sábado, 27 de mayo de 2017

El trigo y la cizaña.

por Sonia Ale de Ferreyra *
"«El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo.
Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?"  El les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Dícenle los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?" Díceles: "No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero."»" (Mt. 13, 24-30). 
Estimados lectores, esta vez los invito a que realicemos una reflexión conjunta que comienza por un viaje mar adentro a la luz de las palabras de Nuestro Señor como mensaje moral, como un tema candente con resonancia política. 
Comúnmente solemos escucharnos juzgar a la sociedad como decadente, como si la sociedad fuera  una especie de ente que está en la vereda de enfrente, que no nos incluye, por lo cual nos resulta más sencillo diagnosticar la enfermedad de algo a lo que no pertenecemos, quedando excluidos  de los males sociales. Sin embargo  cuando nos animamos a la travesía, nos vamos dando cuenta que el proceso comienza en lo más profundo de nuestros corazones. Ese campo del que habla  la parábola está en nuestro interior, ahí Dios ha sembrado buena semilla con una fecundidad asombrosa, pero  oímos y no escuchamos, por nuestro descuido y distracción se adentra  el enemigo, somos nosotros los descuidados, porque Él, en su inconmensurable amor,  nos da por buenos. ¿Qué  haremos  cuando nos demos cuenta que ya tenemos cizaña creciendo junto a nuestro trigo?, ¿qué decidiremos, cómo haremos, arrancaremos la cizaña de nuestro interior? Ante la pregunta vine la respuesta inmediata, “No” nos dice el Dueño, dejen que crezcan juntos hasta la cosecha,  y ahí nos dirá que arranquemos toda la cizaña que hemos permitido que ingrese en lo más íntimo de nuestro ser, ya sea por conductas de acción u omisión.  
Nosotros somos los peones buenos pero indiferentes, juzgamos sin hacernos cargo que somos la sociedad con  humanidad en decadencia, contradictoria, que nos desanima. Si este mundo está enfermo es porque nosotros lo estamos. El hombre de esperanza, el que puede orientar su vida hacia una meta grande, es capaz de arriesgarlo todo y trabajar incesantemente para conseguir algo que todavía no verá. ¿Seremos capaces de semejante altruismo? Pues el éxito material que promueve el ego, nos tiene amarrados a un deseo estéril.  La esperanza es perseverancia y valentía. 
En nuestro libre albedrío nos condenamos, aceptamos frases hechas como si no surgieren consecuencias, por ejemplo: “todo puede ser peor”, “roban pero hacen”, “que se encargue otro, con lo mío ya tengo bastante”, “la política es el arte de buscar problemas…”, el listado es gigantesco y lo único que demuestra es nuestra falta de compromiso, de carencia de cuidado especial con lo que permitimos que nos ingrese, como si no tuviese ello ninguna consecuencia, aún sabiendo que lo que tenemos enraizado como conceptos dañinos, que escandalizan serán replicados,  inevitablemente, en nuestro exterior que es “el campo” que es la sociedad y allí se depositarán todas nuestras intenciones, pues no estamos enfrente, pertenecemos.
Tenemos la obligación de contribuir con nuestras expresiones y obras en la cura, de dar testimonio, de ser referentes positivos, de trabajar para la paz, de respetar,  de redoblar el esfuerzo para recuperar la dignidad que da la educación y el trabajo, del amor por la verdad,  comenzando por cada uno de nosotros, por nuestras familias, nuestro entorno  y que se expanda a nuestro prójimo, es nuestra responsabilidad.
¿Qué vamos a permitir crecer, la cizaña o el trigo?, está en nuestras manos, será aquello que más abonemos, mientras tanto este mundo misterioso y multiforme sigue desarrollándose en medio de nosotros.
Un mundo mejor es posible,  ¿cómo?, según la Santa madre Teresa  de Calcuta “…el cambio comienza por vos y por mí.”
                                                                                              
*Sonia S. Ale junto con su marido Marcelo Ferreyra Moschino desempeñan la misión de matrimonio Guía de padres de 2do año de catequesis de la Pquia San Juan Bautista de Santa Fe, Argentina.












No hay comentarios: