martes, 20 de marzo de 2018

El duelo para recuperar la unidad del matrimonio tras la infidelidad

por Orfa Astorga  
 "
mi esposo admitió que había tenido una relación extramarital al principio de nuestro matrimonio"

El pasado de mi esposo. El prestigio de mi esposo abarcaba todos los aspectos de una rica personalidad: buen padre, fiel esposo, brillante profesional. Lo amaba y admiraba.

Vivíamos sin plantearnos mayores problemas,  pues todo marchaba bien. De pronto una nube oscureció  aquello que estábamos seguros de estar constituyendo como matrimonio: nuestra unión.

Comenzó el día en que su carácter cambió como quien sufre un eclipse de personalidad en medio de un drama. Un drama que lo rebasó cuando recibí la llamada de un decidido adolescente que se identificó como su hijo, pidiendo hablar con él sobre la grave enfermedad de su madre.

Descubierto tras años ocultándolo, mi esposo admitió que había tenido una relación extramarital al principio de nuestro matrimonio,  y que de esa relación había nacido un hijo del cual se había hecho responsable en su sustento y educación académica. Su madre, de quien había permanecido distante, se encontraba ahora enferma de cáncer y necesitada de ayuda.

Me habló de su más sincero arrepentimiento, y pidiendo perdón dijo estar dispuesto a ayudar a esa mujer, pues su consciencia se lo exigía.

No  quise escuchar más y, lejos de lo que había sido hasta entonces nuestra capacidad de percibir  y ponernos de acuerdo sobre lo que era conveniente para nosotros y para familia, me sentí ultrajada, traicionada, de tal modo que, aturdida, le pedí inmediatamente separarnos físicamente.

De pronto dejé de sentirme íntimamente unida a él.

Ahora entiendo que la pérdida del sentido de la unión familiar es lo que desintegra profunda y rápidamente una relación. Era a nuestra unión a la que yo le cerraba de golpe la puerta para entrar en una zona de mayor peligro.

Desconcertada consulté a dos profesionales:

Un abogado, lejos de atemperar mis emociones, me ofrecía enconarlas hasta extremos dramáticos  sin importar daños a terceros, en donde lo único que importaba era ganar en un divorcio como si de un frío negocio se tratara. Deseché la idea.

Por su parte, un terapeuta matrimonial  y  familiar me propuso atenderme desde una importantísima premisa: matrimonio y  vida matrimonial son dos cosas distintas.

El matrimonio como pacto de unión puede tener o no fallas en su estructura de inicio. Mientras, su desarrollo en la vida matrimonial estará siempre sujeto a los más diversos avatares. Cuando el inicio del matrimonio no presenta vicios tendrá todas las posibilidades de desarrollarse y de persistir a las pruebas que se presenten. Este era nuestro caso.

Ciertamente, a los 20 años de matrimonio, además de procrear y educar felizmente a nuestros hijos, mi esposo y yo nos habíamos ayudado de muchas maneras, sobre todo a conocernos mejor y a apoyarnos mutuamente en el desarrollo de nuestros talentos.

Se trataba entonces de recuperar todo lo que nos había unido, viendo el vaso medio lleno y no medio vacío.

Sin embargo,  el camino del perdón se encontraba empedrado de dificultades, ya que con su infidelidad había atentado directa y gravemente contra el pacto de unidad con que contrajimos matrimonio, y aunque este pudiera permanecer, la herida en mi interior era profunda y muy grave.

Para mí el daño era actual, aunque proviniera de su pasado.

Decidí perdonarlo, más no sería fácil ya que mi proceso de duelo, quizá o sin quizá, llevaría tanto tiempo que la vida no alcanzaría, pues aunque  perdonar es voluntario,  no así olvidar o dejar de sentir.

Él comenzó  a enfrentar su propio duelo al escucharme decírselo.

Ha pasado un tiempo en que mi esposo ha debido esperar y conquistar cada día el merecimiento del perdón. Un tiempo en el que con asombro la herida empieza a cerrar, comenzando a rehacernos en volver a ser unión.

Un matrimonio no se rompe como se rompe un objeto, de modo irreparable, ni se estropea como un utensilio al hacerse definitivamente inservible.

La pareja puede perder intensidad o incluso suspenderse a lo largo del tiempo, pero la capacidad creadora del hombre sobrevive a los fracasos y tiene una enorme capacidad de restaurar la convivencia perdida gracias al misterioso poder  de la unidad conyugal en su día fundada. 

Aleteia  | Mar 20, 2018

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