martes, 24 de enero de 2017

Un cura y dos periodistas van a una clase de transexualidad en el colegio y hacen preguntas molestas.



La ayudante de Leo junto a la pantalla de clase con los gráficos de ideología de género explicada a padres de familia. 
por Pablo J.Ginés / S.Osorio 
Leo Mulió se extirpó los pechos, tomó hormonas para que le creciera barba y ahora trabaja en la Fundación Daniela dando charlas en colegios a padres y niños, anunciando la doctrina de la ideología de género.
A una de estas charlas escolares, abiertas al público en general, acudieron periodistas de ReL junto con un sacerdote, el padre Julián Lozano, que también es periodista y delegado de Comunicación de la diócesis de Getafe. 
En los pupitres del aula infantil, el último lunes de noviembre, a las cuatro de la tarde, se sentaban trece o catorce adultos, incluyendo a los tres atentos periodistas. El director de ese colegio público, en una ciudad al sur de Madrid, explicó que la escuela está trabajando el tema de “la diversidad” y “el respeto”. Y que para eso habían invitado a Leo y una compañera (“cisgénero”, dijo Leo, es decir, normal).
Habían impartido una charla con juegos a los niños del colegio de 10 y 11 años, sin padres presentes. Ahora hablarían a los padres en este acto abierto. El director no se quedó a escuchar la charla de estos ponentes ajenos al centro.

Una nueva "religión"... y hay que creerla porque sí

Leo predica una “religión” extraña pero con un método clásico: primero el kerigma, el anuncio del núcleo de la doctrina. Después, su testimonio personal. La doctrina es rigurosa, con dogmas muy tajantes y no admite muchas heterodoxias. A saber: 
-    No hay cuerpos de chica ni cuerpos de chico, hay niños con vulva y niñas con pene
-    A los 4 o 5 años cada pequeño sabe cuál es su identidad de género y en este tema nunca, nunca, se equivocan; los equivocados son todos los demás, especialmente los médicos, por asignarles una identidad mirando sus genitales
-    Por lo tanto, no se sabrá si alguien es niño, niña u otra cosa hasta que pueda hablar y lo diga
-    No hay ninguna prueba científica que muestre si alguien es hombre o mujer; la única forma de saberlo es que la persona lo diga, lo que declara ser
-   Esa identidad es así y siempre será así desde los 4 o 5 años. Cuando se pregunta a Leo sobre los extransexuales, la gente que dejó atrás la transexualidad, dice que no existen, que no los conoce. Emite un vídeo que insiste en que la identidad se fija, de niño “para siempre”
-   No hay que buscar “causas” de la transexualidad, igual que no se buscan “causas” de la heterosexualidad; "si me dices que algo, un trauma, el ambiente, pudo causar mi identidad, yo te digo que lo mismo te pudo pasar a ti"
-    Igual que el transexual hace una “transición del género asignado al género sentido”, toda su familia debe hacerla también: es decir, la familia, y ya de paso toda la sociedad, debe seguirle la corriente; “lo importante es que no se vea censurado por casillas rígidas”; 
-    Su organización recomienda al colegio, a los padres y a la sociedad: “que todo el entorno respete la identidad de género, que se eduque en aceptar la diversidad de identidades, y que se explique también a los niños, porque esto no es un tema para adultos; hablar de ser hombre o ser mujer es algo que los niños comprenden”
-    Por último, una piedra angular de su doctrina: “Intentamos desmontar la idea de ‘normalidad’”. 
Turno de preguntas y lo explicado a los niños
Hay un turno de preguntas, que siempre se formulan con exquisita delicadeza. En el colegio conocen a dos transexuales. Uno es un alumno de 11 años, causa original de la charla. El otro es adulto, ya crecido, que estudió allí.
Parte de los padres asistentes a la charla son parientes de este adulto transexual y dicen que lo respetuoso es seguirle la corriente. Pero hay otros que también lo conocen, que incluso fueron compañeros de clase de él, y dicen que una cosa es respetar a la persona y otra es asumir esta doctrina, y mucho menos que se les imparta a los niños. 
-    Pero, esto, a los niños, no se lo habréis explicado así, ¿no? – plantea un padre a Leo.
-    A los niños les hemos dicho que la palabra normal… bueno, es preocupante –responde Leo. -Todos somos normales. Yo les he contado mi experiencia, cómo todos tenemos que descubrir nuestra identidad, y me preguntaban: ¿cómo supiste cuál es tu identidad, que eras un chico? Los niños lo asumen todo sin dificultad. 
El taller con niños, explica después, constó de una dinámica en la que les preguntaban a los niños, preadolescentes, por “lo normal”: ¿es  “lo normal que a los chicos les guste las chicas?”;  “¿una chica lo es porque tiene cuerpo de chica?”. Después de que los alumnos se posicionaran sobre dichas afirmaciones, los organizadores les daban “la respuesta correcta” (así lo explica literalmente el guión que la misma Fundación Daniela publica en su web).
Preguntas incómodas
Cuando se pregunta a Leo por los ex-transexuales (en ReL hemos publicado varios casos, gente que se arrepiente de haber cambiado de sexo) responde simplemente que no le consta que existan. 
Si se le pregunta cuán científico es todo este discurso que hace, responde que es tan científico como la postura contraria.
Su fundación no afirma que su discurso sea científico: la ciencia, insisten, no sabe distinguir si alguien es hombre o mujer. 
Cuando el padre Julián Lozano –que no iba vestido de sacerdote- les señaló el informe del Colegio Americano de Pedriatría titulado La ideología de género daña a los niños (aquí en Acpeds.org) y algunas de sus afirmaciones negando la doctrina expuesta, Leo respondió “es una opinión más, como cualquier otra”.

