domingo, 12 de marzo de 2017

La Transfiguración del Señor.


Mons. José M. Arancedo.

 En este segundo domingo de Cuaresma la Iglesia nos presenta el evangelio de la Transfiguración del Señor. Todo en la vida de Jesús tiene un sentido salvífico y de revelación.
¿Cuál es el mensaje que les ha querido transmitir a los apóstoles: Pedro, Juan y su hermano Santiago, y en ellos a nosotros? (cfr. Mt. 17, 1-9). Les quiere, y nos quiere, revelar el sentido último de nuestra vida, no sólo que sepamos de dónde venimos en cuanto creados por Dios, sino y sobre todo, hacia dónde vamos, cuál es nuestro fin. Nos quiere mostrar en la transfiguración la grandeza y dignidad del hombre desde el fin al que está llamado y él nos lo revela. La Transfiguración, al tiempo que es un manifestar su identidad más profunda, para sostener y perfeccionar la fe de los apóstoles, es también para revelarles, y revelarnos, nuestra vocación trascendente como hijos de Dios.
Similar a la escena del bautismo en el Jordán se escucha la voz del Padre que proclama: “Este es mi Hijo muy querido en quién tengo puesta mi predilección: escúchenlo” (17, 5). Aquí, a diferencia del Jordán, se agrega y de un modo imperativo el pedido de: “escúchenlo”. La fe cristiana no se dirige a un Dios principio de la creación, o una energía que gobierna el mundo, sino a un Dios que nos habló, finalmente en su Hijo (cfr. Heb 1, 1). Esto significa que la vida cristiana comienza por una escucha, no es una construcción que hacemos desde nosotros sino una respuesta creativa a la Palabra recibida.
Hay una apropiación o inculturación de la Palabra que nos permite hablar de una respuesta creativa decíamos, que es obra del Espíritu Santo que nos mueve a la escucha e interiorización, pero que no suprime la originalidad del que escucha. Por ello, podemos hablar de una diversidad de espiritualidades en la unidad de la misma fe, porque tienen su misma y única fuente en Jesucristo. Esto lo vemos en esa rica historia de la espiritualidad cristiana, como respuesta creativa a la Palabra recibida. Cuaresma es un tiempo oportuno para acercarnos a la lectura meditada de la Palabra de Dios, lo que llamamos la “lectio divina”, como una manera de escuchar y profundizar el contenido de la fe, dándole a nuestra vida una espiritualidad bíblica que la ilumine y oriente.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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