jueves, 25 de mayo de 2017

Te Deum en la Catedral Metropolitana de Santa Fe de la Vera Cruz.


Mons. José María Arancedo
 Celebrar la gesta del 25 de Mayo de 1810 es recordar y sentirnos parte de una historia que no es nostalgia del pasado, sino responsabilidad de ciudadanos libres para proyectar su futuro.
Es memoria agradecida que nos compromete y nos debe llevar a asumir el presente desde un futuro que nos pertenece y desafía en la esperanza. La esperanza no es una virtud pasiva, no es esperar que las cosas cambien, tampoco es algo voluntarista. El hombre de esperanza es alguien que se compromete para que las cosas cambien. Toda celebración auténtica y fecunda es una mirada agradecida que sabe unir desde el presente, el pasado y el futuro, en su dinámica creativa. No es anclarse en el pasado ni soñar un futuro si raíces. El hombre de esperanza no es individualista, sabe que es parte de un nosotros que le da identidad. La Patria es el nosotros que hoy celebramos.

En este marco celebrativo del 25 de Mayo, donde pueblo y dirigentes son llamados a encontrarse como miembros de una misma comunidad, hemos venido a elevar una oración a Dios a quien reconocemos como Creador. La oración no es algo mágico. Dios ha creado hombres libres y responsables, dotados de inteligencia, voluntad y sentimientos, y le ha confiado el manejo de las cosas temporales en su justa autonomía. La oración no nos exime de nuestra responsabilidad, la supone y exige. Invocar a Dios es un acto de sabiduría y confianza en Dios, como de reconocimiento de nuestra dignidad de criaturas con su grandeza y límites. No somos dioses, el hombre no se crea a sí mismo, pero somos protagonistas responsables de la creación recibida. Dios no es ajeno a la vida del hombre.

Lo que guía a la esperanza de un pueblo es tener un ideal, un proyecto que incluya a todos, pero necesita ir acompañado de valores que lo sostengan y que se encuentren, además, encarnados en testimonios de ejemplaridad. En toda cuestión humana la referencia a la vida moral no es un agregado yuxtapuesto sin mayor importancia, sino una exigencia que hace a la verdad y da credibilidad a la palabra dada que nos permite confiar. La esperanza necesita de la confianza. ¡Qué bueno es ser confiable para mi hermano!

Cuando hablamos de crisis de confianza, hablamos de algo grave, diría de una enfermedad que va debilitando la vida cívica y social. La falta de confianza compromete seriamente el crecimiento y la equidad de un pueblo. Esta dimensión ética y moral, tanto en la vida del dirigente como del ciudadano, es parte esencial del compromiso que debemos renovar y asumir al celebrar un nuevo aniversario de nuestra Patria. Argentina necesita encontrar en sus hijos la sabiduría de diálogo y la capacidad de encuentro, pero también el valor de una vida virtuosa que traduzca a los valores en acciones y hábitos personales y sociales. No alcanza con proclamar valores, si éstos no llegan a arraigar en el corazón del hombre.

Señor, desde nuestra amada ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, cuna de la Constitución Nacional, queremos reconocerte una vez más como “fuente de toda razón y justicia”, y decidirnos a ser “una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común…. sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz”. Amén.


Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Catedral Metropolitana - 25 de Mayo 2017

No hay comentarios: