domingo, 6 de mayo de 2018

Ustedes son mis amigos

Mons. José M. Arancedo.
    En este 6° domingo de Pascua Jesucristo nos abre la intimidad de su corazón y nos llama amigos: “Ustedes son mis amigos…nos dice, yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre” (Jn. 15, 15).
Podríamos decir que Jesucristo achica la relación del hombre con Dios, instaura un nuevo modo de relacionarnos con él. Jesucristo ha sido enviado para revelarnos la cercanía de Dios. Este es uno de los misterios centrales de la fe cristiana, Dios se ha hecho hombre, se ha encarnado, ha asumido la condición humana para salvarla. Esto, sin embargo, no lo hace sin contar con nosotros. Dios se ha hecho hombre en Jesucristo, para que el hombre encuentre en él el sentido de su vida. El Concilio Vaticano II nos dice: “el misterio del hombre solo se ilumina a la luz de Jesucristo”.

Este camino de amistad con Jesucristo tiene una certeza y uno pasos que debemos estar dispuestos a transitar, no es algo mágico. La certeza es que él nos amó primero, es decir, hay algo que pone primero Dios: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes” (Jn. 15, 16). Es importante, sabernos amados y elegidos, ¿quiénes?, todos. Puede haber una elección para una misión especial, por ejemplo los apóstoles, pero en el ofrecimiento de esta amistad, todos estamos incluidos. Cuando no partimos de esta verdad de nuestra condición de criaturas, corremos el peligro de crear un dios a nuestra medida a quien, luego, pensamos que le obedecemos. El mejor camino para escucharlo a Dios es escucharlo a Jesucristo: “porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre”.

 A esta primera certeza le deben seguir otros pasos. Les hablaría del discipulado, es decir, de una relación que se inicia en la escucha y va creando el clima necesario para ir creciendo en la amistad con el Señor. Si falta este proceso el encuentro puede ser pasajero, no tener profundidad. Hay una cultura del presente que nos puede aislar de un camino a seguir, que solo crea relaciones fugaces. El discipulado, en cambio, va profundizando la relación con el Señor, nos dispone a un camino que va echando raíces y tiene un futuro cierto. En este contexto, podremos escuchar y comprender lo que les termina diciendo: “yo los elegí….y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero” (Jn. 15, 16). El discipulado concluye en una misión que da sentido a la vida.

 Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Administrador Apostólico de Santa Fe de la Vera Cruz

No hay comentarios: