domingo, 26 de marzo de 2017

Jesucristo es Luz.

Mons. José M. Arancedo.
  El domingo pasado Jesús se manifestó, en el encuentro con la Samaritana, como: “la fuente de agua viva”, hoy se nos manifiesta como: “la luz”, en la escena de la curación del ciego de nacimiento (Jn. 9, 1-41).
Estos dos símbolos, el agua y la luz, son expresión de la vida nueva que nos trajo Jesucristo y, al mismo tiempo, nos invita a ser sus testigos para un mundo necesitado de su presencia. Ser luz y manantial de agua viva es fruto de nuestro encuentro con Cristo. En este tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión, la Iglesia nos va a recordar nuestra condición de hijos de Dios, llamados a ser discípulos- misioneros de Jesucristo. Renovar el entusiasmo de esta verdad es la meta que nos debemos proponer.


Al pasar, nos dice el texto, Jesús: “vio a un hombre ciego de nacimiento” (9, 1). Esta actitud de ver nos habla de un estar atento, de no pasar “mirando para otro lado”. Vio y se detuvo, es la primera enseñanza que nos deja. Luego, él se nos va a manifestar como el enviado de Dios: “Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo” (9, 4-5). Con estas palabras introduce el gesto, el milagro que va a realizar en la curación del ciego de nacimiento, como signo de su poder con el que realiza la obra de Dios. Luego hace una referencia a la noche como anticipo de su pasión y muerte.


Me pregunto qué significa para mí, en lo concreto de mi vida, ser “luz”. La primera respuesta, entiendo, debe estar en la línea de lo que llamaría el “ser cristiano”, es decir, nadie puede dar o trasmitir lo que no tiene o no es: el obrar siempre sigue al ser. Aquí aparece en toda su exigencia el encuentro vivo con Cristo, en su Palabra y la Oración, en la Iglesia y los Sacramentos; ahí nos espera y lo vamos a encontrar. Pero también, en el obrar, en el testimonio de una vida comprometida con su Evangelio, que no es una referencia intimista con él, sino presencia de él a través de mi vida frente a mis hermanos. San Pablo nos diría: “A ellos les ha revelado cuánta riqueza y gloria contiene para los paganos este misterio, que es Cristo en ustedes esperanza de la gloria” (Col. 1, 27).

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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