domingo, 8 de enero de 2017

Noche de Reyes

por Prof. María Teresa Rearte
Epifanía… Noche de Reyes, de sueños y de espera… En lo alto, la luna parecía aventurarse en alocada carrera con las nubes, que el viento desplazaba velozmente hacia otras latitudes.

   La casa permanecía en silencio. Sólo se escuchaba el ulular frenético del viento, frecuente alivio para el calor de nuestros veranos, y a “Batuque” yendo de un lugar a otro, y bostezando ruidosamente.
    Diego se movía inquieto en la cama. Todo aquel día habíamos trepado a los árboles, buscando abundante alimento para los camellos. Y preparamos una tinaja con agua fresca para los fatigados Magos del Oriente que, por ignotos caminos, bajarían del cielo hasta aquel pueblito cuyos niños, de tez oscura y ojos traviesos, una vez al año daban rienda suelta a la ansiedad de sus corazones.
    -Melchor, Gaspar, Baltasar…-, repetía mi hermano en voz muy baja, y de tanto en tanto se levantaba para ver nuestros zapatos, que aquella tarde habíamos lustrado con esmero, anhelando encontrar junto a ellos el regalo esperado.
    -Shulka(*)… ¿qué le llevaron al Niño?-, me preguntaba, en abierta alusión al Niño Jesús de Belén.
    -Unos cofres, con oro…, incienso… y mirra-, le respondía. Había visto el pesebre en la iglesia y me sentía fuertemente atraída por aquellos relatos. En cambio Diego era más distraído. A su lado, yo me sentía dueña de una gran sabiduría.
    -Shulka…, - mi hermano no podía dormir. -¿Cómo harán para dejarme la bicicleta…? Quiero que sea azul…-, insistía él.
    -Duerme, duerme ya…- El tic tac del reloj del comedor nos llegaba acompasado. A mí se me cerraban los ojos por el sueño; pero a mi vez soñaba con un hermoso juguete, un piano, que había visto en la tienda de don Matías.
    -Me pareció oír un ruido-, decía Diego con miedo.
    -Es “Batuque”; duerme, duerme ya…-, le contestaba, tratando de tranquilizarlo; pero el proseguía: -Quiero que sea azul…- 
    Inquieta, también yo me desvelaba. Hasta que, de pronto, mi hermano se incorporó en la cama, sobresaltado. –Shulka, mis zapatos están viejos…, no les gustarán-. Entonces, me esforzaba más y más para serenarlo, y dulcemente le repetía, casi como una canción: -Duerme, duerme hermanito mío, que tu ángel te cuidará…- Pero él no comprendía mucho lo que le decía. Sólo pensaba en los Reyes Magos y en aquella bicicleta azul que tanto anhelaba.
     Las nubes habían ocultado la luna. Un relámpago iluminó la habitación, se oyó un trueno y comenzó a llover.- ¡Shulka!-, era Diego otra vez.-Tengo miedo… A los “Magos” los atrapó la tormenta. ¡Shulka!... Melchor, Gaspar, Baltasar…, quiero que sea azul…-

                                                   María Teresa Rearte Basla (**)

(*)  Shulka: en lengua quichua, hija menor.
(**)Del libro “Shulka. Recuerdos de la infancia”, edición de la autora. Santa Fe, julio 2001.
                                                                                                                                                                                                          

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