martes, 1 de mayo de 2018

¿Qué piensa en realidad un jesuita? Entrevista y a quemarropa y conferencia. P. Horacio Bojorge, SJ (IIda parte)


P. Javier Olivera Ravasi: ¿Dónde cree ud. que radica, esencialmente, la tremenda crisis de vocaciones sacerdotales y religiosas que hoy padece la Iglesia?

Escribí y di cuatro conferencias para unas religiosas a fines de 1981 en el Colegio Máximo a pedido del rector padre Mario Bergoglio. Éste las hizo publicar con un breve prefacio suyo, como libro, en 1982, en el sello editorial jesuita “Diego de Torres”.
El título del libro es “Signos de su Victoria. El carisma de los religiosos a la luz de las Sagradas Escrituras”. En ese libro, retomo la doctrina de los santos padres del desierto a través de Afraates, un padre sirio del siglo (270-345). Ellos ven el origen de los tres votos monásticos de pobreza, castidad y obediencia en un texto del Deuteronomio en el que se habla sobre las condiciones para admitir a los guerreros que pueden o no ser admitidos para ir a la guerra santa. Sólo los libres de apegos a bienes materiales, afectivos o personales pueden ser admitidos. Si lo fuesen, sus miedos por perder los bienes contagiarían a las huestes santas que van a la lucha esperando la victoria sin miedos como prometida por Dios y obrada por Él.

A pesar de que la tradición monástica enseña este fundamento escriturístico, Lutero había ya clamado contra los votos monásticos. Y entre los años 1960 y 1980 teólogos de renombre en el catolicismo, retomando la negación de Lutero, negaban el fundamento escriturístico de los tres votos y de la Consagración religiosa.
Me refiero Karl Rahner, seguido por Victor Codina y Carlos Palmés (jesuitas), Yves Congar y Jean Marie Roger Tillard, dominicos, y Thadée Matura (franciscano).
Estas voces eran bocineadas por las confederaciones de religiosos. Y el entonces rector del Máximo buscaba quien las refutara.
“Signos de su Victoria” se refiere a los signos que Dios en el Antiguo Testamento promete a los guerreros en las guerras santas para asegurarles que está con ellos en favor suyo y entregará en sus manos a sus enemigos. Por ejemplo el doble signo que le da a Gedeón con el rocío y el cuero de corderito. O el que le anuncia al impío rey Ajaz “la Virgen está encinta y dará a luz… y lo llamarán Emmanuel” Dios con nosotros para asegurarnos que Él nos dará Su victoria.

Por eso el signo de los tres votos y la vida consagrada se da en la Iglesia en aquellos que están empeñados en la nueva guerra santa que es guerra contra los nueve pensamientos o vicios capitales, la guerra interior de la caridad sin miedo. Lucha entre el miedo y el amor a Dios. Es decir contra la acedia.
Por ser un signo no puede ser operado por los hombres ni voluntad humana. Por eso el signo acompaña a la Iglesia católica por ser la única Esposa de Cristo que Éste reconoce por tal y adorna con ese signo que significa que la victoria es Suya y que su Esposa sólo pone su confianza en Él y a Él se entrega.

Y así llego a la respuesta a la pregunta. La escasez de vocaciones tiene su motivo en la debilidad de la confianza en Dios y en el olvido de Dios. Y entonces se produce en el Nuevo Testamento lo que se producía en el libro de los Jueces: que el Señor los entregaba en las manos de sus enemigos hasta que despojados de todo se volviesen al Señor pidiendo auxilio. Así el Señor abandona a los católicos que se entregan al mundo y se olvidan de Dios a los pensamientos malignos que los despojan de las riquezas espirituales y al fin también de las otras. Por eso no sale con nosotros en nuestras batallas contra carne, mundo y demonio, porque no hemos mantenido, como pueblo católico, en un porcentaje que al parecer es grande, nuestras renuncias bautismales. Por eso el Señor nos abandona a los pensamientos que nos esclavizan con toda suerte de adicciones que nos quitan la libertad. Y por eso no abundan los guerreros de Dios sacerdotes, religiosos, consagrados. Porque incluso las grandes órdenes religiosas en sus gobiernos tienen su confianza puesta en los medios humanos más que en los divinos.

P. Javier Olivera Ravasi: Ud. se formó en Holanda en plena época de efervescencia conciliar y se ordenó durante el Concilio Vaticano II. ¿Qué recuerdos tiene acerca de esa época de la Iglesia? Pasado ya más de medio siglo ¿dónde cree Ud. que radicó el error principal y, por el contrario, cómo cree que se puede retomar el rumbo?

