domingo, 4 de marzo de 2018

La Iglesia casa y escuela de oración.

Mons. José M. Arancedo. 
Jesús no niega el comercio, critica utilizar el Templo, lugar de encuentro con Dios y de oración, para una finalidad que no es propia.

Una situación que molestó a Jesús es al ingresar al Templo y ver mercaderes que lo habían convertido en un lugar de comercio y los echa: “Saquen esto de aquí, les dice, y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio” (Jn. 2, 16). Jesucristo nos habla con palabras y gestos. No niega el comercio, lo que critica es utilizar el Templo, lugar de encuentro con Dios y de oración, para una finalidad que no es propia. Los discípulos recordaron en ese momento un salmo referido a él: “El celo por tu Casa me consumirá” (Sal. 69, 10). Esta actitud de Jesús es el fundamento que da sentido al respeto y decoro en las cosas de Dios. No se trata de separar y oponer, sino de distinguir y valorar qué es signo de fe y sabiduría.

El evangelio de este domingo nos ayuda a reflexionar sobre el sentido que tiene la Iglesia, como casa y escuela de oración. Cuando se pierde de vista esta dimensión religiosa el que se empobrece es el mismo hombre, que pierde un lugar de encuentro y un horizonte que hace a su plena realización espiritual y trascendente. Hay una orfandad en el hombre que es la ausencia de una sana y correcta relación con Dios. Recuerdo cuando se decía: ¡qué triste una ciudad donde solo se elevan chimeneas y no torres y campanarios de Iglesias! Con ello se quería expresar, tal vez con cierta nostalgia, la importancia de signos que eleven su mirada a Dios para ser más humanos en las cosas del mundo. Dios no aleja al hombre del mundo sino que lo enriquece moral y espiritualmente para ser más pleno.

 También la Iglesia está llamada a ser una escuela de oración, necesitamos aprender a rezar. La oración es el mejor aprendizaje para el encuentro con Dios. La oración, además, nos introduce en la verdad profunda de lo que somos, en ella, cuando nos dirigimos a Dios, nos descubrimos como criaturas, no somos dioses, pero tampoco alguien sin sentido en este mundo. En la oración adquirimos conciencia de nuestra realidad contingente pero, sobre todo, de nuestra dignidad, libertad y vocación trascendente. Una familia que reza ante sus hijos les da el primer testimonio de la existencia de Dios, y de su verdad como criaturas, esto hace a su verdad. Esto lo vemos muy claro en la catequesis familiar cuando los padres actúan como los primeros catequistas de sus hijos.

 Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

No hay comentarios: