miércoles, 3 de mayo de 2017

¿Por qué aún Isabel la Católica no es santa? la posición del cardenal Lustiger (4-7)


Prof. Magdalena Ale

Isabel la Católica ha sido durante siglos la mujer más elogiada de la historia. Su belleza, sus virtudes, su santidad han sido cantadas por millones de poetas y resaltadas por todo tipo de estudiosos.
América toda la considera su madre y España la aclama como su primera reina. Desde las dos Españas los clamores para que sea elevada a los altares han sido constantes durante cinco siglos.
No. No nos confundamos. No es la falta de devoción popular, ni la falta de fama de santidad lo que impide que la Reina Católica sea proclamada santa.
El hecho que ha impedido que Isabel la Católica sea elevada a los Santos Altares no es sino la presión eficacísima que las comunidades judías han ejercido en las más altas esferas de la Iglesia Católica. Los motivos los hemos dado anteriormente. ¿Qué mayor prueba que desde la B’nai B’rith se hayan congratulado con Roma por suspender el proceso?
Jean Marie Lustiger
“Era el converso más famoso de la cristiandad. Amigo íntimo del Papa Wojtyla, defensor del diálogo hebreo-católico y, por eso, mismo, acérrimo opositor a la beatificación de Isabel la Católica, el cardenal Jean Marie Lustiger murió el domingo [05 de agosto del 2007] en París, a los 80 años, víctima de un cáncer”[9].
Habíamos mencionado anteriormente al cardenal de origen judío. Jean Dumont, al escribir en 1991 sobre la congelación de la Causa de Isabel, nos habla también de él:
Hasta hoy, el mismo Le Monde no ha revelado entre los prela­dos promotores de la «suspensión» del proceso de beatificación re­ligiosa de «la católica» por título de la Iglesia, más que al carde­nal Lustiger, que no ha cesado de referirse él mismo a su nacimiento judío. «Monseñor Lustiger ha intervenido ante el arzo­bispo de Madrid. Parece que sin éxito» (Le Monde, 7 de diciem­bre de 1990). La primera causa de esta insólita intervención de monseñor Lustiger lejos de su sede, en los asuntos de otra igle­sia y de otro pueblo, es en él, ciertamente, una conjunción: la de su conmovedora pasión, la más importante, por sus orígenes, y la de la deficiencia de su información histórica, que le han hecho tomar el bello rostro y el alma hermosa de Isabel por sedes de abominaciones, golpeando, por maldad, al judaísmo[10].
Antes de seguir adelante, es necesaria una aclaración: No es nuestra intención difamar a un cardenal de la Iglesia Católica fallecido recientemente, y quien realizó en su diócesis una amplia obra pastoral. Simplemente nos estamos deteniendo en la figura de este cardenal, porque es el único que sabemos a ciencia cierta que se opuso a la elevación de Isabel la Católica a los Altares. Esto nos ayuda a corroborar nuestra doble tesis: en primer lugar que la causa de Isabel la Católica está parada, y en segundo lugar que la causa de la suspensión del proceso es la protesta judía.
Simplemente diremos que fue él el representante mayor de la oposición judía en 1991, y que por obra de su oposición, Isabel la Católica no pudo ser beatificada en dicha fecha.
No fue necesario indagar demasiado acerca del cardenal para obtener la noticia. La biblioteca digital Wikipedia (que no es garantía de ninguna autoridad, pero a la cual recurrimos habitualmente cuando buscamos un pantallazo general acerca de un tema) nombra, en su artículo sobre Lustiger, su abierta oposición a la beatificación de Isabel la Católica. Así dice el artículo: “Él contrajo la enemistad de muchos de la Iglesia Española por su fuerte oposición al proyecto de canonizar a la Reina Isabel I de Castilla. (…) La oposición de Lustiger fue debido a que Isabel y su esposo Fernando de Aragón expulsaron a los judíos de sus dominios en 1492”[11].
Pero no nos quedaremos con estos informales datos que nos otorga cualquier página virtual. El diario El País publicó en 1991:
Algunas acciones de Isabel la Católica iban en contra de la enseñanza de la Iglesia, y en concreto, de la libertad de conciencia, manifestó ayer Jean Marie Lustiger, cardenal arzobispo de París. Lustiger (…) ha desempeñado un importante papel en la congelación del proceso de beatificación de Isabel de Castilla. No en vano, el cardenal se convirtió al catolicismo a los 14 años y cambió su nombre judío de Aaron por el de Jean Marie.
El cardenal de París, que participó ayer en un seminario organizado por la Universidad Complutense en El Escorial, se ha caracterizado por una especial sensibilidad hacia los temas judíos desde el catolicismo. Ha defendido la acción de los cazadores de nazis, y recientemente se ha opuesto activamente al proceso de beatificación de Isabel la Católica, bajo cuyo mandato fueron expulsados los judíos de España[12].
El diario Periodista digital con motivo del fallecimiento del cardenal en el año 2007 también mencionó su oposición a la beatificación de Isabel: “Aunque convertido, el purpurado francés nunca cortó con sus raíces judías. Tanto que algunos le llamaban el gran rabino de París. Por eso nunca quiso que Isabel la Católica, a la que reprochaba la expulsión de los judíos, subiese a los altares. Y de hecho, consiguió bloquear su proceso en Roma, donde duerme el sueño de los justos”[13].
¿Quién es este cardenal que se opuso de forma tan abierta a la beatificación de Isabel la Católica?
Jean Marie Lustiger nació en París en el año 1926. Sus padres, judíos, vivían en Francia, y cuando los nazis la invadieron, ambos fueron deportados. Su madre moriría en 1943, en Auschwitz.
El pequeño, que por entonces se llamaba Aron, fue acogido por una familia de Orleans, y allí se convirtió al catolicismo. Realizó sus estudios en el Liceo Montaigne (París) y luego en Orleans. Una vez egresado de dicha institución, entró en el seminario carmelita de París y en 1954 fue ordenado sacerdote.
En el año 1979, nuestro cardenal sufre una crisis espiritual, provocada por el “antisemitismo francés”. Considera entonces la idea de dejar Francia para conducirse a Israel. Comienza a estudiar hebreo, pero es entonces cuando el Sumo Pontífice lo nombra obispo de Orleans. La idea de migrar desapareció entonces.
En 1981 se hizo cargo de la arquidiócesis de París y en ese puesto permaneció hasta su fallecimiento el 06 de agosto de 2007.