Sí. Cursé mis estudios de teología en la Facultad San Pedro Canisio, que estaba situada en Maastricht, al sur de Holanda muy cerca de las fronteras con Bélgica. Comencé mis estudios de teología allí en julio de 1962, mi ordenación fue el 31 de julio de 1965, día de San Ignacio de Loyola y terminé mis estudios en julio de 1966. Luego fui a Roma e hice una licenciatura en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico en tres años hasta julio de 1969.
Estuve pues en Europa desde 1962 a 1969 siete años, cuatro en Holanda y tres en Roma. A partir de mi ordenación pasé los veranos supliendo párrocos en parroquias en diversas regiones de Alemania, en la parte católica y en la parte protestante junto al muro y cercos que dividían Alemania en dos.
Entre mis condiscípulos de teología figuraban líderes del reformismo litúrgica preconciliar y postconciliar. Era plena época de secularización y los cardenales de Bélgica, Holanda y Alemania habían encabezado el ala modernizadora durante el Concilio. En teología también se respiraban aires de cambio.

Había entre los estudiantes de teología líderes en la renovación catequística que a su vez eran monitoreados por mis profesores. Tomo esa descripción de un escrito de un jesuita holandés que pinta lo que ocurría mejor de lo que yo puedo recordar y resumir:
“En el año 1956 los obispos habían encargado al Instituto Superior de Catequesis de la Universidad Católica de Nimega hacer una revisión del catecismo de 1949. Una comisión había aconsejado abandonar la forma tradicional del catecismo argumentando que la fe no es algo que se aprende, sino que se vive. En 1964 este Instituto publicó un texto con las directrices para una catequesis renovada en las escuelas.
En este texto viene abandonada la concepción según la cual la revelación divina es la comunicación de verdades sobrenaturales. Al contrario, lo que importa es la historia contemporánea y los problemas del momento actual. Es preciso poner a la vista de los jóvenes el trasfondo de la vida de todos los días para mostrar que la fe puede iluminar la existencia humana.

De estos principios nació una catequesis orientada hacia la sociedad, que se concentró en la experiencia personal del catequista. Se llegó así hasta la teoría de que el fin de la catequesis es despertar en los jóvenes la conciencia de lo que promueve y de lo que agarrota la libertad humana.
La perspectiva de estos teólogos era la de la revelación como historia de la salvación en el sentido de que la salvación es un gebeuren, un acontecer, un acaecer que se realiza en los cristianos. Hasta los años cincuenta había predominado la doctrina de la revelación divina como la comunicación de verdades de parte de Dios, pero bajo la influencia de la escuela de Tubinga, del naciente movimiento litúrgico, de autores como Karl Rahner, Schoonenberg, Schillebeeckx, Renckens y Hulsbosch (Schoonenberg y Renckens fueron profesores míos) y de la catequesis del Institut supérieur de Pastorale Catéchetique de París, la catequesis en Holanda rompió con la concepción de que se debe transmitir a los jóvenes un depósito de verdades inmutables que deben recibir y profesar en obediencia al magisterio de la Iglesia. 

Ahora bien las Grondlijnen (Directrices fundamentales) afirman que la revelación no debe ser concebida como una comunicación aislada y abstracta de un sistema de verdades concernientes a la salvación.
Esas concepciones cuajaron en la redacción del Catecismo Holandés.
La catequesis en Holanda desde los años cincuenta… Estos autores pretenden abrir el camino hacia un libre intercambio con el pensamiento moderno, para el desarrollo de la razón. Ya no es la doctrina de la Iglesia la que está en el centro, sino el creyente que se encuentra en el mundo de hoy. En el curso de los siglos, Dios se reveló en la historia de Israel y en el tiempo de la Nueva Alianza: Dios se revela fragmentariamente en las andanzas y peripecias de los hombres. Dios no comunica verdades aisladas, sino a sí mismo”[1].

Quien conozca la encíclica Pascendi de San Pio X reconocerá en este programa catequístico los principios de la herejía modernista que se aparta de la revelación histórica y de su trasmisión por el magisterio. Rompiendo con el pasado afirma que la revelación de Dios se va dando en la experiencia y en la vida.

El catecismo holandés fue sometido a correcciones desde la Santa Sede. Juan Pablo II convocó a los obispos holandeses a Roma a un sínodo especial. La Iglesia Holandesa era como una nave llevada a la deriva y se alejaba de la fe católica. Leo Elders describe esa deriva que sería largo describir, pero concluye: desde luego, el extremo subjetivismo del hombre occidental contemporáneo, su afán de una libertad ilimitada, su deseo de una autonomía total y su propensión a mirar muy por encima todo lo que viene del pasado, su desinterés creciente por lo espiritual y por las virtudes hacen hoy muy difícil la transmisión del mensaje de Cristo.

Los cambios introducidos por los autores holandeses han dejado un campo de ruinas y, juzgando según los frutos, es evidente que se equivocaron de dirección en los años ’60, estallando en los años 80 cosa que Juan Pablo II intentó contener eso que se estaba gestando en las entrañas de un volcán.
Mis compañeros me decían que ellos se sentían más cercanos a los calvinistas que al “catolicismo romano”.

