jueves, 22 de junio de 2017

El callejón sin salida de las dubia.

por Jorge  González Gudalix   Una de las cosas en que más se nos insistía en el colegio era que preguntásemos todo lo que no estuviera claro o no llegásemos a entender. Incluso el maestro, a veces, ante alguna cuestión especial, era él el que preguntaba: ¡Fulanito! ¿Qué he querido decir? No lo sé, D. Mengano.
¿Y si no lo has entendido por qué no preguntas? Con un poco de suerte hasta te caía algún castigo. Preguntar, preguntar y preguntar.
A cuatro cardenales, quizá más brutos, más tímidos, timoratos o tal vez en exceso prudentes, o malvados, o lo que quieran ustedes juzgar (¡no hay que juzgar, nos dicen por todas partes!), bueno pues eso, que a cuatro cardenales miren por donde se les ocurrió preguntar al santo padre por algunas cuestiones que ellos, quizá equivocadamente, no acaban de tener claras.
Dicen estos cuatro cardenales, cuya misión es la de asistir al Romano Pontífice, tanto colegialmente, cuando son convocados para tratar juntos cuestiones de más importancia, como personalmente, mediante los distintos oficios que desempeñan, y ayudar sobre todo al Papa en su gobierno cotidiano de la Iglesia Universal, que hay algunas cuestiones recogidas en la exhortación Amoris Laetitia, que necesitarían una aclaración por parte del santo padre.
Los cuatro cardenales, y va para un año, exactamente el 19 de septiembre del 2016, hicieron llegar una carta al papa Francisco con sus “dudas”. No hubo respuesta de su santidad. El siguiente movimiento fue hacer pública la carta dos meses después. Nada de nada. Acabamos de saber que estos cuatro purpurados, vista la no respuesta, han solicitado una audiencia al papa Francisco con fecha 25 de abril. Nada de nada.
No solo no se responde, sino que desde diversos lugares se tacha a los preguntantes de díscolos, desobedientes, cavernícolas y gente de mala voluntad. ¿Qué pasa, que solo se puede preguntar a favor de corriente? Me río yo entonces del diálogo, la apertura y la misericordia.
Norma de elemental educación, y no entro en la caridad fraterna, es responder a los correos. El santo padre sabemos que lo hace personalmente y con diligencia en muchos casos, por ejemplo, a aquel chico de Granada por unos abusos que resultaron ser tan falsos que el demandante ha tenido que correr hasta con las costas. Por eso uno no entiende que la carta de cuatro de sus asesores siga sin respuesta después de nueve meses. No hay respuesta.
Servidor no es nada, apenas un cura párroco de una pequeña parroquia al norte de Madrid y sin más tesoro que un buen número de papeletas en la rifa de algún puntapié. Pero no se entiende. Aunque solo sea decir: queridos hermanos cardenales, recibida la carta, no puedo responder porque esto necesita un estudio mayor, o la respuesta es tal y tal. Punto. Lo que no es de recibo es el silencio. No digo por caridad, sigo simplemente por educación y misericordia. No es normal la sensación de desprecio hacia estos cuatro príncipes de la Iglesia (perdón por lo de príncipes, pero así se decía).
Más me barrunto que el problema de fondo sea que la carta con las dubia no tiene respuesta, sobre todo porque el santo padre ya ha ido aclarando o dando por buenas algunas interpretaciones especialmente del famoso capítulo VIII, por ejemplo, en carta a los obispos argentinos, y tolerando sin problemas otras como las de los obispos de Malta o los de Sicilia.
Llegados a este punto me temo que su santidad está en un callejón sin salida. Si responde a las dubia, no tiene más posibilidad que sí o no.
Si dice que sí, todas las interpretaciones abiertas, toleradas y aprobadas al menos tácitamente por Roma, se van al garete y el cabreo en los sectores etiquetados como progresistas puede ser de órdago a la grande, y a esos sectores se les debe mucho.
Si dice no, le van a soltar en la cara Familiaris Consortio y Veritatis Splendor y a ver si se atreve a decir que quedan desautorizadas. Los sectores más conservadores se van a poner de uñas y se puede montar una buena, porque a ver quién es el guapo que se carga una encíclica o la declara equivocada, cuando la Familiaris Consortio, por ejemplo, es tan clara en algunos planteamientos. ¿Podría atreverse a decir clara y públicamente que el magisterio de San Juan Pablo II sobre la familia es erróneo o poco misericordioso? Ciertamente no.
¿Solución? Callar y dar largas. Pero esto tampoco soluciona nada. Y me temo que por mucho que Bastante, Vidal y otros como ellos llamen de todo menos bonitos a los cuatro cardenales, la cosa ni se enfríe ni decaiga. Parece normal que cuatro cardenales pregunten y el papa responda.
Ahora mismo la cosa está muy chunga. Si no responde, malo. Si responde, peor. Si es sí, porque los más “progresistas” se van a cabrear, y no conviene (recuerden por ejemplo el Grupo de Saint-Gall). Pero es que como diga no, se estará cargando a San Juan Pablo II.
Un callejón sin salida. Y mala salida si la única posibilidad es llamar a los de la dubia díscolos. 

*Sacerdote diocesano de Madrid. Se presenta y se define como cura. Licenciado en teología pastoral, lleva más de treinta años ejerciendo su ministerio en parroquias de la diócesis, algunos de ellos como párroco rural. Arcipreste varias veces, ha pertenecido por dos legislaturas al consejo presbiteral de Madrid y al consejo diocesano de pastoral.

InfoCatólica  Blog. de profesión, cura (22/6/17)

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