Durante toda su vida hizo alarde de su ascendencia judía, defendiendo a su pueblo muchas veces más que a los mismos cristianos, a quienes a menudo trataba de “ellos”.
Veamos algunos testimonios de él mismo:
“Nací judío y permanezco judío, incluso si esto es inaceptable para muchos”[14].
“La vocación de Israel es traer luz a los no judíos. Esa es mi esperanza y creo que el cristianismo es el medio para lograrlo”[15].
“Soy tan judío como todos los otros miembros de mi familia que fueron asesinados en Auschwitz y otros campos de concentración”[16].
“A ellos no les gusta admitirlo pero la creencia de los cristianos, las obtuvieron de los judíos”[17].
El día de su fallecimiento, en el atrio de Nôtre Dame, se escuchó la siguiente oración fúnebre:
Exaltado y santificado sea su gran nombre, Amén.
En este mundo de Su creación que creó conforme a Su voluntad; llegue su reino pronto, germine la salvación y se aproxime la llegada del Mesías, Amén.
En vuestra vida, y en vuestros días y en vida de toda la casa de Israel, pronto y en vuestro tiempo cercano y decid: Amén.
Bendito sea Su gran Nombre para siempre, por toda la eternidad; sea bendito, elogiado, glorificado, exaltado, ensalzado, magnificado, enaltecido y alabado Su gran Nombre (Amén), por encima de todas las bendiciones, de los cánticos, de las alabanzas y consuelos que pueden expresarse en el mundo y decid: Amén.
Por Israel y por nuestros maestros y sus alumnos, y por todos los alumnos de los alumnos, que se ocupan de la sagrada Torá, tanto en esta tierra como en cada nación y nación. Recibamos nosotros y todos ellos la gracia, bondad y misericordia del Amo del cielo y de la tierra, y decid: Amén. (Amén)
Descienda del Cielo una paz grande, vida, abundancia, salvación, consuelo, liberación, salud, redención, perdón, expiación, amplitud, y libertad, para nosotros y para todo Su pueblo Israel y decid: Amén. (Amén)
El que establece la armonía en Sus alturas, nos dé con sus piedades paz a nosotros y a todo el pueblo de Israel y decid: Amén.
Es la oración llamada kadish, una plegaria judía para celebraciones fúnebres. De este modo se abrieron los funerales del cardenal judío-francés Jean Marie Lustiger.
Los actos hablan por sí solos. Imposible es negar el gran acercamiento de nuestro cardenal a la religión judía.
Para concluir, transcribiremos una cita del historiador y periodista José María Zavala, quien recientemente ha publicado una hermosa biografía de la Reina Isabel. La cita es de una entrevista que se le hizo en ocasión de la presentación de su libro.
“Cuando la beatificación estaba a punto de salir adelante, el cardenal francés Jean Marie Lustiger, amigo del Papa Wojtyla y defensor del diálogo hebreo-cristiano como judío converso que era, se opuso de forma decisiva”[18].
Consideraciones parciales
Tristes páginas nos ha tocado escribir. Tristes, emocionantes e incomprensibles. Mientras el cielo entero se alegra por la presencia de la santa entre los ángeles, los hombres que hemos recibido los privilegios de sus obras nos empeñamos por esconderla, calumniarla y repudiarla.
¿Qué palabras hay para hacer justicia a nuestra Reina? ¿Qué palabras hay para devolverle a Nuestra Madre todos los beneficios que nos aportó? ¿Con qué ojos la mirará América el día de la Ira del Señor? No hay palabras que hagan justicia ya a su nombre ultrajado.
Quizá Dios quiso premiarla doblemente en el cielo haciendo que sus obras permanezcan en silencio en la tierra. ¿No fue acaso Él quien dijo: “tu Padre que ve en lo secreto te recompensará”. Quizá Dios recompensa en el cielo la obra evangelizadora y purificadora que Isabel realizó en la España de aquende y allende el mar. Quizá quiere Él guardar en silencio las obras más grandes de la historia. Quizá, quizá Dios lo quiso; pero los hombres hemos colaborado para ello.
Y es que los hombres solemos hacer este tipo de cosas. Dios nos dio a su hijo y nosotros lo crucificamos. Así también nos dio a esta magnífica hechura de sus manos como madre a los americanos, como reina a los españoles, y como figura egregia que dignifica la raza humana, a todo el mundo. ¿Qué ha hecho el mundo con semejante regalo? Silenciarlo, esconderlo, cuidar que no se vea demasiado o peor aún, denunciarlo falsamente.
Tristes páginas nos tocan escribir. Ojalá hubiéramos podido obviarlas. Ojalá la historia hubiera sido distinta. Ojalá hoy pudiéramos hablar de Santa Isabel la Católica, contar las hazañas de su vida y su gloriosa y merecida llegada al Altar de los Santos. Podríamos también simplemente hablar de la santidad de su vida y de sus virtudes. Podríamos hacerlo y sería algo muy bueno.
Pero hay algo que golpea nuestra conciencia y nos obliga a gritar la injusticia que se comete con nuestra heroína. La indignación que surge de la injusticia que se le hace a Isabel la Católica nos ha llevado a escoger estos avatares que entre lágrimas, emociones y un amor profundo hacia la Reina hemos derramado en estas páginas.
De este torpe modo hemos querido disminuir un poco el vergonzoso ostracismo en que vive desde su tumba la Reina que supo unir las coronas de Castilla y Aragón; que supo luchar contra una niña que tenía las espaldas reforzadas por los nobles más poderosos de Castilla y por los reyes portugueses y que pasó a la historia como “La Beltraneja”, sin padre ni trono.
Queremos, de este modo, recordar a la Reina Católica que purificó a los religiosos y sacerdotes relajados de su reino, predicando con su ejemplo de virtud. A la santa inquisidora. A la heroína de la epopeya de Granada. Al temor de los moros. A la jueza más justa y misericordiosa. A la beata más piadosa. A la reina victoriosa. A la doncella a quien su caballero le ha ofrecido las victorias del Rosellón y el abatimiento del  poder francés en Italia y en el Pirineo. A la hacedora de la  hegemonía española que triunfó en Europa, y surgió luego del mar de Occidente disfrazada de islas incógnitas.
A ella, a quien indignos nos sentimos de mencionarla en este mundo ingrato e impío, rogamos interceda ante Dios para aplacar su ira hacia los hombres que han menospreciado de tal forma su regalo.
Isabel la Católica, ruega por nosotros.