Pero dice el refrán que “lo que no mata fortifica”. Todo eso fue para mí una experiencia de Iglesia en sus situaciones tan diversas en distintas naciones y regiones europeas. Aunque participé de todo eso sin capacidad intelectual suficiente para diagnosticar el mal, fui preservado. Y la experiencia vivida me sirvió luego para ser preservado de esos engañosos deslizamientos doctrinales, litúrgicos, exegéticos, hermenéuticos y catequísticos. Me proporcionaron una formación “a contrario” mostrándome los amargos frutos de lo “que no debe ser”.
Yo asistí a los momentos en que se ponían los andamios para construir sobre lo demolido o en demolición. Hoy se han retirado los andamios porque ya se ha construido otro edificio y no se lo puede comparar con lo anterior.

P. Javier Olivera Ravasi: Oración mental, oración vocal, retiro ignaciano, retiro de conversión, retiro de silencio, santo Rosario, ayunos, jaculatorias, novenas, etc…; hay mil modos de rezar: ¿Cómo debe un católico elegir cuál es el modo que Dios quiere para poder elevar su alma a Él? ¿O acaso es mejor seguir todos un mismo método uniformante para alcanzar la santidad?

La oración consiste en actos de fe, esperanza y caridad. Es decir que todo acto de fe esperanza y caridad, todo acto de relación con Dios, Padre, Hijo y/o Espíritu Santo es un acto de oración. Porque las virtudes teologales son capacidades del alma para tratar con Dios. Si esas capacidades no se ejercitan, como pasa con los músculos que no ejercitamos, languidecen y la relación con Dios no se fortalece.
Por lo tanto hay que hacer actos de fe, no sólo recitando el Credo y sosteniendo los artículos de la fe, sino comportándonos de acuerdo a nuestra fe. Hay que hacer actos de amor a Dios. No sólo vocales sino vitales, existenciales. Y hay que hacer actos de esperanza, deseando la intimidad con las tres divinas personas, conocerlas, tratarlas, y vivir para siempre con ellas en la eternidad. La esperanza está en la voluntad y consiste en el deseo de conocer y gozar de la intimidad de las divinas personas.
El lugar privilegiado para ello es el culto eucarístico, la Santa Misa bien celebrada y bien vivida.

La oración es “trato de amistad con quien sabemos que nos ama”. Así la define santa Teresa de Ávila. Pero no se entabla amistad con Dios de un día para el otro, ni se nace en estado de amistad, a pesar de ser capaz de ella por gracia del bautismo. Y eso, ya estar capacitado para entrar en amistad con Dios, diría que es la mitad de todo.
Todos esos modos de orar son buenos a sus tiempos y para el fin de sumergirse en la relación personal con Dios, de modo que Dios pase a ser un Tú, el Tú principal. Con ese Tú principal el entendimiento es a veces sin palabras. Como digo en la Parábola del Perro con lo que termino:

Cuando quise saber cómo hay que orar,
recurrí en vano a libros y teorías.
Miré a mi perro. Y éste –sin hablar-
me enseñó, con su ejemplo, lo que haría
si Dios fuera mi dueño y yo, su can.
Y todo quedó claro como el día.
¡Cuánto nos pueden enseñar los canes,
con su llano, modesto, humilde ejemplo,
con sinceras posturas y ademanes
a adorar al Señor sin fingimientos;
a acudir a rogarle que nos sane
y a volcar ante Él los sentimientos!
Lo primero es que un perro,
no menea su cola
ante un concepto ni una idea.
Venera a un dueño real. Que, o bien lo mima
o, si se cuadra, se enoja y lo patea.
Jamás confunde lo que se imagina
con lo que está presente y se olfatea.
¿Y saben lo que me hace pensar eso?
Que hay gente que no reza, o reza mal,
porque toma por Dios al propio seso.
Y extraviada en sus modos de pensar
le pierde el rastro a la Presencia real
de Dios, que está en Jesús en carne y hueso.
El punto es capital, por eso insisto.
El Dios vivo, el Dios real –no imaginado-
el Dios tal como Él es y se ha mostrado
y está presente hoy, es Jesucristo
en su existencia de resucitado.
Si Jesucristo es Dios, Dios en persona
y quiero ser su fiel –fiel como un perro-
el perro nuevamente me alecciona
y me permite examinar si yerro.
El perro de Jesús –si es que lo tuvo-
viéndolo muerto en cruz, ¿qué es lo que haría?
¿Verdad que allí, a sus pies, se tiraría
a morirse de pena? ¡No lo dudo!
¿Y yo?… Cuando contemplo el crucifijo…
¿Siento en mí más dolor, siento más pena?
¿Es tanta la aflicción con que me aflijo?
¿O estoy ante la Cruz como una hiena,
sin piedad, sin dolor, sin compromiso…?
Si su muerte -¡por mí!- me deja frío,
¡el proceder del perro me condena![2]



[1] Theo Elders S.J. en: http://dadun.unav.edu/bitstream/10171/10458/1/26-17.%20AHIg%20XVII%202008-27.pdf
[2] http://www.horaciobojorge.org/parabolaperro.html


Abril 29 de 2018. Que no te la cuenten.

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