domingo, 8 de abril de 2018

Card. Burke: El Papa no puede ser juzgado. Su corrección debe basarse en las enseñanzas de Cristo (Mt 18, 15-17)

Por Edward Pentin.  
“Ningún mortal habrá de presumir de reprender sus faltas [del Papa], porque el que ha de juzgar todas las cosas no debe ser juzgado por nadie” [Dist. 40 c.6] “a menos de que se le encuentre alejado de la fe”. Decreto de Graciano.

    De acuerdo con el Derecho Canónico el Papa no puede ser juzgado, explicó el Cardenal Burke y dijo que la corrección a un papa tomaría la forma de dos etapas, basado en las enseñanzas de Cristo en Mateo 18, 15-17.

 En un discurso en una conferencia en Roma, el cardenal estadounidense delineó los límites del poder papal y rindió un homenaje al cardenal Joachim Meisner, quien “incansablemente” mostró las enseñanzas de Cristo.
 
La autoridad papal deriva de la obediencia a Cristo.Por Edward Pentin en NC Register.

 El cardenal Raymond Burke ha enfatizado que los papas deben proteger y promover la unidad de la Iglesia, y que si un Romano Pontífice no actúa de conformidad con la Revelación divina, la Sagrada Escritura y la Tradición, “debe ser rechazado por los fieles”.

En una conferencia dada hoy en Roma, el patrón de la Orden de Malta advirtió que cualquier expresión de doctrina o práctica por un Romano Pontífice debe ser un ejercicio auténtico del Ministerio Petrino.

Explicó en un discurso sobre Los límites de la autoridad papal en la doctrina de la Iglesia y que la ‘plenitudo potestatis’ – la plenitud de un Papa – no significa que la autoridad del Papa es “mágica, sino que ésta deriva de su obediencia al Señor”.

El canonista y prefecto emérito de la Signatura Apostólica hizo estos comentarios a la luz de una creciente preocupación de que el Papa Francisco está conduciendo la Iglesia en una dirección totalitaria e incluso sin ley, mas no en continuidad con la enseñanza y tradición de la Iglesia.

 El cardenal, sin embargo, no mencionó específicamente al Santo Padre durante su charla.
 Basándose en las enseñanzas del canónigo Enrique de Segusio[1] (“Hostiensis”), canónigo del siglo XIII, y en los escritos del profesor de inglés John A. Watt, el cardenal estadounidense se centró principalmente en la absoluta potestas (potestad absoluta) del Papa, que dijo, es diferente de aquella definida por Maquiavelo o por dictadores totalitarios en que se usa para “remediar defectos” en leyes existentes que surgen de “incumplimiento” o porque la ley existente era ‘inadecuada para cumplir con circunstancias particulares’”.

Agregó que la “plenitud de poder” no significa tener autoridad por encima del Magisterio de la Iglesia, sino más bien como una “necesidad” de gobernanza “en plena fidelidad”.  Como tal, continuó el Cardenal Burke, solo debe usarse “con gran precaución” y como un poder para “construir, no para destruir”.

     La ‘absoluta potestas’ del Papa, agrega el cardenal, es dada por “Cristo mismo” y puede ser ejercida en obediencia a Cristo. “Un Papa podría prescindir de la ley o interpretarla, dijo, pero solo para que ayude a la ley a cumplir su “propósito apropiado, nunca a subvertirlo”.

   Señaló que todo acto considerado “herético o pecaminoso” por parte de un Papa, o que pudo “favorecer la herejía o el pecado, socavó los cimientos de la sociedad y fue por lo tanto nulo e inválido”.

Se ha entendido bien, explicó el cardenal, que la plenitud de poder otorgada a un Papa no le permitió a éste “actuar contra la fe Apostólica”, sino que se trató de un poder que debía usar “con mesura y con la mayor prudencia”.

Citando a Watt, el cardenal dijo que el ejercicio de la plenitudo potestatis estaba destinada a servir a las almas y la unidad de la Iglesia. “Si el Papa actuara de esta manera sin causa [sin causa] o arbitrariamente, pondría en riesgo su salvación”.

El cardenal Burke, uno de los cuatro cardenales en firmar los dubia pidiendo al Papa que aclare partes de su exhortación apostólica  Amoris Laetitia, hizo una crítica al Papa Francisco a principios de esta semana por “negarse a aclarar” la doctrina y la disciplina de la Iglesia y por “aumentar la confusión” sobre los “asuntos más fundamentales e importantes”. En una entrevista para el diario italiano Nuova Bussola Quotidiana [Ver aquí], el cardenal Burke señaló los informes donde  supuestamente el Papa francisco dijo al ateo italiano Eugenio Scalfari que el infierno no existía. Tales comentarios, dijo el Cardenal Burke, “fueron más allá de lo tolerable” y la respuesta del Vaticano fue “muy inadecuada”.

En su discurso de este sábado, el cardenal Burke explicó cómo pueden ser corregidos los abusos de la potestad de poder. Hostiensis dejó en claro que el Papa debería ser “advertido del error de sus acciones, incluso públicamente” y que el Colegio de Cardenales “debería actuar como un control de facto contra el error papal”. Pero Hostiensis no ofreció un “remedio vinculante”, agregó el cardenal. En cambio, sostuvo que si, de acuerdo con una conciencia bien formada, un miembro de la feligresía cree que un acto papal o el ejercicio de la potestad de poder es “pecaminoso”, entonces, “el Papa debe ser desobedecido por deber, y las consecuencias de esa desobediencia ser sufridas con paciencia cristiana”.

Visto que, de acuerdo con el Derecho Canónico el Papa no puede ser juzgado, el cardenal explicó que la corrección a un papa tomaría la forma de dos etapas, basado en las enseñanzas de Cristo en Mateo 18, 15-17 de cómo hacer una corrección fraternal, y en la tradición canónica. Esto probablemente significaría corregir directamente al Romano Pontífice del “presunto error”, y si él aún seguía errando, hacer una “declaración pública”.

El cardenal Burke se refirió al Canon 212 que, aunque aboga por la obediencia cristiana, también dice que los fieles tienen ‘el derecho y el deber’ de dar a conocer al clero sus preocupaciones sobre el bien de la Iglesia.

También se basó en un simposio celebrado en 1996 por la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) sobre “La Primacía del Sucesor de Pedro”, que hizo hincapié en que el ministerio del Romano Pontífice es un servicio de unidad con cada Iglesia particular, haciéndolo “substancialmente diferente” del gobierno secular. El Romano Pontífice lleva a cabo su oficio como un servicio que es “en obediencia a Cristo”, dice el documento de la CDF, en este sentido, como servus servorum    (sirviente de los sirvientes).

     “El Sucesor de Pedro es la roca que, en contra de la arbitrariedad y la conformidad, garantiza una rigurosa fidelidad a la Palabra de Dios”, dijo el cardenal Burke. “La plenitud de poder del Romano Pontífice se puede entender y ejercer correctamente como obediencia a la gracia de Cristo, Cabeza y Pastor del rebaño en todo momento y en todo lugar”.

      Haciendo referencia a varios cánones, los cardenales dijeron que el Papa debe ejercer su poder “en comunión con toda la Iglesia” y “respetar el depósito de la fe”, pero que él no puede “actuar en contraste con la fe”. Él debe “respetar todos y cada uno de los Sacramentos, no puede suprimir o añadir nada que vaya en contra de la sustancia de los Sacramentos” y finalmente debe compartir con el Colegio de Obispos el ejercicio del “poder pleno y supremo”.

También dijo que es “importante tener en cuenta” que la plenitud de poder del Romano Pontífice “no es meramente honorífica sino sustancial” ya que implica la “responsabilidad universal de salvaguardar la regla de fe (regula fidei) y el Estado de Derecho (Regula iuris)”. También hizo hincapié en que de acuerdo con el derecho canónico, a pesar de que el Papa tiene poder supremo o incluso mayor que un concilio ecuménico, este poder no se ejerce cuando “actúa como persona particular o como simple miembro de la feligresía”.

Reiterando la extensión y el alcance del poder papal – que incluye la capacidad de definir doctrinas y condenar errores, promulgar y revocar leyes, actuar como jueces en todos los asuntos de fe, decretar e imponer sanciones, nombrar y remover pastores si es necesario –  el cardenal dijo que “dado que este poder proviene de Dios mismo, está limitado por la ley natural y la ley divina”.

“Por lo tanto, cualquier expresión de doctrina que no esté de conformidad con la Revelación Divina, contenida en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de la Iglesia, no puede ser un ejercicio auténtico del ministerio Apostólico o Petrino y debe ser rechazada por los fieles”, dijo el Cardenal Burke.

Citó la carta de San Pablo a los Gálatas: “Me maravillo de que tan pronto, abandonando al que os llamó a la gracia de Cristo, os paséis a otro evangelio. No es que haya otro; lo que hay es que algunos os turban y pretenden pervertir el Evangelio de Cristo. Pero aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema”.

 El cardenal Burke concluyó con estas palabras de Graciano en sus Decretos[2], el texto canónico del siglo XII, que establecía:

    “Ningún mortal habrá de presumir de reprender sus faltas [del Papa], porque el que ha de juzgar todas las cosas no debe ser juzgado por nadie” [Dist. 40 c.6] “a menos de que se le encuentre alejado de la fe”.

 [Traducción de Dominus Est. Artículo original]

*permitida su reproducción mencionando a dominusestblog.wordpress.com


Referencias:

[1] Enrique de Segusio, llamado Hostiensis (Susa c. 1200 – Lyon 25 de octubre o 6 de noviembre de 1271) fue canonista y cardenal italiano de la iglesia católica.

No está claro si perteneció a la familia De Bartolomeis en Susa. Se doctoró en ambos Derechos en Bolonia y se ordenó sacerdote antes de 1233. En 1235 fue prior del cabildo catedralicio de Antibes, y en 1244 fue nombrado obispo de Sisteron. Desde 1250 hasta su nombramiento como cardenal fue arzobispo de Embrun en Francia. El papa Urbano IV le nombró el 22 de mayo de 1262 cardenal de Ostia. Desde 1236 estuvo activo como diplomático para Papas como Inocencio IV y reyes como Enrique III de Inglaterra.

El Hostiensis fue uno de los más famosos e importantes canonistas de su tiempo. Compuso diversos trabajos, entre otros, Lectura in Decretales Gregorii IX, Summa super titulis Decretalium (también llamada Summa aurea) y Lectura in Decretales Innocentii IV. Tuvo una especial preocupación por la representación del concepto de Aequitas en el Derecho Canónico.

 [2] El Decreto de Graciano (en latín Decretum Gratiani o Concordia discordantium canonum, también conocido en español como “Concordancia de las discordancias de los cánones”, “Armonía de los cánones discordantes”1 o “Concordia de los cánones discordantes”) es una obra perteneciente al Derecho canónico que, como indica su título, trata de conciliar la totalidad de las normas canónicas existentes desde siglos anteriores, muchas de ellas opuestas entre sí. Su autor fue el monje jurista Graciano2 que lo redactó entre 1140 y 11423 y constituye la primera parte de la colección de seis obras jurídicas canónicas conocida como Corpus Iuris Canonici.

El Decreto de Graciano representa un paso importante para la consolidación del Derecho de la Iglesia Católica en la Alta y Baja Edad Media. La obra, monumental en su extensión, constituye una aportación a la unificación jurídica y se trata, por tanto, del fruto de la actividad doctrinal de un canonista y no de una política legislativa pontificia, camino que venía siendo el más utilizado hasta entonces para tal fin.
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NC Register. 7 de abril de 2018. Dominus Est.

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