Prof. Magdalena Ale



(continuará)



[1] José Antonio Primo de Rivera,  Discurso de Fundación de la Falange. Obras Completas. Madrid: Ediciones de la Vicesecretaría de Educación Popular, 1945. Pág. 25.

[2] Positio historica super vita, P.894.
[3] Ibídem, P. 896.
[4] Pedro de Cartagena escribió esta copla reprendiendo (un poco exageradamente) a Iñigo de Mendoza, OFM (1420-1490) por haber dedicado a Isabel unas coplas a manera de justas con el título: Historia de la question y diferencia que hay entre la razón y la sensualidad. Cfr. Ibídem, P. 896.
[5] Ibídem, P. 897.
[6] Ibídem, P. 897.
[7] Íbidem, P. 937.
[8] Manuel Sánchez Márquez. Vida sintética de Isabel la Católica en verso romance. Buenos Aires: Gladius, 1999. P. 167.
[9] Periodista Digital, 09 de agosto del 2007. Fecha de consulta el 04/ 02/2015.
[10] Jean Dumont, Op.Cit.
[11] es.wikipedia.org. Fecha de consulta el 20/02/15.
[12] El País, 06 de julio de 1991.
[13] Periodista Digital, 09 de agosto del 2007. Consultado el 04/ 02/2015.
[14] Enlace judío, 06 de mayo de 2011.
[15] Ibídem.
[16] Ibídem.
[17] Ibídem.
[18] Religión en libertad, 14 de marzo del 2014.


Que no te la cuenten (3/5/17)


No hay comentarios: