sábado, 23 de junio de 2018

9 consejos que serán buenos para tu familia para «no hacer el primo» con tus suegros


Los suegros a veces se entrometen en el matrimonio... y pueden pasar más cosas complicadas.

La interesante Revista Misión (que se envía gratuitamente a los hogares de España, pidiéndola aquí) dedica en su último número su reportaje principal a la relación de los matrimonios con sus suegros.

La psicóloga familiar María José Marcilla, del Centro de Orientación Familiar de Dos Hermanas, en Sevilla, explica que entre las causas más comunes de los conflictos con la familia política están:

- las excesivas injerencias de la familia de origen –incluso cuando son bienintencionadas–,
- la ausencia de límites claros,
- unas dependencias materiales o emocionales mal canalizadas,
- la frialdad en el trato,
- los desplantes mal cicatrizados,
- el hartazgo acumulado
- y la falta de comunicación.

La doctora Teresa Barrera, psicóloga familiar del gabinete del Doctor Chiclana, advierte de que “muchas veces pensamos que llegamos al matrimonio y está todo hecho, y que será fácil construir una nueva familia dejando atrás nuestra familia de origen. Sin embargo, este cambio implica un proceso de ‘duelo de la salida’ para todos, que no siempre es fácil. Y más si no caemos en la cuenta de que las dos familias de origen son igual de importantes, pues forman parte de nuestra historia, son la raíz de la persona que más queremos y serán relevantes para nuestros hijos”.


Ambas psicólogas ofrecen 9 consejos prácticos para tener una buena relación con la familia política:

1.Las dos por igual.

Valora a las dos familias de origen por igual: las dos son igual de importantes porque son las raíces de la persona a la que queremos.

2. Proyecto claro.
Cada núcleo familiar tiene sus propios valores, prioridades, estilos de comunicarse y de educar, modos de expresar el afecto… Si lo hablamos como matrimonio y sabemos hacia dónde queremos dirigir nuestra familia, vamos a relacionarnos con las otras familias sin verlas como una amenaza.

3. Juntos, pero no revueltos.

Poner límites es necesario para relacionarnos de forma sana, pero no deben ser improvisados, sino acordados por el matrimonio, y expresados cada uno con su familia de origen.

4- Evita comparaciones.

No critiques ni insultes a tu familia política, y menos delante de tu cónyuge. Evita las comparaciones: somos diferentes, no mejores ni peores.


5. No rompas los puentes.

Si es necesario, aumenta la distancia, pero nunca faltes al respeto ni rompas la relación con la familia política.

6. Valora y disfruta.

Valora a cada miembro de tu familia extensa en lo que tiene de bueno. No dediques tiempo a la familia política “por obligación”, sino para disfrutar; y elige cómo hacerlo: si queréis ir todos los domingos a comer, que sea por una elección personal, libre y que os deje a todos buen sabor de boca.

7. No acapares.

Comprende que tu cónyuge quiere a sus padres y demás familia porque son de quienes recibió el cariño que ahora sabe dar. Aprende a ser generoso y no quieras acaparar el cariño y el amor de tu pareja o de tus hijos.


8. Perdona y pide perdón.

Los conflictos pueden llegar, pero hablarlos para solucionarlos, pedir perdón y perdonar incluso cuando no nos pidan perdón, es un triunfo mayor que estancarse en el rencor.

9. Ni tú ni tus parientes sois perfectos.

La familia es un regalo para nosotros y nuestros hijos, son los cimientos de nuestra vida, así que aunque las relaciones no sean como nos gustaría, la familia es importante y hay que dedicar tiempo a escuchar, cuidar, aceptar, perdonar y disfrutar. No son perfectos, pero nosotros tampoco, gracias a Dios.

(Se puede leer el artículo completo y muchos otros de interés aquí en Revista Misión: www.revistamision.com )

ReL 23 junio 2018

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