domingo, 7 de mayo de 2017

El buen Pastor.

Mons. José M. Arancedo.
Celebramos el domingo del Buen Pastor, en el que la Iglesia nos invita a una Jornada de Oración por las Vocaciones.
La figura de Cristo, el Buen Pastor, es la imagen más acabada y sugerente de lo que debe ser un sacerdote, un pastor. No debemos los sacerdotes elaborar doctrinas para saber cómo debemos ser y actuar, solo debemos contemplar con humildad la figura de Jesucristo, él es el Buen Pastor. San Juan nos presenta esta imagen tomada de las mismas palabras del Señor. El Buen Pastor ama, conoce y acompaña a su rebaño (cfr. Jn. 10), estas notas que surgen del evangelio son la auténtica fuente de alegría y realización sacerdotal. Para san Agustín, lo que caracteriza al ministerio sacerdotal es ser: “amoris officium”, es decir una tarea de amor.


Con la Jornada de Oración por las Vocaciones la Iglesia nos recuerda que el sacerdocio es una página central del Evangelio y, por lo mismo, todos somos responsables. No se trata de un tema de los jóvenes, se trata de la misma misión de Jesucristo para la que él llamó a los primeros apóstoles y hoy continúa haciéndolo. El Señor sigue llamando y diciéndonos con la misma urgencia: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” (Jn, 20,21). Cuando un joven se descubre en este camino, es el comienzo de una pregunta. No podemos comprender al sacerdote si no es en referencia a Jesucristo como su fuente, a la Iglesia como comunidad de pertenencia y al Mundo como objeto del amor de Dios (Jn. 2, 16-17). Pienso que el sacerdocio se ha alejado del horizonte de las familias, es algo que no está en su agenda. Esta Jornada busca recordar nuestra responsabilidad y confiar en el valor de la oración.


Vivimos momentos no fáciles respecto a la imagen del sacerdote sea por defecciones como por escándalos. Es común estar en las páginas de los diarios. Esto nos duele y nos debe llevar a un sincero arrepentimiento y conversión. Pero ello no es la verdad ni la realidad de nuestros sacerdotes, como tampoco de los ideales de entrega y deseos de seguir a Jesucristo de nuestros seminaristas. Hay una gran riqueza en nuestros sacerdotes que debemos anunciar y acompañar. Es cierto que el Señor llama a hombres frágiles y que siempre debemos tener conciencia de que: “Llevamos ese tesoro en recipientes de barro” (2 Cor. 4, 7), ello nos compromete y reclama una vida auténtica, pero no dejemos de vivir como Iglesia con gratitud y confianza el don del sacerdocio.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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