Julián Lozano, sacerdote y periodista responsable de
Medios de la diócesis de Getafe, acudió al acto, tomó nota
e hizo algunas preguntas de tipo científico; lo comentó
después en su blog, que multiplicó por 10 sus visitas
Después se les formuló otra pregunta: 
-    Todos estamos contra la discriminación y el abuso, algunos de nosotros no lo pasamos bien de niños en la escuela y empatizamos con los niños que sufren por los abusones, pero para combatir esos abusos no es necesario asumir vuestra ideología. ¿No crees, Leo, que es posible combatir la discriminación y enseñar la convivencia sin asumir todo esto de la identidad de género?
-    Lo veo difícil –responde Leo- porque eso implica decir que hay algo que no es normal, que a mí me pasa algo y eso no me gusta, la verdad. 
Para ser predicadores de una nueva religión, Leo y su ayudante no mostraron una pasión excesiva: con tranquilidad y serenidad expusieron su catecismo, emitieron sus vídeos, se negaron a matizar su doctrina (con sus “siempres” y “nuncas”, “siempre” los niños de 4 años tienen clara su identidad; “nunca” los transexuales se arrepienten y cambian) y ante las objeciones escuchaban con respeto y se limitaban a decir “partimos de posturas distintas y no llegaremos a un acuerdo”.  
No tienen prisa: irán de colegio en colegio exponiendo sus doctrinas a los niños mientras los padres o responsables de la enseñanza estén más o menos despistados. 
El padre Julián Lozano, después de asistir a la sesión, comentó con ReL su consejo para los padres:  "Recomendaría a las familias que haciendo uso del derecho natural que les asiste como padres y que recoge la Constitución Española en el artículo 17.3, como encargados de la educación moral fundamental de sus hijos, que se abstengan de que los niños vayan a estas formaciones, pero que ellos, los padres, si pueden, que acudan para que se den cuenta de qué planteamiento se les está dando, y que descubran el tesoro que tenemos gracias a la fe, acerca de la persona y la sexualidad, de la llamada al amor, que ama y respeta a todas las personas aunque no se tenga que amar y respetar a toda ideología".



/ ReL13 diciembre 2016


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