domingo, 14 de mayo de 2017

Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida.

por José M. Arancedo.
Este domingo escuchamos la definición más clara que nos da Jesucristo en su relación con nosotros.
No se presenta como alguien más, sino como quien ha venido a revelarnos el sentido de nuestra vida y la posibilidad de realizarla plenamente. ¿Cuál es la razón por la cual Jesucristo es para el hombre su verdad más profunda? Creo que para responder esta pregunta debemos partir del principio, es decir, de la creación del hombre a “imagen y semejanza de Dios” (Gen. 1, 26). La imagen perfecta de Dios es su propio Hijo, en él hemos sido creados. Jesucristo no es, por ello, algo ajeno al hombre sino su modelo e ideal. Siempre recuerdo la frase del Concilio Vaticano II, cuando nos dice que: “el misterio del hombre solo se esclarece a la luz del misterio de Cristo” (G. S. 22).
Cuando predicamos a Jesucristo le estamos dando al hombre lo que le es propio, lo que le pertenece y necesita. Este es el fundamento de la obra misionera de la Iglesia que no es proselitismo que busca adherentes: es anunciarle al hombre su verdad. La Iglesia vivió esta certeza desde el principio, así lo vemos cuando san Pedro proclama ante el Sanedrín: “Porque no existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos alcanzar la salvación” (Hech. 4, 12). La salvación es lo que da sentido y plenitud a la vida del hombre. Este diálogo de Dios con el hombre se mueve en el ámbito de la libertad, ello supone ofrecimiento y aceptación. El lugar privilegiado es la Palabra de Dios, pero también el testimonio. Esto es importante: Cristo llega al hombre a través del hombre. San Pablo afirma: “este misterio, que es Cristo en ustedes es la esperanza de la gloria” (Col. 1, 27).
El cristiano nace, por lo mismo, del encuentro con Jesucristo. No es adhesión a una doctrina o a una institución, es recibir una Persona para vivir su misma vida. Ahora bien: ¿esto es posible? Aquí llegamos al ámbito de la fe, que no es un salto irracional al vacío, sino que ella se apoya en el testimonio de aquellos que vieron y nos trasmitieron el triunfo de la resurrección de Cristo, que lo ha hecho un ser vivo y actual. Ellos nos dieron el testimonio de lo que vieron, nosotros lo experimentamos en nuestra vida y lo predicamos. Cristo no nos ha señalado solo un camino a seguir, el mismo se ha hecho camino que nos acompaña con su presencia y su gracia. Vivamos el gozo de encontrarlo y seguirlo.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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