana, concluyó Papa Francisco, «es una lucha así. Si quieres ir adelante, ¡debes luchar! Sentir el corazón que lucha, para que Jesús venza». «Pensemos cómo es nuestro corazón: ¿siento esta lucha en mi corazón? ¿Entre la comodidad o el servicio a los demás, entre divertirme un poco o hacer oración y adorar al Padre, entre una cosa y la otra? ¿Siento la lucha, las ganas de hacer el bien? ¿Creo que mi vida conmueve el corazón de Jesús? Si yo no creo esto, debo rezar mucho para creerlo, para que me sea dada esta gracia. Que cada uno de nosotros busque en su corazón cómo va la situación allí. Y pidamos al Señor ser cristianos capaces de discernir lo que sucede en el propio corazón y capaces de elegir bien el camino sobre el que el Padre nos atrae a Jesús». 


Vatican Insider. La Stampa (19/1/17)

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