domingo, 25 de junio de 2017

La confianza en Dios.

Mons. José M. Arancedo.
El evangelio de este domingo comienza con una frase que habla de una actitud de nuestra fe, y que está llamada a vivirse en este mundo: “No teman a los hombres” (Mt. 10, 26).
No se trata de la seguridad de quien se siente fuerte y se prepara para una guerra, sino de la certeza de que Dios es un Padre providente que no olvida ni abandona a sus hijos. La fe nos da una profunda autoestima que se basa en la conciencia de nuestra dignidad de sabernos hijos de Dios. Esta es la fuente de nuestra seguridad. El que nos dice esto es Jesucristo, y es él quien nos anima a no temer. Vivir en la confianza de Dios es propio de esa sabiduría que nace de la fe y nos hace libres. Me viene a la memoria la oración por la Patria que tanto rezamos: “Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios”.


Es esta confianza la que nos da la fuerza para vivir y anunciar el Evangelio. Es más, diría que la confianza en Dios es fuente y signo de una vida apostólica comprometida. Por momentos pienso que la falta de entusiasmo apostólico en la Iglesia se debe a que referimos todo a nuestras fuerzas e intereses, y luego ponemos la confianza en Dios. Deberíamos empezar al revés, lo primero es Dios en quien pongo mi confianza y luego valorar el alcance e importancia de los instrumentos que necesitamos. La primacía la tiene Dios. Después de hablarnos del cuidado que Dios tiene por la naturaleza, Jesús concluye: “No teman entonces, porque (ustedes) valen más que muchos pájaros” (Mt. 10, 31).


Esta libertad y fuerza que nos da la confianza en Dios para asumir nuestra vida y predicar el evangelio, incluso en la adversidad, es para Jesucristo la presencia del Espíritu Santo en nosotros que lo compromete y lo lleva a decir: “Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, Yo lo reconoceré anta mi Padre que está en el cielo” (Mt. 10. 32). En lo cotidiano de la historia ya vivimos lo definitivo de nuestra vocación trascendente. Hay una sola vida en dos actos. Es bueno, en este sentido, recordar el testimonio que dieron los apóstoles ante la prohibición que le habían impuesto de predicar a Jesucristo, vemos en ellos la fuerza de esta confianza en Dios que los lleva a declarar: “Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5, 29).

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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