lunes, 29 de enero de 2018

¿Que pasa con el porno cuando llega el fin del mundo?

Josep Maria Sucarrats   
Para reflexionar: cae el consumo de pornografía en Hawái bajo la amenaza de un misil.

¿Qué harían si les quedara media hora de vida? “Esto no es un simulacro”, dice el aviso; es sábado, es enero, y estamos en Hawái.

Hablamos del episodio de pánico sufrido el 13 de enero en la isla del Pacífico cuando saltó una alerta en los celulares: “Impacto inminente de mísil balístico. Busque refugio urgentemente. Esto no es un simulacro”. Las tensiones internacionales y la fuente del mensaje permitían tomarlo en serio. Tras cuarenta minutos de infarto, las autoridades confirmaron que se trataba de un grave error humano en el sistema oficial de alertas.

¿Dónde se refugiaron los hawaianos durante la alarma? Pues no en la pornografía. En efecto, y respecto al resto de sábados, el consumo de vídeos sexuales en la isla cayó en picado casi un 80% a los 15 minutos del aviso, cuando los polinesios ya estaban enterados. ¿Qué pasó después? Que también 15 minutos después del desmentido, se disparó el consumo hasta superar un 50% el tráfico normal de un sábado a las 9 de la mañana.

Esto es significativo, ya que todos los periódicos se han lanzado a subrayar el pico de visitas tras la alarma y no la inversa: la caída en los momentos decisivos de la vida. Las estadísticas son claras: cuando puedes morir, no miras porno; aflora aquello a lo que dedicaríamos la vida en el último instante, como han confesado los hawaianos: protegerse, rezar, llamar a los familiares, etc.

Es cierto que tras recuperar la calma los hawaianos consumieron más pornografía que otro sábado, pero esto no es lo realmente importante. Que el error está, ya lo sabemos. No hace falta exagerarlo ni subrayarlo. El negocio del porno está más que interesado en resaltar los datos escandalosos para darle un toque de naturalidad e importancia. Así, el informe anual del portal pornográfico más popular afirma que recibió más de 28 billones de visitas en 2017, esto es, 81 millones cada día.

Para que se mareen un poco: cada minuto hay tantas búsquedas pornográficas como hamburguesas de McDonalds se consumen en todo un año. Deberíamos ocupar 68 años para consumir todos los vídeos sexuales publicados el año pasado en ese portal.

En Cartas del diablo a su sobrino, de C.S. Lewis, el diablo advertía a su aprendiz que si querías destruir una sociedad debías empezar desmontado a la mujer. Pues bien, parece que el mal se ha aprendido la lección: la tendencia creciente en 2017 fue precisamente el consumo de sexo por parte de mujeres, buscando estas sexo lésbico, y utilizando sobre todo para ello su teléfono celular.

Decía Buñuel que era contrario a la pornografía porque creía en el amor; “la pornografía es negativa porque agota todo, no deja nada a la imaginación, no tiene misterio”, afirmaba el cineasta. Que no nos engañen: nadie busca en el porno ni el amor ni nada que sirva para afrontar la última media hora de vida.

El cine pornográfico y sus tendencias muestran la soledad del ser humano por encima de todo. ¿Saben que en el Reino Unido se ha anunciado el nombramiento de un secretario de Estado para la soledad? Sus 9 millones de solitarios viven una pandemia que amenaza su salud, y desde el gobierno han decidido afrontarlo. ¿Qué hacemos con la soledad vital?

Fíjense en este dato: la segunda categoría sexual más buscada en internet corresponde al hentai, eso es, dibujos animados realizando sexo. El dato es más que significativo: la realidad ya no importa para la vida, la suplanta lo virtual.

Investigaciones de tres psicólogos estadounidenses, Twenge, Sherman y Wells, afirman que los jóvenes de hoy, los millennials, son los que menor actividad sexual tienen desde los felices años 20, sobre todo en los países orientales (los principales consumidores de hentai). Y todo desde que las redes sociales iniciaron sus andaduras.

Dicho de otro modo: las relaciones afectivas entre jóvenes se dan a través de la pantalla de un teléfono, lugar donde consumen sexo ajeno, y en dibujos animados. Todo virtual, falseado y sin amor. Conclusión: estamos solos.

Pero el porno no sirve para la vida. Precisamente las estadísticas afirman que el día de la semana en el que menos pornografía se consume es viernes; en concreto, viernes y sábado por la noche, momento en el que la gente cena con los amigos o gasta tiempo con su familia. Es más, el tráfico de vídeos porno se desploma en Nochevieja y en Nochebuena (en Italia cae en el día de la Asunción). De nada sirven esos 10 minutos de porno por persona y día, ¡si es Navidad, estoy con mi familia! ¡Si es sábado, ceno con mis amigos!

La pornografía no es cine; son cápsulas desalmadas que crean efectos nocivos en la sociedad, en la psicología, y en la vida sexual y afectiva del ser humano. Como dijo el papa Francisco, el consumo de sexo en internet entre adultos no permitirá proteger a los menores, una cuarta parte de los usuarios de internet en general.

Por eso, hay que estar atentos a la verdad de las estadísticas y no al eco publicitario que se les quiere dar. Nada impide nuestra libertad. Hace falta repensar y apostar por una sociedad basada en su verdad: aquello a lo que se da la vida en esos treinta últimos minutos de vida, en esa noche de Navidad, o en ese sábado entre familia o amigos.

| Ene 29, 2018 Aletaia.

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