domingo, 23 de abril de 2017

Los discípulos de Jesús y la Iglesia.

Mons. José M. Arancedo.
  Con la Resurrección de Jesucristo comienza una nueva etapa en la vida de los discípulos que es, al mismo tiempo, el comienzo de la Iglesia.
El centro es la persona de Jesucristo, pero a partir de la Pascua con una nueva presencia. La certeza es que Cristo, después de su resurrección vive, y sigue viviendo junto a ellos. Lo que ha cambiado es el modo de su presencia, no ya en lo visible de su humanidad sino a los ojos de la fe. Esto no le quita fuerza a su presencia, por el contrario, les abre el camino a un nuevo modo de relacionarse con él. En las diversas apariciones de Jesús después de la Pascua los evangelios nos muestran este nuevo tiempo y esta nueva presencia. La fe no lo hace existir a Jesús, ella nos permite verlo y relacionarnos con él en una nueva dimensión.


¿Cómo podemos relacionarnos hoy con él? Creo que esta es la pregunta esencial. Jesucristo no es alguien del pasado a quien recordamos, sino alguien que vive y sigue teniendo para mí, aún más que en los tiempos de su vida histórica, su misma presencia y que hoy me dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn. 14, 6). La fe no crea un hecho, al contrario, ella necesita del testimonio de quienes han visto ese hecho. Así se trasmite la fe, por el testimonio de quienes han visto y oído. La fe cristiana se apoya en Jesucristo, el primer testigo de nuestra fe que ha venido a revelarnos a Dios y nuestra dignidad de ser sus hijos. Esta verdad es la que nos trasmiten los apóstoles en los evangelios. Jesucristo es hoy el camino que da sentido a la vida del hombre.


La duda del apóstol Tomás y la respuesta de Jesús nos ayudan a comprender esta nueva realidad. Todo parecería que Tomás sigue viviendo la etapa histórica de Jesús, quiero verlo y tocarlo físicamente, no ha comprendido su nuevo modo de presencia después de la resurrección, con todo Jesús le da esa oportunidad pero concluye diciéndole: “En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe. … Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!" (Jn. 20, 27-29). Además, en este camino de Jesucristo hacia nosotros, él nos quiere involucrar para hacernos sus discípulos, cuando nos dice: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” (Jn. 20, 21). Aquí nace la Iglesia y sigue naciendo en nosotros. Este envío de Jesucristo al mundo se prolonga en la Iglesia.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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